dioshomosexual
Oct 9, 2008, 1:43 PM
Reportar Abuso
|
Nueva York, 8 de octubre 2008. “¿Ya están brincando los ejecutivos desde los edificios de Wall Street? Ojalá vayan y los arresten antes de que lo hagan, hijos de la chingada”, dice un neoyorquino leyendo los titulares de los periódicos hoy. Algunos de esos ejecutivos hicieron poco para cambiar la ira popular cuando se presentaron en audiencias ante el Congreso esta semana, donde intentaron justificar sus decisiones que resultaron en la crisis financiera más grande desde la Gran Depresión. Richard Fuld, ejecutivo en jefe de Lehman Brothers, uno de los cinco bancos de inversiones más grandes que entró en quiebra en 15 de septiembre, no tenía respuesta cuando el representante Henry Waxman lo interrogó así: “Su empresa ahora está en bancarrota y su país en un estado de crisis, pero usted se queda con sus 480 millones (la remuneración que ha ganado en sus años como jefe de la empresa). ¿Usted cree que eso es justo?.. Es casi inimaginable para tanta gente”. Ahí se reveló que cuando un ejecutivo de bajo rango sugirió que los ejecutivos de Lehman deberían considerar anular su ingreso adicional, el jefe de inversiones globales de la empresa, George Walker, quien resulta ser primo del presidente George W. Bush, envió una disculpa por permitir que haya circulado tal sugerencia. Cuatro días antes de declararse en bancarrota, el comité ejecutivo de compensaciones de la empresa recomendó que tres ejecutivos que se retiraban deberían ser premiados con 20 millones de dólares. Detrás de Fuld en el público de la audiencia, había pancartas en las que se leía “Vergüenza” y “Limiten la avaricia”. Ayer, frente al mismo comité del Congreso, le tocó el turno a los ejecutivos de la gigantesca aseguradora AIG. Fueron interrogados sobre cómo era posible que seis días después de que los contribuyentes del país habían rescatado la empresa con 85 mil millones de dólares, los ejecutivos gastaron 500 mil dólares de la empresa para relajarse en un hotel de lujo en las playas de California, donde ocuparon 60 habitaciones. Ahí gastaron 200 mil para los cuartos, 150 mil para comidas, 10 mil en el bar, y 23 mil en el spa. “Estaban consiguiendo sus manicures, sus faciales, sus pedicures y sus masajes mientras que el pueblo estadunidense estaba pagando la cuenta”, declaró el representante Elijah Cummings al interrogarlos. Sin embargo, hoy se anunció que la Reserva Federal estaba otorgando otro préstamo de 38.7 mil millones a AIG. De pronto, parece, los que antes eran admirados como los “maestros del universo” ahora son los villanos de esta historia junto con varios de sus cuates en la cúpula política. Nadie sabe si el rescate financiero funcionará, pero la ira y desconfianza popular contra la cúpula política y económica del país es palpable en las calles (no es por nada que la Casa Blanca republicana y el Congreso demócrata registran sus niveles más altos de desaprobación en la historia en las encuestas). Que ambos candidatos presidenciales, que el liderazgo demócrata y la Casa Blanca republicana y una mayoría de ambos partidos afirmen, al unísono, que entregar miles de millones al sector más rico del país para beneficio de todos los demás, con esa consigna de que “no es para Wall Street, sino para Main Street”, sigue sonando hueco y algo sospechoso. Mike Lupica, columnista del New York Daily News, lo expresa cuando escribe: “en momentos de crisis el liderazgo del país es una vergüenza... Hablan de miles de millones y billones a gente que se está ahogando en deudas de tarjetas de crédito, que no logra conseguir préstamos para ir a la universidad, y menos pueden pagarlas, que ya no tienen con qué pagar la gasolina para sus coches... Ya nadie les cree más”. O Michael Moore, el cineasta, quien escribe que “los 400 estadunidenses más ricos... tienen más que los 150 millones de estadunidenses de abajo. Cuatrocientos estadunidenses ricos tienen más guardado que la mitad de todo el país. Su valor neto combinado es 1.6 billones. Durante los ocho años del gobierno de Bush, su riqueza se ha incrementado por casi 700 mil millones, el mismo monto que ahora están demandando que les demos para su ‘rescate’. ¿Por qué no mejor gastan la lana que ganaron con Bush para rescatarse a sí mismos? Aún contarían con casi un billón de dólares para compartir entre ellos. ¿Por qué razón se nos ocurre dar a estos barones rateros más de nuestro dinero?” Es el fin de una segunda edad “dorada”, dicen unos (la primera acabó con la Gran Depresión); otros que es el fin de una economía encabezada por los autoproclamados “maestros del universo”, los ejecutivos del sector financiero que se presentaban casi como dioses, encargados de lo que ahora muchos dicen que fue más bien un caxzxino. El momento recuerda una conversación ficticia sobre la economía ficción del mundo financiero especulativo. Gordon Gekko, el multimillonario inversionista en