alhassam
Sep 10, 2008, 9:30 PM
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LAS DECEPCIONES DE COLOMBIA En estos tiempos se percibe un olor a melancolía, un aroma a pesimismo y negligencia que en ocasiones nos encierra en un ambiente de mera estupidez. Este ambiente lo proporciona el equipo colombiano de fútbol, que de manera descarada demuestra sus malévolas intenciones de faltarle a su afición. Desde que habito en Colombia, tengo una extraña sensación de cargar con el mundo a cuestas. Se siente la apatía de los maniquíes que cada vez que aparecen en el campo de juego demuestran un juego mediocre y poco profesional, y a la vez, se percibe la tristeza de la hinchada, que no le queda de otra que ir de bar en bar para ahogar sus más hondas penas. Ello provoca un inmenso malestar que se agrava por las reiterativas fallas y despropósitos de los títeres disfrazados con camisa amarilla y pantalón azul, quienes forjan partido tras partido, todo un circo y un show patético de estúpidos intentos de malabarismo con el balón. Se presume posiblemente que estos personajes ganarían más haciéndole compañía a los hermanos Gasca. Resulta, pues, aburridor ver los pobres movimientos de los muñecos, quienes corren inútilmente en cada cancha de fútbol que visitan para cada presentación. Los resultados, bochornosos. Totalmente bochornosos, pues, en todo lo que va corrido de este año, no han logrado ganar ningún encuentro. ¿Será que porque le ganaron un solo partido a Argentina en el pasado mes de Noviembre de 2007, ya creyeron que con eso alcanzaron la gloria total? No resulta incoherente dar por sentado que ese triunfo fue más producto de un pinochazo, de una casualidad, que de un posible talento ó profesionalismo de estos pobres payasos. Tampoco resulta incoherente suponer que cada vez que algún equipo sabe que va a enfrentarse con Colombia, se llenan de emoción y de júbilo porque saben que tienen una oportunidad de oro en sus manos para ascender más en la tabla de posiciones. El técnico colombiano, Jorge Luis Pinto, sólo le enseña a sus muchachos a correr y a saltar de un lado a otro como simples matachines, como si de eso se tratara el verdadero fútbol. Como yo mismo lo oí en una propaganda de la Maratón de Bogotá: "Los campeones siempre están entrenando, por eso siempre ganan". Para que un equipo merezca ser verdadero campeón, debe practicar todos los días, sol tras sol, sin descanso, ensayando otros aspectos como puntería, precisión, aciertos al arco desde grandes distancias, coordinación y entendimiento verdadero entre todos los jugadores de modo que no haya ninguna desconexión entre ellos, y pueda el equipo comportarse como una verdadera orquesta y una verdadera máquina de hacer goles. Creo que si esto lo entendiera el Técnico, podría ofrecerle a la afición otra cosa que no sea disgustos, malestares y sufrimientos. En el fútbol no se vale buenos sentimientos, buenas intenciones, buen corazón. En el fútbol se necesita experiencia, buena preparación física y mental, precisión, puntería, acción, y un poco de optimismo, no dejar que el contrario tome las cartas sobre el asunto. Y eso sólo se consigue entrenando duramente todos los días sin lugar a treguas. Bajo estos aspectos, Colombia es terrible, y su equipo de fútbol su más doliente expresión, tanto que hasta pierde en ello todas sus características de un equipo futbolístico serio y comprometido con su patria.
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