dioshomosexual
Oct 13, 2008, 11:21 AM
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Los neoliberales jamás aceptarán que los trabajadores generan el valor de los bienes, como enseñaba Marx, pero bien que se servirán de ellos, como siempre, para intentar salir del atolladero. Seis jinetes apocalípticos de la crisis gringa Primero. Que un banco emblemático —Citigroup, Bank of America— empiece a enviar señales del tipo “busco un comprador”. En ese momento terminaría la hegemonía financiera estadunidense en el mundo, ya de por sí vapuleada, y todo el sistema financiero global entraría en un terreno desconocido. La probabilidad de que este escenario ocurra ya nadie puede garantizar que sea baja. Segundo. Que el crédito se detenga. Ante la desconfianza generalizada entre los bancos del sistema, es altamente probable que no se quieran prestar entre ellos, lo que pondría en serios problemas el flujo de dinero hacia industrias, comercios, pequeños empresarios, consumidores e instituciones financieras del exterior. Tercero. Que toda la comunidad inversora se vuelque hacia las inversiones “seguras” como los bonos del Tesoro. Si ello ocurre de forma masiva, los papeles de deuda abaratarán en extremo su rendimiento, lo que podría incluso llevarlos a valuaciones por debajo se su face value. No habría inversión financiera segura en Estados Unidos y los inversionistas trabajarían en despoblado. Cuarto. Que los fondos de inversión más líquidos empiecen a dejar sus posiciones en bonos del Tesoro y bonos corporativos y quieran retirar su efectivo. En esta situación pueden estar los fondos soberanos que han inyectado miles de millones de dólares y que podrían empezar a demandar su dinero para invertirlo en euros, yenes o libras. Sería el inicio de una corrida corporativo financiera. Quinto. Que miles de estadunidenses toquen la puerta de su banco para pedir que le regresen su dinero. De ocurrir eso, el gobierno de George W. Bush se vería obligado a institucionalizar un corralito para evitar la fuga masiva de depósitos y el desmoronamiento absoluto del sistema financiero estadunidense. Sería una medida sumamente antipopular, a unas semanas de las elecciones. Sexto. Que la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) —la entidad que garantiza los depósitos de los ahorradores, equivalente al IPAB mexicano— declare que no puede reintegrar los depósitos de los estadunidenses. Estas apocalípticas posibilidades estaban fuera de consideración. Hasta ayer, que 228 legisladores les abrieron la puerta. Iñaqui Ansuategui Gorraiz invite@metroflog.com Crisis del capitalismo mundial Ante la debacle que ha ocasionado la elite imperialista yanqui, que son los amos del globo y el poder tras el poder en la Casa Blanca, el consorcio energético y el industrial militar, con la economía del mundo; no queda otra cosa sino volver a Keynes, volver al “nuevo ideal” de Roosvelt; pero parece un poco difícil que esa elite que tiene todo el poder militar jamás visto y de paso es violenta se vaya a quedar con los brazos cruzados viendo como “su” sistema económico se cae a pedazos y acepte sumisamente que el neoliberalismo no sirve para nada. Por eso vamos a hacer un ejercicio mental explayando varios escenarios probables que puedan pasar este mismo año o el próximo en nuestro planeta, ante la peor crisis del capitalismo en toda su historia, no indicando esto que llego a su fin, a menos que los pueblos y los trabajadores del mundo lo entierran. ESCENARIO SOÑADO: Empezaremos por el escenario soñado o el mas idealista, en otras palabras el menos probable, aquel que no es de este mundo y mucho menos de las elites norteamericanas aun con palomas o halcones en la Casa Blanca; y es que esta crisis económica mundial dado que sus consecuencias son globales, la regente la ONU, con un plan Keynesiano global en condiciones de igualdad, pero esto es mucho camisón para Petra y además la ONU, no es un órgano independiente sino que también es un apéndice Yanqui, por ende, este escenario, aunque debe invocarse, esta descartado por irreal. ESCENARIO CHINO: Quedan con posibilidades de ser reales los escenarios de choques y el primero seria “el Chino”; dentro de este escenario estaría que China rompiese con USA (Mas que todo con la moneda Dollar) y conjuntamente con otras potencias como Rusia, India, Irán, Sur África y Sur América (Europa queda descartada por su incondicionalidad a USA), conformen un bloque aklterno de poder. Este escenario Chino, tiene muchas variantes porque USA no esta de brazos cruzados, ya, a sabiendas que los amarillos los tienen agarrados por el cuello dado que están repletos de Dollares Norte Americanos y que tienen la capacidad suficiente para timonear la economía planetaria, los están presionando para que cedan, entre ellos le quieren sabotear los juegos olímpicos creándole una guerra civil interna por intermedio de la secesión del Tibet, y para ello utilizan como arma de guerra la “espiritualidad” del Dalai Lama y a la par exacerban el nacionalismo Tibetano y replantean la violación de los derechos humanos en China como en la época del Tienamen. Pero esto son solomante la mostrada de los dientes del perro, porque USA tiene como dañar directamente la economía China que depende en un 90% de su tecnología, aunque los Asiáticos han sido audaces y ya han patentado toda esa tecnología gringa como “China”, por ello este escenario Chino seria el que mas le convendría a los pueblos del mundo porque formaría un bloque económico mundial alterno al Gringo y Europeo sustentado en relaciones de reciprocidad y no de imposición y rapiñaje y se seguiría con la tecnología gringa en la palestra, mejorándola y ampliándola, por supuesto. ESCENARIO NUESTROAMERICANO: Viene un segundo escenario de choque, menos global y mas continental y es que los Sur Americanos con Brasil y Argentina, conformemos un bloque unido como protección a la crisis gringa, pero aquí tampoco las cosas son color de rosas puesto que USA tiene una cabeza de playa en el mediodía americano y es Colombia, el cual empezaría a actuar con una labor de zapa. Este escenario Suramericano pasa por consolidar y ampliar a MERCOSUR, conformar unas fuerzas armadas de autodefensas al imperio y echar las bases para la Unión de Republicas Socialistas de América del Sur con moneda y nacionalidad única. VENEZUELA SOLA: Luego viene un escenario tercero, que seria el menos deseado y mas doloroso, pero el más probable, y es que USA, ante la crisis implemente una economía de guerra y ataque a Irán y como consecuencia de este ataque, los Islámicos cierran el golfo Pérsico, esto provocaría una crisis de escasez energética que justificaría una invasión yanqui a Venezuela y se apodere del petróleo de la Orinóquia; con este “lomito” en sus manos, el Imperio Yanqui tendría unos cuantos billones de Dollares como capear la crisis interna y se podría quedar quieto por un rato. Este escenarios al cual llamaremos “Venezuela Sola”, para el que debemos prepararnos como si fuese ayer, no esta siendo tomado en cuenta ni económica ni políticamente por la sala situacional de Miraflores; y es que tenemos como jefe de las finanzas publicas a un miembro de la derecha endógena pensando mas en ser candidato a gobernador por Aragua que en las cosas serias del país y del mundo. EN VENEZUELA QUE DEBEMOS HACER La derecha endógena que dirige la llamada V Republica, esta viendo la crisis económica Norteamericana muy deportivamente, como si esta fuera en Marte o Júpiter, no dándose cuenta que todas nuestras reservas y en especial nuestra economía gira en torno al Dollar. El responsable de las finanzas es un bisoño de formación neoliberal que ni siquiera se le pasa por la cabeza que el sistema capitalista, el cual es en lo único que cree, pueda colapsar y explotar. Esta crisis es global y es del capitalismo mundial, en cuya orbita gira Venezuela y estando la mayoría de nuestras reservas en Dollares y no implementándose planes de contingencia para la producción de alimentos y bienes y el reclutamiento forzoso general ante el peligro inminente de una invasión yanqui, como única forma que le queda a USA para palear su debacle económica (La salida militar), como también seria la invasión a Irán y profundizar el plan Colombia, que incluye México, que tiene un plan gemelo, y las amenazas y agresiones a Rusia y China. En Venezuela como única salida a la crisis capitalista global se debe buscar que funcione el escenario Chino, arriba descrito, o en su defecto el Nuestroamericano, también descrito, pero fundamentalmente prepararnos para el escenario de “Venezuela sola”, tomando las siguientes medidas urgentes. 