sus oficinas de lujo en Nueva York le dice a su aprendiz Bud Fox que Wall Street es “una ilusión que se ha vuelto real”. El aprendiz le pregunta acerca de los límites de la avaricia, “¿Pero cuánto es suficiente?”, furioso porque Gekko está por comprar una aerolínea sólo para destruir la empresa como negocio; empresa donde trabajan el padre de Fox y otros sindicalizados que perderán sus empleos. Gekko le responde que si no sabía que “el 1 por ciento del país es dueño de 50 pro ciento de la riqueza”, y que ese más de 90 por ciento del país ha sido convencido que así es el mundo. “Yo produzco nada”, dice, sino que sólo juega con lo que ha sido creado por otros. Y acaba: “A poco eres tan ingenuo que crees que vivimos en una democracia. Esto es el libre mercado”. Gekko, personaje actuado por Michael Douglas por lo cual ganó el Oscar, y Fox, actuado por Charlie Sheen (su padre en la vida real, Martin Sheen, tiene el papel de su padre aquí también) fueron parte de la película Wall Street dirigida por Oliver Stone hace 20 años. Washington, DC, 7 de octubre de 2008. La gigantesca crisis financiera organizada por los agiotistas de Wall Street que se recrudeció a partir del mes de septiembre de 2008 en Estados Unidos “ya tiene un componente global”, aseguró aquí el agiotista Fondo Monetario Internacional (FMI). “Los riesgos han aumentado en todos los sentidos”, afirmó el siniestro organismo, el mismo día en que Wall Street acumuló una pérdida anual no vista en siete décadas, y en la mayoría de las plazas bursátiles el precio de las acciones siguió a la baja. El usurero organismo aseguró que “el riesgo” ha aumentado a medida que se desacelera el crecimiento de las economías avanzadas y pierde impulso la expansión de los países emergentes. Entre las naciones en desarrollo, las más vulnerables son, dijo, las que dependen más de las corrientes de capital de corto plazo “o las que tienen sistemas bancarios financiados internacionalmente”. No lo mencionó, pero en México 90 por ciento de los activos bancarios están en poder de firmas extranjeras. “El riesgo más significativo es el empeoramiento del círculo vicioso entre el sistema financiero y la economía real”, declaró Jaime Caruana, director del departamento monetario y financiero del FMI. Su afirmación sólo anticipa lo que ocurrirá en los siguientes días. El organismo publicará este miércoles sus estimaciones sobre el comportamiento de la economía mundial para éste y el siguiente años y ya se prevé que habrá un recorte importante en la expectativa de crecimiento. Lo dijo hoy mismo John Lipsky, subdirector gerente del organismo. “Existe un riesgo real de que la economía de Estados Unidos se contraiga en los próximos trimestres, antes de subir el próximo año”, apuntó, en una declaración interpretada en el sentido de que el FMI espera una recesión de la mayor economía del planeta. En la raíz de todo está la crisis del sistema bancario estadunidense, la cual, expuso Caruana, ya no afecta sólo a los créditos hipotecarios “basura”, aquellos que fueron concedidos por los bancos sin garantía en medio de una burbuja de dinero barato, que explotó cuando falta un mes para la elección presidencial en este país. Las pérdidas ya se observan tanto en las llamadas hipotecas subprime, o de alto riesgo, como en las de los deudores calificados con triple A, los usuarios de préstamos al consumo y los corporativos. Turbulencia sin precedente El total de pérdidas que acumula el sistema financiero estadunidense llega a 1.4 billones (millones de millones) de dólares. Es una cantidad que supera al producto interno bruto (PIB) de un país como México, que es de 1.1 billones de dólares. Pero además de esas pérdidas ya acumuladas, Caruana dijo hoy que el sistema bancario de Estados Unidos requerirá al menos una inyección de 675 mil millones de dólares (60 por ciento del PIB de México) en los próximos cinco años para que el crédito pueda crecer. La expansión de la crisis bancaria estadunidense a Europa se ha dado por el hecho de que, como explicó hoy Caruana, de los 1.4 billones de créditos perdidos por bancos estadunidenses, un 40 por ciento, esto es, 416 mil millones de dólares, corresponden a títulos de instituciones de Estados Unidos que habían comprado bancos europeos. Por eso es que el FMI pidió hoy “una acción concertada” entre los distintos países para hacer frente a la situación que vive hoy el sistema financiero mundial el cual, sostuvo Caruana, “ha entrado en una turbulencia sin precedente en la que la situación sigue siendo frágil”. Bancos europeos, infectados con activos tóxicos Además de la danza de cifras y la confirmación de que los bancos europeos están infectados con los “activos tóxicos”, como se ha llamado a los créditos perdidos de los bancos estadunidenses, Caruana aportó un elemento adicional de que el actual sistema financiero internacional no puede salir por sí mismo de la crisis en que