dioshomosexual
Oct 12, 2008, 8:24 PM
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Todavía el crash financiero no se ha convertido en depresión generalizada, pero ya comienza a afectar no solamente la economía real estadunidense y europea sino también a las economías periféricas, como la argentina, la mexicana y la brasileña. Dicho sea de paso, es fantástico cómo hay todavía gobiernos que dicen: “la crisis no nos afectará”, más como exorcismo que como previsión, y la enormidad de la inconsciencia de quienes elaboraban presupuestos y hacían extrapolaciones, hace pocas semanas, como si sus negocios o las economías de sus países estuviesen localizados en Marte y no en este mundo unificado por el capital financiero. También es asombrosa la rapidez con la que los neoliberales más empedernidos pasan ahora a proponer medidas keynesianas, distribucionistas, a un Estado salvador que hasta ayer aborrecían. Los necios esperan todo de la Divina Providencia, laica o celestial, y no conocen, como el vulgo, lo de “a Dios rogando y con el mazo dando”… Lo que es evidente es que el efecto del crash actual, y mucho más aún de la gran ola que aún no ha llegado, afectará a todos los países latinoamericanos, pero en forma diferente. Cuba, por ejemplo, ya destrozada por el bloqueo y por los huracanes que no cesan, deberá enfrentar en lo inmediato la creciente importación de alimentos, la caída del precio del zinc que exporta, un precio del petróleo que se reducirá pero nunca demasiado, la caída previsible del turismo europeo a la isla y hasta la disminución de la ayuda venezolana, porque la reducción del precio del petróleo no impedirá los planes nacionales de Hugo Chávez pero sí dificultará su ayuda a otros países o la creación de costosas infraestructuras. Bolivia, en cambio, podría incluso beneficiarse a corto plazo, porque Estados Unidos se está lamiendo las heridas y no estaría dispuesto a una aventura más en América Latina; mientras los gobiernos argentino y brasileño, por su parte, no ayudarán a los soyeros de la Media Luna ni quieren inestabilidad en sus fronteras. Las pocas manufacturas que Bolivia exporta, si Estados Unidos no las adquiriese, podrían, a pesar de todo, ser vendidas a Venezuela. Los prefectos ultraderechistas quedarían así aún más solos frente a un gobierno más firme. Ecuador, que vende petróleo, flores y bananas, tiene por su parte un gobierno fuerte y un ingreso asegurado, porque el precio del combustible no caerá a pique, ya que el invierno en el hemisferio norte mantendrá la demanda domiciliaria aunque las demás se reduzcan. Es cierto que Bolivia, Ecuador, los países centroamericanos y México se verán muy afectados por la disminución de las remesas de sus emigrantes y hasta por el retorno de parte de los mismos a mercados donde no hay trabajo, pero esa misma situación podría impulsar a la izquierda salvadoreña hacia el gobierno y radicalizar a toda Centroamérica, que se verá muy desestabilizada por la crisis. La lucha de los sectores burgueses tradicionales ligados al capital financiero internacional contra los otros sectores que apuntan hacia el desarrollo y al reforzamiento del mercado interno, muy probablemente se agudizará en Venezuela, Ecuador, Argentina y Brasil. También aumentará la disputa entre los países por descargar la crisis al vecino, como se ve ya en el Mercosur, entre Brasil, con su real devaluado, y Argentina, que de repente carece de los turistas brasileños y deja de vender automóviles y ropa cara para tener que defenderse, en cambio, de una invasión de mercancía brasileña barata que aumentará el desempleo local y la pobreza. La caída del precio de la soya y de los alimentos, por otra parte, reducirá el cobro de impuestos en los países que se basan en esas exportaciones y alentará la emigración de capitales. En lo inmediato, por lo pronto, echó ya por tierra no sólo los presupuestos recién elaborados sin tener en cuenta la situación internacional sino también a los fantasiosos proyectos, como la construcción de un tren bala en Argentina o el pago de la deuda de ese país al Club de París. China, que es capitalista, está interesada en salvar a Estados Unidos, que le debe un