1.- Desdolarizar la economía Venezolana; ya aquí no se trataría de llevarla a Euro, puesto que Europa no es un “aliado confiable” y menos cuando se trata de combatir al imperio gringo y este crisis global los toca a ellos también. Se debe reconvertir todas nuestras reservas internacionales en oro, platino u otro bien valorable y crear mecanismos de intercambio interno, puede ser un sistema de trueque nacional o monedas regionales o locales. 2.- Economía de Guerra, la cual debe incluir dos aspectos; el militar propiamente dicho que incluye un reclutamiento forzoso nacional y la implementación de un plan de emergencia nacional preventiva de guerra de IV generación, con fines de repeler una invasión imperial que ahora se hace inminente; y el otro aspecto, seria el económico; que incluya un plan de producción nacional, a fin de que auto-abastecernos tanto alimentaría como de aquellos bienes esenciales para que nuestro parque industrial funcione, aun en condiciones de invasión por la superpotencia gringa. 3.- El plan de emergencia debe incluir, no solo en construir la infraestructura suficiente para el auto-abastecimiento agrícola como industrial sino que se debe intervenir la educación, en todos sus niveles y modalidades, a fin de que esta este al servicio del plan de emergencia nacional y la escuela, el liceo y la universidad sirvan para el desarrollo y la producción nacional, de lo contrario pierden su razón de ser. Esto por supuesto incluye cambiar todo el pensum educativo y militarizar la educación para la autodefensa del yanqui invasor y felón. 4.- Venezuela debe llamar a una convención, en primera instancia sur-americana, y si se puede y es funcional, Latino-Americana, para tratar el problema de la crisis global del capitalismo imperialista yanqui y la forma de tratarlo, a fin de que nos cause menos daño o de cómo formar un cordón sanitario protector para que esa peste, provocada por el imperio, no nos afecte o nos afecte lo menos posible. Diana Lanzagorta Inchaustegui diana_star198@hotmail.com Todavía el crash financiero no se ha convertido en depresión generalizada, pero ya comienza a afectar no solamente la economía real estadunidense y europea sino también a las economías periféricas, como la argentina, la mexicana y la brasileña. Dicho sea de paso, es fantástico cómo hay todavía gobiernos que dicen: “la crisis no nos afectará”, más como exorcismo que como previsión, y la enormidad de la inconsciencia de quienes elaboraban presupuestos y hacían extrapolaciones, hace pocas semanas, como si sus negocios o las economías de sus países estuviesen localizados en Marte y no en este mundo unificado por el capital financiero. También es asombrosa la rapidez con la que los neoliberales más empedernidos pasan ahora a proponer medidas keynesianas, distribucionistas, a un Estado salvador que hasta ayer aborrecían. Los necios esperan todo de la Divina Providencia, laica o celestial, y no conocen, como el vulgo, lo de “a Dios rogando y con el mazo dando”… Lo que es evidente es que el efecto del crash actual, y mucho más aún de la gran ola que aún no ha llegado, afectará a todos los países latinoamericanos, pero en forma diferente. Cuba, por ejemplo, ya destrozada por el bloqueo y por los huracanes que no cesan, deberá enfrentar en lo inmediato la creciente importación de alimentos, la caída del precio del zinc que exporta, un precio del petróleo que se reducirá pero nunca demasiado, la caída previsible del turismo europeo a la isla y hasta la disminución de la ayuda venezolana, porque la reducción del precio del petróleo no impedirá los planes nacionales de Hugo Chávez pero sí dificultará su ayuda a otros países o la creación de costosas infraestructuras. Bolivia, en cambio, podría incluso beneficiarse a corto plazo, porque Estados Unidos se está lamiendo las heridas y no estaría dispuesto a una aventura más en América Latina; mientras los gobiernos argentino y brasileño, por su parte, no ayudarán a los soyeros de la Media Luna ni quieren inestabilidad en sus fronteras. Las pocas manufacturas que Bolivia exporta, si Estados Unidos no las adquiriese, podrían, a pesar de todo, ser vendidas a Venezuela. Los prefectos ultraderechistas quedarían así aún más solos frente a un gobierno más firme. Ecuador, que vende petróleo, flores y bananas, tiene por su parte un gobierno fuerte y un ingreso asegurado, porque el precio del combustible no caerá a pique, ya que el invierno en el hemisferio norte mantendrá la demanda domiciliaria aunque las demás se reduzcan. Es cierto que Bolivia, Ecuador, los países centroamericanos y México se verán muy afectados por la disminución de las remesas de sus emigrantes y hasta por el retorno de parte de los mismos a mercados donde no hay trabajo, pero esa misma situación podría impulsar a la izquierda salvadoreña hacia el gobierno y radicalizar a toda Centroamérica, que se verá muy desestabilizada por la crisis. La lucha de los sectores burgueses tradicionales ligados al capital financiero internacional contra los otros sectores que apuntan hacia el desarrollo y al reforzamiento del mercado interno, muy probablemente se agudizará en Venezuela, Ecuador, Argentina y Brasil. También aumentará la disputa entre los países por descargar la crisis al vecino, como se ve ya en el Mercosur, entre Brasil, con su real devaluado, y Argentina, que de repente carece de los turistas brasileños y deja de vender automóviles y ropa cara para tener que defenderse, en cambio, de una invasión de mercancía brasileña barata que aumentará el desempleo local y la pobreza. La caída del precio de la soya y de los alimentos, por otra parte, reducirá el cobro de impuestos en los países que se basan en esas exportaciones y alentará la emigración de capitales. En lo inmediato, por lo pronto, echó ya por tierra no sólo los presupuestos recién elaborados sin tener en cuenta la situación internacional sino también a los fantasiosos proyectos, como la construcción de un tren bala en Argentina o el pago de la deuda de ese país al Club de París. China, que es capitalista, está interesada en salvar a Estados Unidos, que le debe un millón de millones de dólares, y donde ha invertido 500 mil millones más en hipotecas podridas de Fanny Mae y Freddie Mac o en bonos del Tesoro y empresas que se tambalean. Como el crash económico en Estados Unidos significaría la reducción de sus exportaciones, o sea, del empleo y el surgimiento de graves problemas sociales y hasta posibles motines campesinos y urbanos, no está como para ayudar a los países latinoamericanos. El “modelo” chino no es pues proponible en Cuba ni en ninguna parte. La única solución consiste en osar, en innovar. En juntar los créditos y las divisas de los países sudamericanos en un banco de desarrollo capaz de salvar a Paraguay