se metió. “La preocupación sobre el crédito se ha ampliado a todos los activos financieros”, explicó al presentar hoy el Reporte sobre la estabilidad financiera internacional, el primero de los documentos que tradicionalmente se hace público en la reunión anual del FMI y el Banco Mundial, que se realiza esta semana. “El financiamiento se ha paralizado”, añadió. El economista expuso que “cada vez es más difícil” encontrar una “solución privada” a la actual crisis financiera. “La acción de las autoridades no ha reducido la inquietud de los mercados”, añadió. Implícitamente se refirió al paquete de 700 mil millones aprobado en Estados Unidos para rescatar de la bancarrota al sistema bancario, a los anuncios del fin de semana pasado de autoridades europeas de emprender acciones para proteger a sus instituciones bancarias y de nuevas inyecciones de capital al sistema por parte de bancos centrales de Estados Unidos y Europa. Después de casi tres décadas de postular las bondades del libre mercado –dejar hacer, dejar pasar– ahora se piensa distinto en la esquina de las calles 19 y G de Washington, a dos calles de la Casa Blanca, la sede del FMI. “Bajo esta inestabilidad sin precedente, para restablecer la estabilidad financiera se requiere […] fortalecer el capital de las instituciones bancarias viables, y reforzar los activos problemáticos con el uso del balance del sector público”, planteó Caruana. El balance del sector público es la diferencia entre los ingresos y los egresos del sector público. La obtención de superávit fiscales ha sido una de las recomendaciones más firmes del FMI cuando una nación enfrenta una crisis, y es una de las expresiones de las políticas de ajuste que suele imponer el organismo a los países cuando les ofrece préstamos. “Pensamos que por cierto tiempo será difícil que el sector privado pueda resolver la situación, así que estamos pensando que quizá sea necesario recibir asistencia del sector público para que pueda ocurrir la recapitalización” del sistema bancario, manifestó Caruana. El reporte presentado hoy por el FMI abunda: “El sistema financiero mundial ha entrado en una nueva fase de crisis, en la que se han incrementado las preocupaciones sobre la solvencia al grado de que mayores recursos públicos han sido comprometidos para contener los riesgos sistémicos y las consecuencias económicas”. Las crisis bancarias no son novedad. La de México en 1995 provocó una transferencia de recursos públicos para salvar a las instituciones por un monto equivalente a una quinta parte del PIB, mientras el sistema pasó a manos de firmas extranjeras. Aquí mismo en Estados Unidos se registró a mediados de los 80 otra entre instituciones de crédito y ahorro, con pérdidas por 230 mil millones de dólares. La del sistema bancario japonés (1990-1999) tuvo un costo de 750 mil millones de dólares; la de bancos asiáticos entre 1998 y 1999 provocó quebrantos por 400 mil millones de dólares. En todos los casos, se trata de cifras actualizadas por el FMI a dólares de 2007, para hacerlas comparables. En Estados Unidos esta crisis ya acumula un costo estimado de 1.4 billones de dólares. Es una cantidad que equivale a 35 por ciento del producto interno bruto de este país, indicó el FMI. Quedó claro tanto en las declaraciones de los directivos como en el reporte del organismo que la crisis no ha tocado fondo. Y este martes el promedio Dow Jones de la bolsa de Nueva York acumuló una pérdida de 29 por ciento en el año, el peor resultado en 71 años. Docenas de miles de millones para salvar a los bancos; nada para salvar a las personas Se trata de operaciones que solo agravan el problema. En primer lugar, porque lo que hacen los bancos con esa liquidez es continuar con lo que hoy día saben y les conviene hacer: especular con productos financieros muy arriesgados (como las hipotecas subprime o los “paquetes” compuestos con ellas) que son los que han provocado la crisis. Y, en segundo lugar, porque así no abordan la cuestión de fondo fundamental: acabar de una vez con la regulación tramposa que ha permitido que las finanzas internacionales sean un auténtico espacio opaco de chanchullos, de engaños, de corrupción, de opacidad y de riesgo extraordinario aunque muy rentable para los bancos y especuladores. Juan Torres López* El Banco Central Europeo acaba de inyectar docenas de miles de millones de euros en los mercados para salvar a los bancos. Solo 70.000 millones en un solo día, y muchos más en los anteriores y siguientes. La Reserva Federal ha hecho exactamente igual: llegó a inyectar 50.000 millones de dólares en una jornada, y tamben otros muchos miles de millones de recursos públicos para hacerse cargo de las pérdidas de bancos en quiebra o para refinanciar a otros que están hasta el cuello como consecuencia de sus operaciones arriesgadísimas. Es verdad que estos bancos centrales no ponen dinero a disposición libre de los bancos