vivachile2005
Ene 22, 2005, 6:31 PM
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El grotesco caso Granda sería la causa de nuestro problema con Venezuela en la misma medida en que la guerra de independencia se debiera a la insolencia con que el chapetón negara el préstamo del florero para agasajar a don Antonio Villavicencio. La historia organiza simulacros de floreros y bandidos para distraer a las almas elementales. Así que más allá de los hechos y sus interpretaciones idiotas, corresponde penetrar en la profunda lógica histórica que explica por qué pasa lo que nos pasa. Desde el Ministerio del Interior y de Justicia advertimos que la clave de nuestras relaciones con Chávez se encontraba en el Foro de Sao Paulo, y en la conspiración comunista que allá se fraguaba para la toma del continente. No estuvo bien invadir la órbita ajena, pero al menos nos consuela haberlo dicho sin ambages: Chávez nos quiere organizar un golpe de estado, similar al que pudo dar en Venezuela con las urnas y acaba de refrendar con el fraude. La tentativa es de vieja data. El inspirador octogenario del camarada presidente tiene por Colombia una viejísima apetencia. Cuando miembro de la juventud comunista vino a Bogotá para sabotear la Conferencia Panamericana con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, ya estaba dominado por esa obsesión geopolítica. Por eso armó a las FARC, al ELN, al EPL, al M-19 y a todos los grupos de bandidos que han azotado la nación con la prédica de la revolución popular. Y ahora, en el lánguido otoño que le pronosticara su amigo García Márquez, se encuentra con la sorpresa de que puede revivir aquellos sueños de la revolución en Colombia. Y le sirve a sus propósitos un farsante ignorantón, carente de cualquier escrúpulo moral, dueño de un país y forrado en oro. Chávez no leyó nunca El capital, y tampoco lo entendería de leerlo; no tiene dares ni tomares con un tal Hegel y su complicadísima dialéctica y detesta a Feurbach, no porque objete su materialismo histórico, sino porque se le complica pronunciar ese apellido. Pero es comunista, es ''bolivariano'', tiene las armas, los dólares, los aduladores, el cinismo y tal vez las agallas para ser el perfecto instrumento del dictadorzuelo cubano. Chávez y Castro saben que no hay dictadura sin armas. Y por eso aman a las FARC, y por eso les preocupa que acabemos por derrotarlas, como ocurrirá fatalmente si no llega en su auxilio un aliado muy poderoso. Como ellos mismos, por ejemplo, distrayendo las energías de Colombia en un conflicto internacional, mientras sus agonizantes aliados cobran nuevos aires y mientras sobre un país en caos puede sobrevenir el absurdo de un gobierno de la extrema izquierda. Así examinado el tema Granda, cobra toda su fabulosa importancia. Le permite a Chávez engañar a la opinión pública interna, y servirse del incidente para apretar a la oposición antipatriótica y traidora, que es lo que siempre quisieron los tiranos. Los diputados que no se levantaron para aplaudir su ridículo discurso la pasarán muy mal desde hoy. La censura de prensa ha encontrado el pretexto ideal y la persecución a los empresarios, esos gusanos que compran productos colombianos, se hará desde ahora en nombre de la soberanía mancillada de Venezuela. Cerradas las fronteras al tráfico civilizado y creador del comercio, se abrirán de par en par para las armas, las bombas, la propaganda y el dinero que apoye la extrema izquierda. Los petrodólares brotarán sin pudor para apoyar más huelgas y protestas. Y los congresos bolivarianos, con amplia delegación de las FARC, se repetirán sin descanso. Grave asunto tenemos entre manos y nunca estuvo la patria en más grave peligro. Pero la sentencia de Churchill que arriba recordamos nos viene como anillo al dedo. El presidente Uribe lo sabe y los colombianos habremos de rodearlo, sin olvidar que no tenemos conflicto con nuestros hermanos de Venezuela, víctimas como nosotros de los delirios enfermizos de los dos sobrevivientes de una especie que muchos creyeron extinta: la de los dictadores caribeños con ínfulas comunistas.
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