y Uruguay, así como de ayudar a Bolivia, pero también de poner parches en las economías de otros países más grandes. O en preservar antes que nada los empleos, para mantener el consumo, reorganizando los sistemas impositivos actuales (los pobres, con el IVA, pagan más y pagan siempre mientras los ricos evaden sus impuestos). Consiste sobre todo en hacer obras públicas para dar trabajo y asegurar los consumos, y en reforzar la sanidad, la educación, el seguro social, estatizando sin pago a las empresas que no cumplan con las leyes sociales, en controlar el sistema bancario, en elevar el nivel de vida y de capacitación de los trabajadores. La actual carencia de una izquierda anticapitalista, con un plan coherente de alternativa a la política del gran capital y una visión mundial e internacionalista, es un factor que ayuda al capital en su intento por hacer que su crisis la paguen, como siempre, los trabajadores. Por eso hoy, prioritariamente, hay que discutir qué hacemos y cómo nos unimos las víctimas del tsunami contra quienes siempre provocan este tipo de desastres. Jaime Aguilar Hernández sauperflysifiln@sunwin-e.com Washington, DC, 11 de octubre. La magnitud de la crisis que carcome los sistemas financieros de los países industrializados escaló este sábado con la confirmación de que las naciones en desarrollo comenzaron a sufrir un “efecto contagio”, mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró hoy que la confianza en las grandes firmas financieras del mundo “ha colapsado”. En los países en desarrollo 100 millones de personas caerán en la pobreza al término de este año, como consecuencia del alza en el precio de los alimentos y el combustible, anticipó Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial. Esto implica un retroceso de siete años en los avances logrados para combatir este flagelo. Otras 40 millones de personas sufrirán de desnutrición, lo que aumentará al cifra de personas subalimentadas a 970 millones de personas, añadió. Insistió en que además de la emergencia financiera sea atendido el impacto en el desarrollo de la crisis en los sistemas bancarios de las naciones desarrolladas. Los mercados emergentes no son inmunes a la tensión: Paulson “La idea de que la crisis en los países avanzados no va a afectar al mundo en desarrollo ya fue superada”, afirmó Guido Mantega, ministro de Finanzas de Brasil, quien preside este año el Grupo de los 20 (G-20), que reúne a países avanzados y en desarrollo –entre ellos México–, después de una reunión del bloque con el presidente estadunidense George W. Bush y los jefes de los organismos financieros internacionales. A medida que pasan los días “la crisis se agrava”, dijo Mantega esta noche. “La profundización de la crisis exige una respuesta rápida, amplia y coordinada”. La sesión de este sábado, intensa en negociaciones al más alto nivel para tratar de armar una estrategia antes que los mercados financieros vuelvan a operar el lunes, inició con una declaración del presidente George W. Bush de que la crisis actual “amenaza la prosperidad de Estados Unidos” y con un llamado a una acción coordinada con las otras naciones para enfrentar la emergencia. Más tarde, el secretario del Tesoro estadunidense, Henry Paulson, aseguró que los “mercados emergentes”, la forma en que en la jerga económica de los últimos años se nombra a los países en desarrollo, “no son inmunes a la tensión financiera”, por lo que los gobiernos deben poner en práctica políticas que permitan un “crecimiento no inflacionario”. En el mismo sentido, Dominique Strauss Kahn, director gerente del FMI, consideró que en los países en desarrollo la prioridad en este momento para los gobiernos es balancear “el crecimiento y los riesgos de inflación”, mientras realizan ajustes para hacer frente al alza en el precio de alimentos y combustibles. Piden coordinación de políticas a ambos lados del Atlántico “Mirando hacia delante, la combinación de la restricción crediticia, el alza en las tasas de interés internas y una desaceleración de la economía mundial pueden restringir la oferta del crédito y llevar al incumplimiento de pagos a un gran número de países emergentes”, aseguró Strauss Kahn al hablar ante el Comité para el Desarrollo, la instancia de interlocución entre el FMI y el Banco Mundial, en el marco de la asamblea anual de ambos organismos. Esta insistencia en la coordinación de políticas a ambos lados del Atlántico para enfrentar la ruptura de los circuitos de crédito fue la idea principal de los gobiernos del G-7 y de las instituciones financieras, ante el reconocimiento de que la estructura financiera del mundo se ha vuelto tan frágil como no se anticipaba hace apenas un mes. Los acontecimientos de los últimos días, que van desde el desplome en el valor de los mercados financieros, a la nacionalización de bancos en Inglaterra y Estados Unidos y, por primera vez en la historia, la quiebra de un país, Islandia, llevó a decir a Strauss Kahn que la “confianza en las instituciones financieras ha colapsado e impedido el funcionamiento de los mercados de crédito”. También se escuchó aquí la voz de China, la potencia emergente, y dueña de los mayores fondos de liquidez en el mundo –el bien más preciado en momentos de total astringencia crediticia. “La capacidad de resistencia de las economías de países en desarrollo está a prueba”, dijo Yi Gang, subgobernador del banco central chino, durante un encuentro de los gobernadores de bancos centrales de 185 países realizado hoy. “El impacto de la crisis en la economía real es peor de lo anticipado y la recuperación será más lenta y difícil”, dijo el funcionario chino, cuyo país es hoy uno de los pocos en el mundo –quizá las petromonarquías del Golfo Pérsico también– que tienen en exceso la liquiez que hace falta al norte industrializado. Es imperativo, añadió Yi, que las mayores economías avanzadas se coordinen y pongan en práctica lo más pronto acciones para rescatar a sus sistemas financieros para facilitar la recuperación de la economía mundial. “Sin embargo, debemos evitar que esa inyección de liquidez derivada de esas acciones de emergencia no se convierta en una fuente de inflación en el mediano y largo plazo”, agregó. Precisamente, la puesta en práctica de acciones coordinadas en ambos lados del Atlántico para contener la sangría de dinero de los mercados financieros ocupó el día de las delegaciones del Grupo de los 7 (G-7) países avanzados (Estados Unidos, Canadá, Japón, Inglaterra, Alemania, Italia y Francia) y las instituciones financieras multilaterales. El presidente Bush, quien en tres meses dejará la Casa Blanca, dijo por la mañana, en una reunión con los ministros de Finanzas del G-7, ofreció una “respuesta global” a la crisis de crédito que llevará a un camino de estabilidad y crecimiento “de largo plazo”. Como a lo largo del día hicieron el FMI y ministros de finanzas de naciones desarrolladas, no hubo en el discurso del presidente de Estados Unidos una enumeración de acciones concretas para contener la crisis que ha congelado el crédito en el sistema financiero internacional y que, sólo en la última semana, redujo en una quinta parte el valor de la bolsa de Nueva York. Esa pérdida equivale a 2.5 billones (millones de millones) de pesos, poco más del doble del producto interno bruto de México, que es de 1.1 billones de dólares. El FMI, por su parte, insistió en la necesidad de que las acciones para enfrentar la crisis “sean coordinadas” entre Estados Unidos y Europa, aunque por ahora las propuestas no han logrado llegar al detalle, que es lo que esperan los mercados financieros. Juan Caballero y Osio info@eurekakids.net Ni Hayek ni Keynes, hoy más que nunca Marx Vivimos tiempos