en crisis, sino que lo que hacen es proporcionar financiación, la mayoría de las veces a través de fórmulas muy sofisticadas, que en realidad no suponen que aumente la disposición efectiva de dinero de quien lo recibe. Pero, en cualquier caso, estas inyecciones de liquidez en los mercados suponen una válvula de escape para los bancos, que gracias a ello pueden seguir realizando sus operaciones habituales y, en consecuencia, continuar obteniendo nuevos y más altos beneficios. Se trata de operaciones que solo agravan el problema. En primer lugar, porque lo que hacen los bancos con esa liquidez es continuar con lo que hoy día saben y les conviene hacer: especular con productos financieros muy arriesgados (como las hipotecas subprime o los “paquetes” compuestos con ellas) que son los que han provocado la crisis. Y, en segundo lugar, porque así no abordan la cuestión de fondo fundamental: acabar de una vez con la regulación tramposa que ha permitido que las finanzas internacionales sean un auténtico espacio opaco de chanchullos, de engaños, de corrupción, de opacidad y de riesgo extraordinario aunque muy rentable para los bancos y especuladores. Estas dos circunstancias son las que permiten afirmar sin ningún género de dudas que los bancos centrales han sido, primero, corresponsables de la crisis (por haber establecido la regulación que ha permitido que pase lo que ha pasado); luego, cómplices de los bancos que han llevado a cabo las operaciones que han provocado la crisis (por hacer oídos sordos a las demandas de intervención que se se han hecho para evitar las corruptelas y el riesgo); y, a la postre, pirómanos metidos a bomberos (por aplicar políticas y tomar decisiones que no hacen sino alimentar la crisis que dicen abordar). Por todo ello, los bancos centrales, sometidos como hoy día lo están a la ideología ciega de los neoliberales que los gobiernan, se han convertido en unas instituciones verdaderamente negativas y peligrosas para la estabilidad de la economía mundial. Pero no solo por esas razones. Hay que tener muy poca vergüenza, una falta de sensibilidad infinita y un cinismo visceral para estar haciendo todo eso para favorecer a los bancos propiedad de los más ricos del mundo y, al mismo tiempo, no tener más discurso que demandar salarios más bajos y austeridad para los que menos tienen. Y, por supuesto, hay que tener una sangre muy especial para ser capaces de estar proporcionando a los mercados bancarios cientos de miles de millones de dólares de financiación privilegiada y no tener ni un miserable euro, ni un podrido dólar para ponerlo a disposición de los 900 millones de hambrientos del planeta, de las poblaciones pobres de Haití, de Cuba que padecen los destrozos de los huracanes o de otros países que pasan sufrimientos de todo tipo. Tienen todo el poder y el dinero, pero carecen de la generosidad y de la sensibilidad que diferencia a los seres humanos de los animales. Son eso, animales programados solamente para ganar dinero: dispuestos a darlo todo para salvar a los bancos, pero incapaces de dar nada para salvar a las personas. Lo que está pasando en nuestro planeta es realmente increíble: los organismos internacionales, las ONG, miles y miles de personas reclamamos solidaridad, ayuda, cooperación, un reparto más equitativo de la riqueza, sensibilidad ante e sufrimiento ajeno. Y los gobiernos y los bancos siempre dicen lo mismo: que no hay dinero, que hay que recortar gastos, que no es bueno que los estados intervengan… Lo contrario de lo que hacen cuando los necesitados son los ricos. Entonces, todo es ayuda y los discursos de antes se olvidan. Un discurso cínico y criminal contra el que es preciso que los ciudadanos nos rebelemos de la manera que sea con toda nuestra fuerza. Crisis del capitalismo: Hacia el fin de la era neoliberal El capitalismo otra vez está en crisis. Los medios frenéticamente anuncian el Apocalipsis financiero now, resucitan las viejas tesis de la crisis terminal del capitalismo, esa que muchos pensadores de izquierda han pronosticado por generaciones, el Fondo Monetario, Soros, economistas de todos los rincones del planeta se adelantan a sugerir que ésta sería una de las peores crisis que haya enfrentado el capitalismo. Independientemente de lo anterior es importante entender -en la medida de lo posible- las dimensiones, causas y reales consecuencias de semejante acontecimiento que convulsiona al planeta entero. Pero, quizás, antes de ello deberíamos partir reconceptualizando el sistema capitalista, cuál es su esencia y su razón última: el alfa y omega de tan cuestionado sistema. Muchos lo entienden como la empresa privada o la propiedad privada, la explotación del hombre o el gobierno de la derecha, las teorías de Adam Smith o de Milton Friedman, la ley de la oferta y la demanda o la "mano invisible". Sin embargo y para ir mucho más al núcleo fundamental, aunque en todas esas