follaecuachos
Jul 22, 2008, 11:32 AM
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¿Qué ven y sienten los turistas que pasan por el país? Algo queda claro: para ellos, el Perú es un sancochado de emociones, recuerdos y alegrías. También, cómo no, Lima es un caos Yo también me llamo Perú Crónica ESTAMPAS EXTRANJERAS Por Alberto Villar Campos "I come for olas", dice el hawaiano Brent Mither, una hora antes de volar hacia California. Estamos en el aeropuerto Jorge Chávez, son casi las 11 a.m. y él ha llegado hace poco de Huanchaco, la playa donde pasó las últimas cinco semanas surfeando con amigos a los que visita por cuarta vez desde 1999. Tiene 44 años, un hijo, el cabello corto y rubio. Es profesor en una escuela para niños autistas en Maui y vive en una casa rodante a la que, con pavorosa ingenuidad, llama su combi. Ha estado en Indonesia, Nicaragua, Costa Rica y México. Lima, para él, es lo que para muchos otros extranjeros que pisan nuestra tierra: una suerte de puente invisible entre su país y el destino que le importa del nuestro. "I don't like grande city", confiesa. Aunque la primera vez que estuvo aquí conoció Machu Picchu, lo suyo es el mar, el puerto Malabrigo y su ola más larga y famosa del mundo. Lo supo apenas pisó Trujillo. "Hawái puede ser donde se inició el surf --dice--, pero, ¿has visto los caballitos de totora?". Si algo sorprende de Brent es su capacidad para conmoverse con las cosas más simples. Por ejemplo, comer lomo saltado y ver el atardecer trujillano subido en esas extrañas embarcaciones. Hace un año, en Hawái, corrió olas con Sofía Mulanovich. Y ahora cuenta, feliz, que, antes de volver a Lima, le regaló su tabla a un buen amigo de Huanchaco. En recuerdo de una visita que le cuesta describir --y probablemente olvidar--, Brent se saca la casaca y muestra una inconfundible camiseta amarilla. Así es como quiere que se lo recuerde. POR UN PERÚ PROFUNDO Lo que más le apasiona a la argentina Cristina Damborenea es la biología. Es la segunda vez que viene al país y la primera imagen que tiene de la ciudad es un aeropuerto totalmente distinto al que vio en el 2002. "Estuve en Iquitos --recuerda--, también por trabajo. Y pude conocer a la gente de la selva muy bien. Fue una experiencia muy linda". ¿Por qué? "A diferencia del turista --contesta--, mi profesión me permite estar más en contacto con lo cotidiano de un lugar, no solo el exterior, lo que está allí para verse". Cristina estará solo un día en Lima antes de viajar hacia Breu (Ucayali) para realizar estudios de zoología por un mes. "La Amazonía de Perú es muy rica, tiene una gran diversidad de especies. Gente como yo presta mucha atención a lugares como este", dice. A diferencia del resto, Cristina puede darse el lujo de explorar el país de otra forma. Ahora tiene un mes para profundizar más en nuestro pasado, pero desde ya asegura que se trata de un lugar inigualable. No hace falta creerle. VOLAR POR LA CIUDAD Los estadounidenses, Elizabeth (23) y Michael Dorsi (24) se casaron en mayo, pero ya meses atrás lo habían decidido: nuestro país sería el lugar donde disfrutarían su luna de miel. Para la joven estudiante de leyes, esta es su segunda vez en el Perú. Ahora, juntos, han recorrido Puno, Arequipa, Nasca, Ica y Cusco. Estamos en el malecón de Miraflores, junto al puente Villena, y ella acaba de descender de su primer vuelo en parapente, esa suerte de fallido intento de suicidio indescriptiblemente placentero. Le preguntamos qué sintió al estar tan cerca de morir en un país que no es el suyo. Elizabeth sonríe. "Fue muy pacífico: ves a la gente en la ciudad moverse muy rápido y, paradójicamente, tú estás sobre todo eso". Poco después, la mujer ve a su marido caer del cielo. Es un día soleado de invierno y ambos, con los pies bien puestos sobre la tierra, confiesan sentirse más felices y libres que nunca en esta capital que, paradójicamente, parece por estos días algo así como una cárcel. Claro: una ciudad no hace un país. "En nuestro viaje, vimos que la gente aún está orgullosa de su historia y se da el lujo de celebrarla", revela Elizabeth, y Michael la secunda: "Vimos gente pobre, pero ellos siempre parecen buscar la forma de hacer que las cosas marchen. A veces pienso que a los de Estados Unidos nos sobran muchas cosas y no hallamos algo que nos satisfaga. Ustedes sí pueden hacerlo". LA CAPITAL Y EL CAOS Sin embargo, no todo puede ser una maravilla. Confundido entre una veintena de turistas, Roar Carlsen, noruego, esquiva como puede las ramas de los árboles que vuelan sobre su cabeza en el segundo piso del Mirabús. Nos dirigimos al Centro de Lima y él no sabe lo que le espera. Aunque tal vez sí: los carteles de desvíos por obras en la avenida Arequipa son tan chillones como el ruido de la maquinaria que parte la pista en dos. "Es una experiencia extraña y excitante: a pesar del caos, tu sociedad parece moverse", comenta. Roar se quedará en el país 21 días junto con su familia y lo principal en su travesía será visitar Cusco, esa maravilla que hoy, más que nunca, despierta el interés del mundo entero. "Pensé que al llegar a la capital, veríamos indios por todos lados, pero solo he visto uno tocando la guitarra en el día y medio que llevo aquí", afirma.
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