de incertidumbre. Quienes valoran la extensión de la crisis del capitalismo son los movimientos alternativos, sus gestores y causantes. Los diagnósticos y proyecciones sobre la globalización neoliberal lanzados hace 20 años por los movimientos antiglobalización o antisistémicos han dado en la diana. Las políticas de privatización, apertura comercial, financiera y flexibilidad laboral escondían un enorme grado de explotación y especulación. El resultado sería inevitablemente el colapso general del planeta. Nada hacía presagiar otro sendero. Sin embargo, resulta extraño que los economistas neoliberales se queden perplejos y apunten a pecados bíblicos como la tacañería y la avaricia para explicar la crisis. ¿Acaso piensan en otra racionalidad del capitalismo? Su incultura parece situarse en las mismas cotas que la crisis. Son de hondo calado. De nada les ha servido obtener master o doctorados en Chicago o la fundación Heritage. Lo recomendable hubiese sido darles a leer los cuentos de Charles Dickens y poner sobre su mesa los estudios históricos de Sombart relacionando el burgués con la propensión al lujo y el origen del capitalismo. Pero la mala memoria de los actuales tecnócratas de las finanzas coincide con la derrota de su doctrina del libre mercado. No les gusta reconocer que el derroche es parte de la mentalidad plutocrática de la evolución del capitalismo. No hay banquero que no haga ostentación de su riqueza en forma de yates, coches de lujo, organice viajes de placer, comidas opíparas, orgías, adquiera ropas de marca, participe de prostitución de alto copete, y se vanaglorie de comprar y vender obras de arte. De otra manera no serían capitalistas. El robo y la piratería es consustancial a los orígenes del capitalismo y precede la globalización neoliberal. Baste recorrer las calles de Florencia o de Venecia para saber de qué hablamos. Los Medici y los Sforza. Palacios y riquezas en diferentes arquetipos muestran su poder y el de sus repúblicas. Sorokin lo ejemplarizó con una metáfora. El capitalismo no puede vivir en una sociedad de credo comunista, se debe al lujo. El capitalismo no tiene salida al margen de sus parámetros de consumo y de organización económica. Requiere tragar, engullir, es violento y necesita un mayor grado de fuerza bruta para apuntalarse. Se mantiene gracias a la eficiente acción de las clases dominantes y de las elites económicas, verdaderas controladoras del Estado y de sus aparatos de dominación política. Hipótesis comprobable si vemos el itinerario que se pretende seguir al “donar” millones de dólares o euros a quienes han provocado la mayor crisis social y económica hasta ahora conocida debido a su falta de escrúpulos para obtener un plus y engordar sus cuentas corrientes a costa del contribuyente. No podía ser de otra manera. Marx tenía razón. Cuando los gobiernos conservadores y neoliberales se prestan a rejuvenecer el sistema financiero por medio de un intervencionismo estatal se refuerza el carácter de clase del Estado. Es el capitalista global el que está representado en su forma equivalente general. En momentos de necesidad emerge su esencia. Inyectar millones y millones de dólares o euros para evitar una catástrofe financiera o una caída espectacular de los valores bursátiles, supone orientar políticamente las decisiones. Pero igualmente, conlleva salvar a los grandes empresarios y las trasnacionales. El horizonte es reflotar el sistema. No se busca una crítica sobre las causas que han motivado llegar hasta aquí. No se preguntan sobre los orígenes de un orden social fundado en la expoliación de los recursos naturales, en la degradación del medio ambiente, y en una continuada y constante pérdida de derechos sociales, políticos y económicos de las grandes mayorías. Es decir, no se trata de dar un giro de 180 grados. La respuesta a la crisis consiste en velar su causa, la irracionalidad de la explotación del hombre por el hombre y del hombre hacia la naturaleza. En ocultar el beneficio de las empresas trasnacionales, dueñas de las tecnologías y las patentes capaces, primero, de crear hambrunas en continentes enteros y, después, de llevar a la muerte a miles de niños obteniendo pingües beneficios para aumentar rendimientos en condiciones de monopolio. Empresas patrocinadoras de guerras espurias, de venta de armas, de trabajo infantil y de inmigración ilegal. Factores que coadyuvan para abaratar costes de producción y aumentar su control sobre gobernantes corruptos y dóciles. No nos llamemos a engaños. Insuflar dinero a los grandes bancos y salir en defensa de sus consejeros y altos cargos es parte de una estrategia pendular. Cuando no resulta oportuno tejer con Hayek, se teje con Keynes. Unas veces desde la oferta y otras desde la demanda. Tanto monta, monta tanto. En cualquier caso, el resultado es el mismo. La relación capital-trabajo se asienta sobre la expropiación del excedente económico producido por el trabajador en condiciones de apropiación privada. Así, quienes pagan los platos rotos de esta estrategia son los de siempre. Las clases explotadas y oprimidas del campo y la ciudad. Salvar el orden económico, sin modificar su estructura y su organización, conlleva un aumento de la desigualdad social y la explotación. Pero el discurso de la cohesión social recubre esta opción bajo el eufemismo de apoyar una estrategia de aumentar prestaciones a los más débiles. Políticas para los desamparados y los pobres de solemnidad. Así, se soslayan las indemnizaciones millonarias a los ejecutivos de los bancos y las empresas trasnacionales cuyos contratos blindados se gestionaron con anterioridad. Los impuestos de todos irán a los bolsillos de unos pocos y servirán para pagar una buenas vacaciones y aligerar el estrés de su ineficaz gestión. Ninguno pasará por la cárcel, previo juicio. Tampoco se verá sometido al escarnio público ni se avergonzará. Seguirán en sus trece, para ellos, nada ha fallado; esperarán agazapados la siguiente oportunidad. Su relato será simple: han sido unos pocos inescrupulosos los causantes del desastre. Las aguas deben volver a su cauce. El capitalismo retomará su rumbo y otra vez se podrá robar a manos llenas. Por este camino el planeta desaparecerá. Ni Hayek ni Keynes, hoy más que nunca Marx. Antonio Zambrano Toribio attahiru_ahmed080@hotmail.com 1. Una breve síntesis histórica Durante los felices 90’1 la expansión económica parecía infinita y tenía dos sentidos, hacia adelante y hacia arriba. El capitalismo había encontrado su fórmula mágica “definitiva” para superar las crisis –llamadas ahora recesiones- manipulando los instrumentos financieros que permitían que los reflujos fueran relativamente breves y de bajo impacto. En esencia la fórmula acordada en el “Consenso de Washington” apelaba a la apertura de los mercados, la liberalización absoluta del flujo de capitales, la “inflación financiera” casi descontrolada y el control de esas desregulaciones por los instrumentos mundiales de control (FMI y Banco Mundial). Naturalmente que a lo largo de los 90 se sucedieron crisis diversas –la de los “tigres asiáticos”, Rusia, Turquía, México- pero las respuestas a todas fue aplicar la fórmula mágica: inyectar dinero en sus sistemas para que el juego siguiera adelante. Y ese juego, a su vez, fue un inmenso multiplicador del dinero tanto real como ficticio. En ese marco, los mercados de futuros se desarrollaron como nunca. Con la apertura del NYMEX en 1988, Estados Unidos pasó a controlar la cotización del precio del petróleo, mitigando así los duros efectos de la crisis petrolera de 1973 y generando un mercado de futuros que expandió la especulación y la inyección de dinero al sistema de forma masiva. Paul M. Sweezy, en