millón de millones de dólares, y donde ha invertido 500 mil millones más en hipotecas podridas de Fanny Mae y Freddie Mac o en bonos del Tesoro y empresas que se tambalean. Como el crash económico en Estados Unidos significaría la reducción de sus exportaciones, o sea, del empleo y el surgimiento de graves problemas sociales y hasta posibles motines campesinos y urbanos, no está como para ayudar a los países latinoamericanos. El “modelo” chino no es pues proponible en Cuba ni en ninguna parte. La única solución consiste en osar, en innovar. En juntar los créditos y las divisas de los países sudamericanos en un banco de desarrollo capaz de salvar a Paraguay y Uruguay, así como de ayudar a Bolivia, pero también de poner parches en las economías de otros países más grandes. O en preservar antes que nada los empleos, para mantener el consumo, reorganizando los sistemas impositivos actuales (los pobres, con el IVA, pagan más y pagan siempre mientras los ricos evaden sus impuestos). Consiste sobre todo en hacer obras públicas para dar trabajo y asegurar los consumos, y en reforzar la sanidad, la educación, el seguro social, estatizando sin pago a las empresas que no cumplan con las leyes sociales, en controlar el sistema bancario, en elevar el nivel de vida y de capacitación de los trabajadores. La actual carencia de una izquierda anticapitalista, con un plan coherente de alternativa a la política del gran capital y una visión mundial e internacionalista, es un factor que ayuda al capital en su intento por hacer que su crisis la paguen, como siempre, los trabajadores. Por eso hoy, prioritariamente, hay que discutir qué hacemos y cómo nos unimos las víctimas del tsunami contra quienes siempre provocan este tipo de desastres. Jaime Aguilar Hernández sauperflysifiln@sunwin-e.com Washington, DC, 11 de octubre. La magnitud de la crisis que carcome los sistemas financieros de los países industrializados escaló este sábado con la confirmación de que las naciones en desarrollo comenzaron a sufrir un “efecto contagio”, mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró hoy que la confianza en las grandes firmas financieras del mundo “ha colapsado”. En los países en desarrollo 100 millones de personas caerán en la pobreza al término de este año, como consecuencia del alza en el precio de los alimentos y el combustible, anticipó Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial. Esto implica un retroceso de siete años en los avances logrados para combatir este flagelo. Otras 40 millones de personas sufrirán de desnutrición, lo que aumentará al cifra de personas subalimentadas a 970 millones de personas, añadió. Insistió en que además de la emergencia financiera sea atendido el impacto en el desarrollo de la crisis en los sistemas bancarios de las naciones desarrolladas. Los mercados emergentes no son inmunes a la tensión: Paulson “La idea de que la crisis en los países avanzados no va a afectar al mundo en desarrollo ya fue superada”, afirmó Guido Mantega, ministro de Finanzas de Brasil, quien preside este año el Grupo de los 20 (G-20), que reúne a países avanzados y en desarrollo –entre ellos México–, después de una reunión del bloque con el presidente estadunidense George W. Bush y los jefes de los organismos financieros internacionales. A medida que pasan los días “la crisis se agrava”, dijo Mantega esta noche. “La profundización de la crisis exige una respuesta rápida, amplia y coordinada”. La sesión de este sábado, intensa en negociaciones al más alto nivel para tratar de armar una estrategia antes que los mercados financieros vuelvan a operar el lunes, inició con una declaración del presidente George W. Bush de que la crisis actual “amenaza la prosperidad de Estados Unidos” y con un llamado a una acción coordinada con las otras naciones para enfrentar la emergencia. Más tarde, el secretario del Tesoro estadunidense, Henry Paulson, aseguró que los “mercados emergentes”, la forma en que en la jerga económica de los últimos años se nombra a los países en desarrollo, “no son inmunes a la tensión financiera”, por lo que los gobiernos deben poner en práctica políticas que permitan un “crecimiento no inflacionario”. En