caracterizaciones haya parte de la verdad, el sistema capitalista es en esencia un orden político, social y económico que se sustenta en la búsqueda del lucro para todo capital que pueda obtener una rentabilidad. Es decir, obtener un beneficio mayor por sobre la inversión y de allí, atesorar ganancias sobre ganancias. Es decir, los valores que mueven al mundo capitalista son nada menos que esos viejos y desacreditados pecados capitales como la avaricia -afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas- o la codicia -afán excesivo de riquezas. El orden mundial está sustentado -hoy más que en ninguna otra época- sobre este tipo de comportamientos que no provienen precisamente del conjunto de virtudes humanas -siempre tan escasas- sino más bien de sus antípodas. Podrán ser desacreditadas las tesis de Smith o Friedman y podrán desaparecer la propiedad privada, la economía de mercado y los gobiernos de derecha, pero si continúa el lucro como razón de ser de la sociedad humana, seguirá prevaleciendo el capitalismo y se encontrarán las instituciones adecuadas para su realización. El lucro es en definitiva -y en simples palabras- la verdadera razón de la crisis actual. Así lo entiende profundamente la Presidenta Bachelet quien se permitió decir esto ante las naciones del mundo. Bien por ella, pero, podría también decirle eso mismo a las AFP chilenas, a los grupos económicos que en Chile depredan el medio ambiente y explotan a los trabajadores debido a su insaciable codicia. Mal que mal, Chile es el paradigma del capitalismo salvaje y la tierra donde la avaricia y la codicia campean a su antojo, así como medraron las bestias en el principio de los tiempos. Pero, nadie es profeta en su tierra y si la presidenta lo hiciese, corre el riesgo de bajar mucho en las encuestas de La Tercera y El Mercurio y de allí, la Concertación podría perder las elecciones. Para quienes no somos más que simples economistas, no se nos está permitido hablar con tanta liviandad acerca de situaciones tan complejas y fenómenos tan entreverados. No sería serio y pecaríamos de una enorme falta de prolijidad profesional. De allí que tengamos -forzosamente- la tarea de hacer esfuerzos mayores de comprensión y explicación de tales situaciones. Es necesario por lo demás, puesto que es mucho lo que se dice y escribe al respecto, mas es muy poco lo que se puede entender. Vamos por parte. En la actualidad -y en términos macroeconómicos- el capital tiene dos grandes ámbitos para realizar ganancias: la economía real y/o la economía financiera. Es decir, puede invertir en una planta lechera, en una mina de cobre, en una empresa de transporte, o en cualquier otra actividad que signifique producir algo que tenga consistencia física o intangible, como por ejemplo, un servicio de transporte o una empresa de contabilidad que no le dan nada material pero que sí prestan una utilidad, sirven. El ritmo de maduración de estas inversiones depende del tipo de actividad, pero, obviamente no es inmediato. Si invertimos en plantar tomates, debemos esperar el tiempo de cosecha que no será nunca antes de seis meses. La alternativa es el mundo de las finanzas. Hoy por hoy, en ese mundo ya casi virtual, los tomates se cosechan de la noche a la mañana y los árboles crecen en fracciones de segundo. ¿Nada mal no? el mundo feliz, la gallina de los huevos de oro, la lámpara de Aladino, la cueva de los cuarenta ladrones, el reino de Midas y todas esas fantasías infantiles que hacen soñar con una vida más fácil y sin los sinsabores de la sentencia bíblica "ganarás el pan con el sudor de tu frente". En la actualidad y gracias a las características del sistema financiero global, es posible ganar mucho más -y en más corto tiempo- que en actividades reales y vamos a ver la razón de esto. En todo caso, si a la codicia como valor supremo de la humanidad capitalista le añadimos las características actuales del mercado financiero, vamos a comprender mejor las causas de la crisis actual: ¿Para qué vas a ganar 100 si puedes ganar 500? ¿Para qué vas a producir leche si puedes comprar instrumentos financieros que rentan mucho más? El primer problema es que los instrumentos financieros no se comen y los tomates sí, las acciones en bolsa no contienen los nutrientes que tiene la leche y que los niños del mundo necesitan para su alimentación; el segundo problema es que cuando se invierte el dinero en acciones o instrumentos financieros, se deja de invertir en la producción de leche o de trigo y, en consecuencia, hay menos actividad económica, menos empleo, menos leche y más hambre, más desempleo y más pobreza. Según Lynn Walsh, editor de la revista Socialism Today, durante el período 1980/90, los capitalistas aumentaron sus ganancias a través de la intensificación de la explotación de los trabajadores, pero, la inversión de capital ha caído a niveles históricos. Es decir, ha habido un excedente de ganancias no invertidas en la creación de bienes de capital para la producción real y este excedente ha sido una de las principales fuentes de dinero que se ha introducido en el sector financiero. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en las últimas décadas. No son pocos los especialistas que afirman que hoy la economía capitalista, en su conjunto, no es nada más que un enorme cazino, en donde los ricos del mundo van a jugarse el ahorro y la riqueza del planeta: algunos perderán, pero otros van a ganar y mucho. Mientras tanto, el ahorro de los trabajadores que ponen sus fondos de pensión en las AFP y que éstas a su vez arriesgan en los mercados financieros, se va distribuyendo etapa por etapa: una parte para las utilidades de la AFP; otra para pagar las comisiones de los operadores financieros que transan las acciones o instrumentos financieros que la AFP compra; y una no despreciable porción para sustentar los costos de operación -luz, agua, arriendos, almuerzos, viajes, materiales para oficinas lujosas, etcétera- y los sueldos de los ejecutivos de bancos y fondos de inversión que transan esos instrumentos financieros. Todo ello con una promesa altamente riesgosa de incrementar el fondo para su pensión, es decir, con una alta probabilidad de que no sea cierto. Si se materializa, bien para el trabajador, para los operadores financieros, los bancos y la AFP, si no, mal solo para el trabajador, puesto que la AFP ya cortó su parte, los ejecutivos de los bancos ya recibieron sus salarios, los costos de operación ya se pagaron y las comisiones ya se cobraron. Todo ello con los fondos que se les obliga a los trabajadores a proveer para sus futuras pensiones. Así como los trabajadores que ponen sus fondos previsionales en una AFP, también hay otras personas que ponen sus ahorros en bolsas de comercio y fondos de inversión que corren la misma suerte. Datos estremecedores que permiten sustentar estos argumentos: el sector financiero ha sido el de más rápido crecimiento en la economía mundial. A principios de los ochenta, el total de activos financieros (acciones, bonos, préstamos, hipotecas) era aproximadamente igual al Producto Interno Bruto mundial (PIB), es decir, igual a toda la riqueza del planeta. Al final del 2005, era equivalente a 3,7 veces el PIB mundial, es decir, casi cuatro veces la riqueza global, lo que significa que no hay suficientes aviones, tomates, zapatos, trigo y leche, en el mundo, para hacer efectivo el valor de todos los activos financieros. Unos cuantos hombres de negocio tienen en sus manos la riqueza del planeta que se produce hoy y que se producirá en los próximos 4 años. En ese mismo período de tiempo, el valor nominal de los derivados financieros -que son instrumentos o contratos cuyo valor deriva del que tienen los activos financieros- representó tres veces el valor del total de activos financieros y 10 veces el PIB mundial (Lynn Walsh).
Lo que vemos claramente en los últimos años, es que los dueños del capital no solo han acumulado cada vez más riqueza, también han buscado mayores rentabilidades a través de la especulación financiera y menos en la producción real. Esto porque de alguna manera, el ciclo de negocios en la economía no financiera se ha ido reduciendo y estrangulando, entre otras cosas, por la creciente concentración de la riqueza que limita la expansión de la demanda y por la disminución de la productividad de los ecosistemas naturales al ser sometidos a sobre explotación. Todo ello reduce la tasa de ganancia en la economía real empujando a los capitalistas hacia la especulación financiera. Esto, a su vez, refuerza la perdida de dinamismo de la economía real al reducirse las inversiones pues el capital migra hacia el mercado financiero. Vemos claramente cómo la avaricia se ha desplegado por el mundo sin cortapisas y cómo ello ha desviado una riqueza gigantesca de la producción real y útil, tangible o intangible, para sustentar una orgía miserable y cruel de lucro y acumulación, mientras el desempleo, la pobreza, el hambre y la desigualdad cunden como reguero de pólvora. Dato curioso y francamente insultante: para combatir la hambruna que aqueja a más de 800 millones de personas, las naciones del mundo recolectaron 16 mil millones de dólares, mas, para resolver la crisis financiera del Wall Street el gobierno estadounidense asignó 700 mil millones de dólares -amén de todos los gastos que ya ha hecho ese país y otros del mundo desarrollado que suman una cifra similar-, es decir, 44 veces más para continuar el desenfreno absurdo de Wall Street que para enfrentar el hambre de los más necesitados ¿Perro mundo no? El Detonante de la Crisis: las Hipotecas Subprime Como se ha repetido hasta el cansancio, a esta crisis se le ha denominado la crisis subprime y dice relación con préstamos hipotecarios que hizo la banca norteamericana a personas que eran incapaces de hacer frente a