su último trabajo poco antes de morir, explica claramente la situación. En realidad Sweezy demuestra que la “expansión” que Stiglitz analiza y critica duramente ya estaba presente en todas su modalidades a mediados de los 802. Quizá el ejemplo del origen de la situación actual lo ofrece con un ejemplo didáctico para aquellos que no somos economistas: Supongamos que un tendero deposita 1000 dólares en el Banco A y desde ese depósito se prestan 800 dólares que se depositan en el Banco B. “Ahora el Banco B tiene un aumento en sus depósitos de 800, de los cuales 160 se mantienen en reserva y 640 dólares se prestan. La secuencia continúa cuando 512 dólares terminan en los depósitos del Banco C, etcétera. El depósito inicial de 1000 dólares crece finalmente hasta 5000 dólares”3. Ese dinero en realidad no existe, los mil dólares iniciales son los reales, los 5000 finales que se supone están en el sistema financiero son ficticios, son producto de la especulación. Esa “bicicleta” de artificios fue lo que el capitalismo financiero estuvo realizando desde mediados de los 80’ y la caída del comunismo atizó el modelo, pues quedaba demostrado que el capitalismo era imbatible, y que EEUU era su motor indiscutido. El “Consenso de Washington” fue la bendición final para la apertura y la globalización feroz, avalando “definitivamente” la especulación financiera como receta y solución a los problemas. Hoy sabemos que el fracaso es estrepitoso. En medio de este proceso Alan Greenspan asume la presidencia de la Reserva Federal (FED) y se transforma por 18 años en el gurú de la globalización y de la expansión financiera y económica mundial. Su receta no fue muy distinta a lo que se acordó en el “Consenso de Washington” pocos años más tarde, aplicando en EEUU la solución de promover la sucesión de “burbujas”. La primera en importancia fue la burbuja de la “punto com”. Una supuesta “nueva economía” basada en bienes intangibles y en la alta tecnología se abría paso y a tal grado que la Bolsa de Valores de Nueva York creó un índice especial para evaluarla; el NASDAQ. La burbuja de las “punto com” se desinfló a finales de los 90. Muchas de las empresas líderes entraron en crisis terminal, la especulación financiera y las expansiones de crédito que se habían fundado en ella se hundieron y la “metal-mecánica” –la gran triunfadora de la Guerra del Golfo Pérsico de 1990- renació con impulso. Pero la solución de Greenspan fue rápida y sencilla: crear otra nueva burbuja. Efectivamente, la crisis de las “punto com” se solucionó con la manipulación de las tasas de interés de la FED. La Reserva Federal determina el valor del dinero por medio de la tasa de interés que cobra a los bancos cuando presta o entrega plata. El valor de esas tasas determina el precio del dinero, o sea el interés que cobran los bancos cuando ofrecen créditos a sus clientes. Así, si la tasa de la FED baja, los créditos bajan también, si se da lo contrario, las tasas de los créditos suben. La “mano oculta del mercado” es la mano del presidente de la Reserva Federal en realidad. Durante los últimos años de la década de los 90 la FED redujo la tasa de interés a los mínimos históricos. Desde esa época hasta julio de 2004 los tipos de interés de la FED eran del 1%. ¿La razón? Inyectar “dinero barato” al sistema financiero para reactivarlo de la crisis provocada por la caída de las “punto com”. La inyección de “dinero fácil” expandió el crédito y éste el consumo y la economía se reactivó, pero creando una nueva burbuja que relanzó el sistema, la “burbuja subprime” o de los “bonos hipotecarios basura”. 2. La burbuja inmobiliaria La inyección de dinero barato expandió el crédito con bajas tasas de interés y la especulación financiera reverdeció, pero con una modalidad “ingeniosa” dirigida hacia el mercado de hipotecas inmobiliarias. Cuando la expansión del crédito inmobiliario llegó a su punto máximo la banca dirigió su mirada hacia los sectores sin vivienda y sin posibilidad de acceder a crédito. Estos son los pobres de Estados Unidos, aquellos con ingresos bajos o con un historial de malos pagadores, que no podían acceder a las hipotecas porque significaban un riesgo muy alto. Pero ahora, con la tasa de interés de la FED en el 1% se suponía que cualquiera podía pagar las hipotecas y el sistema financiero se lanzó a la caza de aquellos que por sus ingresos bajos o su mal historial solo podían acceder a créditos baratos. Así lanzaron una campaña de captación de clientes ofreciendo hipotecas de interés variable con la expectativa de que las tasas de la FED no iban a subir. El riesgo era enorme, los pobres podían dejar de pagar si los intereses subían, pero eso era sólo una hipótesis que seguramente no iba a suceder. Pero el riesgo existía y todos lo sabían. En consecuencia, para financiar las hipotecas de alto riesgo –“subprime”, o sea debajo de las mejores- y cubrirse así como para captar capitales, las instituciones financieras lanzaron al mercado una serie de bonos “subprime” respaldados en los créditos hipotecarios riesgosos. Dado el nivel riesgo, el interés que pagaban los “bonos hipotecarios basura” era altísimo, promediaba el 30% anual. Y para hacerlos más “tentadores” jugaron una carta aún más arriesgada: consiguieron el aval de las aseguradoras de crédito. Las aseguradoras de crédito son instituciones de bajo perfil, sumamente confiables que respaldan y aseguran los bonos que el mercado de valores emite en todos los rubros imaginables. Las aseguradoras tienen una calificación AAA, o sea de excelencia, jamás podrían quebrar y su respaldo a los negocios crediticios es una garantía indiscutible de que el negocio será próspero. De lo contrario, las aseguradoras deberían pagar el seguro por las pérdidas. Y las muy sólidas y serias aseguradoras de crédito respaldaron los “bonos hipotecarios basura” que al 30% de interés anual garantizaban una pingüe ganancia. La tentación era muy grande y los principales bancos de Estados Unidos y Europa cayeron en ella. Comprar bonos accesibles al 30% no era algo que apareciera todos los días y más aún garantizados por instituciones indiscutidas con una calificación AAA. Todo iba sobre ruedas, pero en medio de la prosperidad financiera aparecieron George W. Bush y su equipo de “halcones” a relanzar la expansión imperial. Las causas y el desarrollo de esta nueva política la analizaremos más adelante, por ahora nos conformamos con señalar las principales características de su política económica, subrayando que la misma tiene mucho de “política” y también mucho de “económica”. Efectivamente, Paul O’Neill –el primer Secretario del Tesoro de Bush- señaló cómo en su primera reunión con Dick Cheney recibió la línea económica en base a una frase paradigmática del vicepresidente: “Reagan demostró que el déficit no existe”4, por tanto si esto es así en la política actual, expandir el déficit no es un problema. En base a esta doctrina, e impulsados por las ambiciones expansionistas EEUU disparó un doble desequilibrio en las cuentas públicas y en la balanza por cuenta corriente. En esas circunstancias, la debilidad del dólar fue un recurso para paliar la brecha. Pero, a partir de 2004 la inflación comenzó a preocupar a las autoridades económicas y el 1º de julio Alan Greespan subió la tasa de la FED a 1.25. El propio Greenspan se encargó de aclarar la situación: La máxima autoridad en política monetaria de Estados Unidos calificó de "enorme" el agujero en las cuentas del Estado, que se calculaban en 2004 en 500.000 millones de dólares para ese año, y apuntó con alarma que estaba previsto que el superávit presupuestario, registrado en 2000, se transforme en un déficit del 4,25% del Producto Interior Bruto (PIB) en este ejercicio. Y todo eso sucedió. En definitiva, luego del 11-S la crisis de los déficit gemelos se agravó y la FED subió los intereses al 5.25% hacia 2007 y las hipotecas basura con interés variable ofrecida a los pobres con dificultades de pago comenzaron a no ser pagadas cuando los intereses subieron. La alternativa para la gente era o cumplir con los bancos o comer. Y a la gente pobre se le ocurre comer. Y justo lo hace en el momento en que el déficit comercial alcanzó niveles record por quinto año consecutivo, con una cifra de 784.200 millones de dólares hasta fines de agosto de 2007 en términos anuales, un 9,4 por ciento más que el 2006. Por otra parte, el Departamento del Tesoro informó que el gobierno de Bush generó un déficit fiscal de 157.300 millones de dólares en el año fiscal de 2007, que comenzó el 1º de octubre y concluyó el 30 de septiembre. El déficit de cuenta corriente en 2007 llegó al 6.2% del PBI. El efecto se disparó de inmediato. Cuando la gente dejó de pagar, los bonos hipotecarios basura se desplomaron. Ya en setiembre de 2007 la situación era crítica: más de 5 millones de viviendas fueron puestas a la venta. Por vez primera en diez años bajaron sus precios, y se dispararon los intereses. Más de dos millones de norteamericanos han perdido sus casas, hay más de 500 mil millones de dólares acumulados en morosidad. Con la espectacular quiebra en junio pasado de dos hedge funds multimillonarios pertenecientes al quinto mayor banco estadounidense de inversiones –Bear Stearns— se perdieron 1.600 millones de dólares. Además, las acciones de Bear Stearns se desplomaron, lo mismo que la de varios fondos de inversiones, bancos y aseguradoras: más de 200 mil millones de dólares se perdieron entre agosto y setiembre del año pasado. Y comenzaron las quiebras. Primero, como hemos visto, en el propio imperio y luego el efecto contagio. Todos los bancos del Primer Mundo que habían comprado bonos hipotecarios basura empezaron a hacer agua. El Northern Rock en Gran Bretaña generó la primera corrida desde 1866 en Londres. Finalmente el gobierno tuvo que nacionalizarlo a fines de febrero. Y a renglón seguido los hundimientos de los bancos abrieron la posibilidad de que los árabes y los chinos se hicieran con las principales carteras de los más importantes bancos del mundo. Cualquier medida era válida con tal de evitar el colapso. Así, El Citi fue rescatado por capitales árabes, por el príncipe saudita Al Waleed bin Talal, y por la Autoridad de inversión de Abu Dhabi, que capitalizó la entidad con 7500 millones de dólares a cambio del 4,9 por ciento de las acciones. El UBS, por su parte, fue auxiliado por Singapur, que desembolsó unos 9700 millones de dólares por el 9,0 por ciento de la entidad. Por el momento, esos dos bancos son los casos más resonantes, pero otras entidades como los ingleses Barclays, HSBC y Northern Rock, el líder francés BNP Paribas, Societé Generale, el alemán IKB Deutsche Industriebank, y los fondos Bear Stern, Merrill Lynch, entre otras varias, han contabilizado una fuerte descapitalización y, por lo tanto, enfrentan el riesgo de la insolvencia. Pero para peor, las aseguradoras de crédito, las más firmes y serias instituciones de respaldo al sistema también colapsaron. Cuando los bonos hipotecarios basura se hundieron sus compradores masivos, o sea la banca internacional, exigieron el pago de las primas de seguros. Las aseguradoras no pudieron hacer frente a la avalancha y su situación entró en estado crítico. La cotización en Bolsa de las aseguradoras ha experimentado desde principios del año pérdidas de entre el 50% y el 90%. Esas caídas en Bolsa se aceleraron a fines de enero al presentar alguna de ellas pérdidas trimestrales por primera vez en su historia mientras arreciaban los rumores sobre la capacidad que tienen de mantener su calidad crediticia, verdadera piedra de toque del negocio. El presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan Ramón Quintás informó a finales de enero que las aseguradoras seguramente perderían su calificación AAA. La situación era grave, pues perder el grado óptimo implica que todos los bonos e inversiones avalados por las aseguradoras se precipitarían, independientemente de la solidez de la inversión o de la empresa respaldada. Quintás desveló que se había producido una reunión de una docena de personas en Nueva York, en la que estaba presente el regulador de seguros norteamericano y representantes de los principales bancos de EEUU. Al parecer, en esa reunión se llegó a un acuerdo para evitar la quiebra de las aseguradoras Este pacto, según Quintás, es lo que habría producido «la reacción positiva» de los mercados bursátiles5. Sin embargo, el 15 de febrero la evaluadora Moody’s le quitó la calificación triple A a la aseguradora de bonos FGIC Corp (la cuarta en importancia en este mercado), lo que reactivó todos los temores sobre la situación de este tipo de compañías. Moody’s la rebajó en seis niveles y dijo que podría volver a hacerlo tras saberse que a esta firma le estarían faltando unos US$ 4000 millones en capitalización para poder mantener su estatus crediticio. Una semana después la agencia de calificación de riesgos Fitch degradó la solvencia de Ambac Assurance Corp., una de las dos primeras compañías del sector a nivel mundial. De hecho, a los seis días MBIA anunció la puesta en marcha de un proceso de recaudación de capital para evitar una reducción de su calificación "AAA", vital para futuros negocios. El primer efecto de la crisis fue la reactivación de la vieja, pero siempre efectiva, ley de concentración de capital. Así como capitales chinos y árabes lograron comprar parte del sistema financiero en quiebra, las aseguradoras debieron ceder ante Warrent Buffet uno de los grandes burgueses de las finanzas norteamericanas, que compró las tres mayores aseguradoras de bonos de Estados Unidos por 800 mil millones de dólares en bonos libres de impuestos, como informa él mismo en una entrevista en la CNBC. "Esto podría eliminar una mayor nube en el mercado", ha asegurado y las mejores ganancias para su cuenta, decimos nosotros. Y las autoridades económicas se lanzaron al rescate, sin mucha suerte. Primero, por diversas vías, inyectaron dinero al sistema; luego la FED bajó drásticamente las tasas de interés del 5.25 al 3.25 en un mes, algo tarde y sin resultados a la vista. En realidad la solución “ortodoxa” aplicada por Bernake no hizo más que echar leña al fuego. Efectivamente, la “inflación financiera” global antes de que estallara la crisis subprime era inaprensible, pues la Reserva Federal desde hacía dos años había dejado de publicar el M3, o sea, el indicador de cuantos dólares existen en el mercado global. Debido a la expansión crediticia y del déficit gemelo norteamericano las existencias de dólares en el mundo debe ser inmensa. En medio de una crisis donde la hiperespeculación fue la causa, inyectar más dinero al sistema es como darle de comer a un indigesto. El valor del dólar se derrumba no sólo por la crisis y por otros factores que veremos más adelante, sino porque la ley de oferta y demanda le juega en contra desde hace tiempo, y ahora se inyecta, según el último dato ofrecido a principios de año, cerca de 500.000 millones más. Asimismo, la grave crisis de confianza generada en todo el mundo provocó que, a pesar de los bajos intereses yanquis, los bancos no presten y, peor aún, no se prestan entre ellos, pues nadie sabe quien ni en qué medida están contaminados por los bonos hipotecarios basura, pues todos esconden sus compras fallidas, o una parte de ellas. Pero hay dos puntos finales: la crisis de las tarjetas de crédito y del sistema de Basilea. La Reserva