el mismo sentido, Dominique Strauss Kahn, director gerente del FMI, consideró que en los países en desarrollo la prioridad en este momento para los gobiernos es balancear “el crecimiento y los riesgos de inflación”, mientras realizan ajustes para hacer frente al alza en el precio de alimentos y combustibles. Piden coordinación de políticas a ambos lados del Atlántico “Mirando hacia delante, la combinación de la restricción crediticia, el alza en las tasas de interés internas y una desaceleración de la economía mundial pueden restringir la oferta del crédito y llevar al incumplimiento de pagos a un gran número de países emergentes”, aseguró Strauss Kahn al hablar ante el Comité para el Desarrollo, la instancia de interlocución entre el FMI y el Banco Mundial, en el marco de la asamblea anual de ambos organismos. Esta insistencia en la coordinación de políticas a ambos lados del Atlántico para enfrentar la ruptura de los circuitos de crédito fue la idea principal de los gobiernos del G-7 y de las instituciones financieras, ante el reconocimiento de que la estructura financiera del mundo se ha vuelto tan frágil como no se anticipaba hace apenas un mes. Los acontecimientos de los últimos días, que van desde el desplome en el valor de los mercados financieros, a la nacionalización de bancos en Inglaterra y Estados Unidos y, por primera vez en la historia, la quiebra de un país, Islandia, llevó a decir a Strauss Kahn que la “confianza en las instituciones financieras ha colapsado e impedido el funcionamiento de los mercados de crédito”. También se escuchó aquí la voz de China, la potencia emergente, y dueña de los mayores fondos de liquidez en el mundo –el bien más preciado en momentos de total astringencia crediticia. “La capacidad de resistencia de las economías de países en desarrollo está a prueba”, dijo Yi Gang, subgobernador del banco central chino, durante un encuentro de los gobernadores de bancos centrales de 185 países realizado hoy. “El impacto de la crisis en la economía real es peor de lo anticipado y la recuperación será más lenta y difícil”, dijo el funcionario chino, cuyo país es hoy uno de los pocos en el mundo –quizá las petromonarquías del Golfo Pérsico también– que tienen en exceso la liquiez que hace falta al norte industrializado. Es imperativo, añadió Yi, que las mayores economías avanzadas se coordinen y pongan en práctica lo más pronto acciones para rescatar a sus sistemas financieros para facilitar la recuperación de la economía mundial. “Sin embargo, debemos evitar que esa inyección de liquidez derivada de esas acciones de emergencia no se convierta en una fuente de inflación en el mediano y largo plazo”, agregó. Precisamente, la puesta en práctica de acciones coordinadas en ambos lados del Atlántico para contener la sangría de dinero de los mercados financieros ocupó el día de las delegaciones del Grupo de los 7 (G-7) países avanzados (Estados Unidos, Canadá, Japón, Inglaterra, Alemania, Italia y Francia) y las instituciones financieras multilaterales. El presidente Bush, quien en tres meses dejará la Casa Blanca, dijo por la mañana, en una reunión con los ministros de Finanzas del G-7, ofreció una “respuesta global” a la crisis de crédito que llevará a un camino de estabilidad y crecimiento “de largo plazo”. Como a lo largo del día hicieron el FMI y ministros de finanzas de naciones desarrolladas, no hubo en el discurso del presidente de Estados Unidos una enumeración de acciones concretas para contener la crisis que ha congelado el crédito en el sistema financiero internacional y que, sólo en la última semana, redujo en una quinta parte el valor de la bolsa de Nueva York. Esa pérdida equivale a 2.5 billones (millones de millones) de pesos, poco más del doble del producto interno bruto de México, que es de 1.1 billones de dólares. El FMI, por su parte, insistió en la necesidad de que las acciones para enfrentar la crisis “sean coordinadas” entre Estados Unidos y Europa, aunque por ahora las propuestas no han logrado llegar al detalle, que es lo que esperan los mercados financieros. Juan Caballero y Osio info@eurekakids.net
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