sus obligaciones. Como sabemos, en el año 2001 hubo otra crisis financiera conocida como la "burbuja Internet" que se desarrolló debido a la entrada exitosa en las bolsas de comercio de las empresas de Internet -en Estados Unidos con Yahoo y Amazon y en España con Terra- gracias a las elevadísimas expectativas de negocio que se basaban en proyecciones demasiado optimistas en cuanto al número de usuarios que se iban a captar. Pues bien, éstas no se materializaron, lo que llevó a la caída del financiamiento y fue causa de otra crisis de liquidez. Entonces, la Reserva Federal -el Banco Central de Estados Unidos- para aportar liquidez al sistema hizo caer en dos años el precio del dinero desde un 6,5% a un 1%, lo que constituyó un fuerte incentivo para expandir el crédito, dado el bajo costo que la Reserva Federal le cobraba a los bancos y a los fondos de inversión por el dinero prestado. Esto favoreció el mercado inmobiliario y contribuyó a que, en 10 años, el precio real de las viviendas se multiplicara por dos en Estados Unidos, gracias a la mayor demanda que la disponibilidad de préstamos favorecía. Si a lo anterior agregamos el hecho de que, durante años, las tasas de interés vigentes en los mercados financieros internacionales han sido considerablemente bajas, podemos entender la necesidad de los bancos por aumentar la oferta de créditos para compensar la disminución de sus márgenes de ganancia que significaba la caída de la tasa de interés. La racionalización lógica de la expansión de créditos inmobiliarios a personas insolventes era muy simple: como son más riesgosos, les cobramos más interés y si pagan, bien, pero si no pagan nos quedamos con las casas cuyos precios considerablemente más altos nos permitirán recuperar el dinero prestado y ganar un excedente. El error es obvio, los precios de las casas estaban siendo empujados hacia arriba, entre otras cosas, por el aumento de los créditos hipotecarios de mala calidad que hacían subir la demanda y, en consecuencia, el precio y la oferta futura de casas. Es decir, un boom inmobiliario artificialmente construido. Estos créditos hipotecarios se denominan hipotecas subprime, en contraposición a las denominadas hipotecas prime que tienen muy bajo riesgo de insolvencia, puesto que sus deudores son clientes con trabajo, activos e ingresos estables. Ahora bien, el aumento en el número de operaciones de los bancos, no lo podían solventar cos sus propios recursos, por lo que, gracias a la Globalización que mantiene en línea a todos los mercados financieros del mundo, pudieron recurrir a la banca internacional para obtener los fondos necesarios. Esto, en virtud del mercado interbancario -que es donde los bancos se prestan dinero unos a otros. Sin embargo, con ello debilitaban el cumplimiento de las llamadas Normas de Basilea que le exigen al banco un capital no inferior a un determinado porcentaje de sus activos -en los que se incluyen los préstamos que otorgan. Eso fue precisamente lo que estaba ocurriendo: el aumento en los créditos hipotecarios de alto riesgo les hacía quebrantar dichas normas. Para salvar la situación, los bancos actuaron implementando dos operaciones articuladas mutuamente: primero, creando los denominados conduits, que consisten en filiales de los bancos bajo la forma jurídica de fondos de inversión que, gracias a la normativa hoy vigente, no estaban obligados a mostrar balances consolidados con los bancos que los habían creado y que pertenecían al mismo dueño; segundo, creando la llamada "Titulación" que consiste en la invención de un nuevo instrumento financiero que no es nada más que un paquete de deudas hipotecarias, en los que se mezclaban tanto las prime como las subprime. En consecuencia, ahora el banco tenía un conjunto de nuevos instrumentos que se denominaban MBS (Mortgage Backed Securities) y que consistían en un conjunto de obligaciones garantizadas por la hipoteca de los inmuebles y que no eran más que canastas que agrupaban créditos de distinta categoría de riesgo. La gracia es que esto hacía que los MBS tuvieran un riesgo menor que las hipotecas subprime por si solas, dado que promediaban su riesgo con el de las prime. Con estos dos inventos financieros, el banco hacía que los fondos de inversión (sus conduits) compraran dichos instrumentos MBS y de esa manera lograba reducir mágicamente la vulnerabilidad en su cartera de créditos y aumentar la relación entre su capital y los créditos otorgados. Esto porque le vendían su cartera de clientes a sus fondos de inversión. Lo absurdo es que el banco y los fondos de inversión le pertenecían al mismo dueño, pero, de esa manera lograban cumplir con las Normas de Basilea. A su vez, estos fondos de inversión, mediante los créditos interbancarios conseguían los recursos para comprar los MBS y, por otra parte, vendían estos MBS a otros fondos de inversión, sociedades de capital de