Federal reportó el 7 de febrero una reducción abrupta en el uso de tarjetas de crédito. En diciembre, los estadounidenses tuvieron US$ 944.000 millones en deuda rotatoria, la mayoría proveniente de tarjetas de crédito, un alza anualizada del 2,7%. La cifra marca un descenso significativo frente al crecimiento de 11,1% en octubre y de 13,7% en noviembre, reflejando la volatilidad en los gastos de los consumidores a medida que se debilita la economía. En diciembre, un promedio del 7,6% de los préstamos de tarjetas de crédito tenía al menos 60 días de atraso en sus pagos o había entrado en cesación de pagos, frente a un 6,4% del año anterior, según la firma de investigación RiskMetrics Group. El análisis incluye una franja amplia de más de US$ 200.000 millones de préstamos de tarjeta de crédito que son vendidos a los inversionistas por parte de los grandes emisores como Citigroup Inc., Capital One Financial Group, American Express Co. y J.P. Morgan Chase & Co. Por último, el sistema de Basilea II está siendo interpelado por la realidad. Una versión de sus nuevas directrices, se disponía a ser implementada gradualmente en Estados Unidos el próximo mes. Su principal cambio era que los bancos deberían tener más libertad para decidir por su cuenta cuánto riesgo financiero están dispuestos a asumir, ya que ellos, supuestamente, se encuentran en una mejor posición que los reguladores públicos para tomar esa decisión. Sin embargo, las turbulencias financieras globales causadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU. están poniendo de cabeza algunas suposiciones fundamentales sobre el riesgo. Las instituciones en todo el mundo han juzgado equivocadamente la seguridad de inversiones que van desde las hipotecas de alto riesgo, a los complejos valores financieros estructurados. Estos es particularmente cierto en el caso de Europa, donde muchos bancos ya operan bajo los estándares de riesgo de Basilea II. El Wall Street Journal informa en su edición del 5 de marzo que la crisis desatada por las subprime, especialmente el impacto en la banca europea y, principalmente el cimbronazo en el UBS suizo –el país donde está Basilea- hizo que el senado de Estados Unidos postergara la aplicación de Basilea II por tiempo indeterminado. La desregulación y la autarquía bancaria quedaron congeladas por los golpes de la realidad. Y el sistema financiero no repunta. El total acumulado de pérdidas de los principales índices desde el 1º de enero al 5 de marzo da cuenta de ello. El Dow Jones acumula pérdidas de 7.98%; el Eurostoxx del 16.26%; el S&P 500 perdió 9.32% y el Nikkei 15.26. 3. Consecuencias globales. El foro de Davos fue la caja de resonancia más clara de la crisis. Los actores de este simposio del poder económico mundial dieron señales claras de que vivimos una época de cambios y que la crisis subprime es el emergente de una coyuntura impensable hace unos años. August Bebel decía que para entender el capitalismo había escuchar a la burguesía. Sin duda, George Soros es un burgués, pero es un burgués inteligente. Para él “la actual crisis significa el fin de una era de expansión del crédito fundada en el dólar como moneda de reserva internacional. Las crisis periódicas eran parte de un proceso más vasto de expansión-recesión. La crisis actual es el punto culminante de un superboom que ha durado más de 60 años” escribió el 27 de enero en un editorial del New York Times. Para Soros, la expansión de crédito como forma de salvar la actual crisis es una mala solución, producto directo del fundamentalismo del mercado nacida en la era Reagan, lo que nosotros llamamos neoliberalismo. Pero al día de hoy, según Soros la fórmula es contraproducente, pues “con el petróleo, los alimentos y otras materias primas al alza, y el renminbi [la moneda china] en rápida revalorización, la FED tiene que preocuparse de la inflación. Si los fondos federales llegan a debilitarse hasta un cierto punto, el dólar podría verse sometido a renovadas presiones y los títulos a largo plazo caerían en sus rendimientos. Pero es imposible determinar cuál sea ese punto. Cuando se alcance, la capacidad de la FED para estimular la economía habrá llegado a su fin”. En ese escenario las consecuencias políticas serían –o ya son- de un cambio drástico en la correlación de fuerzas mundiales. Para Soros la conclusión sería que la crisis financiera actual, “más que causar una recesión global, lo que podría es acabar alterando las actuales relaciones de fuerza de la economía mundial, con un relativo declive de los EEUU y el ascenso de China y de otros países del mundo desarrollado. El peligro radica en que las consiguientes tensiones políticas, o aun el proteccionismo estadounidense, puedan destrozar la economía global y arrojar al mundo entero a la recesión, si no a cosa peor”. Así, luego de la reunión de Davos, Soros se preocupó en subrayar que el momento era definitivo para la hegemonía del dólar: “El dólar es una moneda terriblemente imperfecta y tiene los días contados" le dijo a The Economist. Y muchos piensan así. La revalorización del euro –hoy cotiza en el mercado internacional a 1.51, y creció en lo que va del año 4.67% respecto del dólar- está trastocando la correlación de fuerzas en el sistema monetario mundial. Así, en los últimos siete años el dólar ha perdido un 16% como moneda en el comercio mundial y más de 21% en las reservas de los bancos centrales del mundo, aunque este último dato es muy difícil de precisar debido al secreto. Desde febrero de 2002 el dólar ha caído 28% contra las divisas de los socios comerciales de Estados Unidos luego del ajuste por inflación. Debemos recordar el papel del euro como factor desencadenante de la invasión a Irak –Sadam cotizaba el barril en euros y tenía todas sus reservas en la moneda comunitaria- para comprender la transcendencia del cambio monetario. Los países del Golfo Pérsico han diversificado sus reservas desde 2004 en adelante, Kuwait evalúa su moneda en referencia a una “canasta” e Irán ha tomado decisiones radicales. Desde enero vende el petróleo en euros y el 17 de febrero último abrió su bolsa petrolera en la isla de Kish donde cotiza el barril en euros, rublos y en variables de canje. Si analizamos las tensiones entre Washington y Teherán no debemos descartar los anuncios de la bolsa de Kish como un factor clave de este enfrentamiento. Quizá que el barril haya llegado a los 100 dólares en la segunda quincena de febrero se vincule con la bolsa Iraní. No fue inocente, tampoco, el planteo de Irán, Venezuela y Ecuador en la OPEP de cotizar el petróleo mediante una canasta de monedas, donde el dólar sería una más y sólo eso. Sabemos sí, que China tiene dos armas fundamentales: es el principal acreedor de la deuda norteamericana en el mundo, 1.455 millones de dólares. De manera que si China decidiese vender parte o toda su deuda, el dólar colapsaría. Naturalmente que es un arma de chantaje contra la que EEUU nada puede hacer. Asimismo sabemos que desde 2002 un tercio de las reservas Chinas se encuentran en euros. Y en su zona inmediata de influencia, la ASEAN, la situación es muy llamativa, pues toda la región en su conjunto posee el 67% de las reservas de dólares del mundo. El dólar mantiene su hegemonía, pero en un doble juego peligroso donde todos pueden abandonarlo y hacerlo colapsar cuando les convenga. Quizá la clave la haya expresado en el Foro de Davos Cheng Siwei, vicepresidente del Comité Central del Partido Comunista de la República Popular China, cuando afirmó: "Los asiáticos ahorramos hoy para gastar mañana, pero los americanos gastan hoy lo de mañana". El mismo señor Siwei refirió al final del Foro el cambio sustancial de actitud respecto de China y los países del BRIC. Antes se preocupaban por el crecimiento explosivo de los países emergentes, hoy todos en Davos se preocupaban porque China y el BRIC sigan creciendo. Se han transformado en la locomotora del crecimiento actual, sustituyendo -¿por cuánto tiempo?