Da gracias a Dios que te culturizamos mapocho de la reconchadetuputamadre juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Estamos rodeados de mierda.
mierda al norte mierda al sur
La influencia de la conquista peruana se hizo sentir en otro orden de hechos. No sólo se experimentó un mejoramiento en las costumbres bajo la acción de una raza más adelantada, como vamos a verlo enseguida, sino que se inocularon en las tribus conquistadas nociones que revelan cierto desarrollo intelectual. Todo nos hace creer que los indios chilenos se hallaban antes de la conquista peruana en un estado de barbarie semejante al de muchos otros salvajes de América. Su sistema de numeración no pasaba de diez, los diez dedos de la mano, para lo cual tenían voces perfectamente distintas; pero la idea de una numeración superior y, sobre todo, la de las combinaciones de los múltiplos de diez, que a nosotros nos parece tan sencilla, supone un espíritu de abstracción mental, que no se descubre en los idiomas de los verdaderos salvajes. Los indios chilenos aprendieron de sus conquistadores el arte de vencer esta dificultad, y construyeron los numerales siguientes adoptando absolutamente la forma gramatical usada en la lengua quechua. Diez y dos
(mari epu, en chileno) pasó a ser doce, diez y cuatro
(mari meli) catorce. Lo mismo hicieron con los múltiples de diez, formándolos exactamente como los peruanos: así dos dieces (
epu mari, en chileno) pasó a significar veinte, y cuatro dieces (
meli mari) cuarenta. Pero esta influencia de una civilización superior, es más evidente todavía en otros términos de la numeración. Así, las palabras
pataca (ciento) y
huaranca (mil) que se hallan en el vocabulario chino, son absolutamente quechuas
(73). Merced a esta influencia extranjera, y a la adopción de un sistema tan lógico como sencillo, el idioma chileno pudo expresar claramente todas las cantidades.
La acción civilizadora de la Conquista no fue igual en todo el territorio. Fue más intensa en la región en que ésta tuvo más larga duración, y en que por esto mismo pudo desarrollarse más profundamente. En el norte de Chile, desde el valle de Copiapó hasta un poco al sur del sitio en que hoy se levanta Santiago, la dominación extranjera se cimentó de una manera más estable. Dos curacas, o jefes de distrito, designados por el gobierno del Cuzco, y establecidos el uno en Coquimbo y el otro en el valle de Aconcagua, o probablemente en el valle del Mapocho, representaban la autoridad imperial, y estaban encargados de recoger los tributos que los indios de Chile debían pagar al Inca
(74). Según el sistema político de los incas, y como se expresa en alguno de los antiguos historiadores, en esta región fue removida una parte de la población viril. Conserváronse en sus propios hogares los jefes de tribu, pero un número considerable de los habitantes de este país fue incorporado al ejército conquistador, sacado del territorio y reemplazado por gentes del Inca, que contribuían a consolidar la nueva dominación. [64]
De esta manera, las instituciones imperiales se ejercían más fácilmente, y la industria extranjera pudo implantarse con más rapidez. Desaparecieron o se modificaron las costumbres bárbaras, y cesaron casi por completo las guerras entre las diversas tribus. Los conquistadores europeos no hallaron en esta región el canibalismo que subsistía en el sur de Chile. Habíanse formado en muchos puntos agrupaciones de familias en forma de aldeas en que las habitaciones eran más cómodas y espaciosas que las que hasta entonces se habían conocido. En ninguna parte, sin embargo, se levantaron construcciones de importancia, grandes templos, palacios o verdaderas fortalezas, pero se hicieron caminos, tambos o posadas para los viajeros, y se mantuvieron las comunicaciones constantes con la capital del Imperio. El idioma quechua se generalizó también y, aun, dio nombres a muchos lugares. Así, cuando llegaron a este país los conquistadores europeos, les fue fácil hacerse entender de los naturales por medio de los intérpretes que traían del Perú. Casi bajo todos los aspectos, esta región de Chile había llegado a ser la prolongación natural del imperio de los incas. Las condiciones físicas del territorio, el aislamiento en que tenían que vivir las tribus de la antigua población, separadas entre sí por las anchas fajas de terreno sin cultivo que mediaban entre los valles de esa región, la escasez relativa de la población indígena y la permutación de una parte considerable de ésta por gente de la raza conquistadora, según el sistema colonial de los incas, habían favorecido esta revolución en la industria y en las costumbres
(75).
Pero, más al sur todavía, la dominación extranjera no pudo hacer sentir su influencia tan decisivamente. Desde luego, ella no duró tanto tiempo como en el norte de Chile, donde alcanzó a contar aproximadamente un siglo entero. La población indígena de esta región, por otra parte, más numerosa y compacta, resistió, como hemos dicho, la traslación de una parte de sus habitantes, y opuso, por esto mismo, un número mayor de energías y de voluntades a las modificaciones que la Conquista quería introducir. A pesar de esto, la antigua barbarie se modificó ligeramente, y aquella débil luz de civilización penetró poco a poco a los lugares hasta donde no llegaron los conquistadores. Así, pues, las costumbres que los europeos hallaron entre los salvajes de Chile a mediados del siglo XVI, y que vamos a describir en las páginas siguientes, no pueden ser tomadas estricta y rigurosamente como la expresión del antiguo estado social del país.