- a Estados Unidos. Y de mantenerse, ese es un giro copernicano en nuestra historia. Para los países subdesarrollados y especialmente para América Latina la situación es diferente a las vividas en otras crisis del capitalismo global. El consenso general de los economistas es que los precios de los alimentos continuarán subiendo, aun si EEUU. entra en una recesión, porque los alimentos son habitualmente uno de los últimos sectores en ser afectados por un enfriamiento de la economía. Un análisis del economista, Peter Buchanan, del banco canadiense CIBC World Markets, apuntó que el resto del mundo no es inmune a una recesión en Estados Unidos, pero su impacto no será tan importante como en el pasado. Buchanan sostiene que EEUU juega un papel menor en la economía global, confirmando el nuevo papel del BRIC que representan hoy el 40% del crecimiento mundial, o sea entre tres y cuatro veces lo que aporta Estados Unidos. Al analizar los precios de los recursos naturales -metales, petróleo, granos básicos y alimentos- el economista de CIBC concluye que siguen altos a pesar de las perspectivas de recesión en Estados Unidos. Aunque Estados Unidos es aún el principal mercado para el petróleo y su economía se comportó ‘de manera decente’ en los últimos dos años, la demanda de crudo en ese país no ha crecido en ese período, mientras que si sigue aumentando en Asia y los países emergentes. La demanda de metales de China, según CIBC, es dos a tres veces tan importante como era la de Estados Unidos y sigue creciendo a un ritmo de dos dígitos. Asimismo la dependencia hacia EEUU de Asia, la zona del euro y América Latina ha disminuido en la última década como nunca en el siglo pasado. En 2000, Estados Unidos absorbía 17 por ciento de las exportaciones de la zona euro y de América Latina, y en ambos casos el porcentaje bajó a 13.5 por ciento en los últimos 12 meses. En el caso de las exportaciones de los países emergentes de Asia, Estados Unidos absorbía 21 por ciento del total en 2000 y poco más de 16 por ciento en el último año. En los últimos 10 a 15 años, agregó Buchanan, los países de Asia han mostrado signos de ‘desacoplamiento’ respecto a la economía yanqui. El impacto de la recesión estadounidense de 2001 en los países asiáticos fue mínimo y desde entonces han mantenido una tendencia firme de alto crecimiento, inclusive cuando la de Estados Unidos comenzó a desinflarse, en 2004. “En la última década, el alto crecimiento de la economía china ha mostrado una correlación negativa respecto a la economía de Estados Unidos”. Apuntó que el análisis de las cifras del comercio chino muestra una creciente dependencia del mercado doméstico y de los mercados asiáticos, que reemplazan al estadounidense. Por último, el divorcio de América Latina y de otros países del tercer mundo del FMI agrega un nuevo factor de independencia económica innegable y removedor. Por primera vez en décadas no tenemos la necesidad de rendir cuentas ni de aceptar “asesoramientos” que sabemos bien los resultados que tuvieron. Para el economista Jeff Rubin, que dirige el departamento económico del CIBC, la economía mundial está “orientándose dramáticamente” de Estados Unidos hacia los países en desarrollo y exportadores de petróleo. “Aunque una recesión profunda en Estados Unidos tendrá mayores implicaciones, nuestros cálculos sugieren que en el caso de una recesión, comparable a la de 2001, sólo serán impactados un número clave de mercados”, destacó. “Hay diez consumidores en Brasil, Rusia, China e India que reemplazarán a cada estadunidense que deja de comprar”, como consecuencia de la crisis hipotecaria y la baja de precios de sus casas. Para Rubin hay más países en desarrollo que están alcanzando el nivel de consumo del primer mundo, por lo cual “se pueden tirar por la ventana todas las comparaciones entre la economía norteamericana y los pasados ciclos del sector de recursos naturales”. Joseph Borrel anunció el 27 de febrero que en el mundo solo hay reservas suficientes para cubrir las necesidades de trigo durante 30 días. Borrell se reunió en Bruselas con responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) precisamente por la crisis de los alimentos básicos ya que, ha dicho, ha habido una alza media de precios en torno al 30% en los últimos tiempos. En otro orden, el uso masivo de granos para la producción de biocombustibles dispara el consumo cerealero6. Al ganado no le va tampoco nada mal. Las sequías históricas en el medio oeste norteamericano obligaron a sacrificar las haciendas, y Estados Unidos salió a proveerse de carne vacuna como pocas veces en las últimas décadas. La expansión del consumo de carne, algunas reducciones de rodeos en el mundo y dificultades sanitarias, hacen que el mercado ganadero global conozca, también, un crecimiento inusitado, empujado por el crecimiento del BRIC, y por la expansión del comercio sur-sur. 4. Algunas conclusiones. La crisis subprime, la crisis del dólar y su contagio global eran esperadas desde hace tiempo. El capitalismo no pudo y no supo como contrarrestarla, a pesar de que era evidente desde finales de 2006. La especulación, el lucro, la avaricia enceguece en un dogmatismo pocas veces visto en la teoría económica capitalista. ¿Es un episodio circunstancial en la historia económica, o el emergente que demuestra el agotamiento de un modelo? Creemos que la segunda es la cuestión central. El capitalismo imperial fue víctima de sus propias contradicciones Promovió el neoliberalismo, nos agotó primero en el sur y ahora están probando los efectos de su propia receta. Pero, obviamente, una cosa es una crisis financiera y económica en EEUU y otra muy distinta en los países subdesarrollados. Sin embargo hoy, por primera vez en siglos, se prevé que la crisis tenga un contagio parcial. América Latina no entró en el juego de los bonos basuras, produce lo que el mundo necesita, redujo su sistema financiero, lo racionalizó en gran parte y rompió amarras con las organizaciones internacionales de crédito. Mientras tanto la expansión financiera del primer mundo agotó su ciclo y da la sensación de que no podrá revertirse en poco tiempo. Sin embargo, no sólo es una crisis económica, es también una crisis de hegemonía. Los datos presentados en este trabajo muestran una pérdida progresiva de espacio económico por parte de Estados Unidos, que se traduce en una pérdida progresiva de poder. Quizá el relanzamiento de la expansión militar intente ser el antídoto de esa crisis de poder que hoy los datos económicos comienzan a mostrar. El surgimiento de BRIC, y la afirmación soberana de otros países a pesar de Estados Unidos, presentan un escenario a futuro totalmente distinto al que hemos conocido. Es probable que nos dirijamos hacia un mundo policéntrico, donde EEUU sea uno más, poderoso, sin duda, pero presente en un mundo donde las economías, las monedas y el poder global sean más equilibrados entre diversos centros regionales. El sistema financiero que conocemos ha agotado una modalidad rapaz, desconocida por la gran mayoría de la gente, pero que afecta a todos a pesar de que no sepamos como funciona. Al fin y al cabo, como decía otro burgués inteligente, Henry Ford: "Está bien que el pueblo no entienda nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo entendiera, creo que habría una revolución antes de mañana". Miguel Ángel de los Santos cechalc@yahoo.com.mx
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