riesgo, aseguradoras, financieras, sociedades patrimoniales y administradoras de fondos de pensión. Ahora bien, para que todo esto pudiese operar "limpiamente" se requería del apoyo de las clasificadoras de riesgo, es decir, tenían que ser bien evaluados por las agencias de rating, que califican en función de la solvencia de los instrumentos financieros. Para vender los MBS altamente riesgosos a operadores como las sociedades de capital de riesgo, las AFP u otros fondos que buscaban rentabilidades más altas, entre otras razones porque eso implicaba recibir comisiones según la rentabilidad obtenida, los bancos conseguían de las agencias clasificadoras de riesgo, una recalificación de los instrumentos financieros. Para ello procedían a una nueva "Titulación" o reestructuración, esta vez de los MBS, creando nuevos paquetes pero de MBS que se denominaban tranches. Aquellos con mayor probabilidad de pago eran reclasificados en categoría AAA, es decir, con el menor riesgo, los más solventes. Estos MBS ordenados en tranches fueron rebautizados como CDO (Collateralized Debt Obligations), es decir, deudas colaterales pues se apoyaban en las características de otras deudas. El cuento sigue, puesto que con estos CDO creaban otros instrumentos como los CDS (Credit Default Swaps) ofreciendo más y más intereses sobre deudas hipotecarias de dudosa credibilidad. Todas estas operaciones tenían como punto de partida, o como hipótesis, el que las hipotecas subprime se iban a pagar y que el boom inmobiliario en Estados Unidos no se detendría jamás, aumentando constantemente el precio de los inmuebles. No obstante, a principios del 2007, los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron. Los deudores hipotecarios se dieron cuenta que estaban pagando por sus casas más de lo que ahora costaban y no pudieron o no quisieron seguir pagando sus deudas. Automáticamente, nadie quiso comprar MBS, CDO o CDS, y quienes ya los tenían no pudieron venderlos. Pérdida total. La crisis de credibilidad se instaló inmediatamente y los bancos debieron recurrir, una vez más, a los prestamos interbancarios, pero, o no conseguían créditos o lo hacían a tasas muy altas. En consecuencia, se produjo la temida crisis de liquidez, es decir, no había dinero, por lo que no se otorgaban créditos ni hipotecas, caía la demanda de las empresas constructoras, caía el precio de sus acciones en bolsa, empezaba a subir la tasa de interés y los deudores habitacionales empezaban a pagar más por la deuda, a las empresas menos solventes se les cerraba el acceso al crédito, los bancos se quedaban sin recursos y empezaban a vender acciones, bonos, edificios, y todo esto empezaba lentamente a repercutir en los precios y la demanda global, por lo que comenzaba a aumentar el desempleo, la inflación y a caer toda la actividad económica real. Es decir: recesión. Las Causas Profundas de la Crisis Muchos han sostenido que la causa de la presente crisis financiera es la denominada burbuja hipotecaria subprime. No obstante, eso solo corresponde al detonante de la crisis. Sus causas profundas dicen relación con el proceso de desregulación del mercado financiero, el comportamiento de las clasificadoras de riesgo y la conducta observada por los bancos centrales del mundo. En el sector financiero existe un conjunto de fondos de inversión libre no reglamentados que ap0eZZZtan a productos financieros con un elevado riesgo -conocidos como hedge funds- y un grupo de bancos de inversión autorizados a realizar operaciones en el mercado de capitales. Ambos hoy representan más de la mitad de todo el crédito, mientras que los bancos tradicionales están cada vez más comprometidos en acciones especulativas no reguladas, tales como los mecanismos de "Titulación" que no están obligados a informar en sus balances. Estas operaciones que cuentan con la complicidad de las autoridades políticas, fueron autorizadas por los cambios en la legislación gubernamental -la llamada "desregulación financiera"- al punto que hoy, la principal actividad de los bancos de inversión y de los hedge funds es comprar y vender deuda entre ellos mismos, obteniendo como es obvio, alguna ganancia entre cada operación. A esto ha contribuido, también, el desarrollo de la informática y de las telecomunicaciones que permiten operaciones financieras en línea y las 24 horas del día a través de todo el mundo. No obstante lo anterior, tal como lo sostiene Lynn Walsh, el factor más importante es de carácter político e ideológico. La "desregulación financiera" se inscribe en el cambio ideológico que operó durante las últimas tres décadas del pasado siglo, cuando se abandonaron las políticas económicas de inspiración liberal-keynesiana y se asumieron las recomendadas por la Escuela de Chicago de Milton Freidman. Una suerte de retorno a las políticas liberales de principios del siglo XX. Así también, es el resultado de la imposición asimétrica de las fuerzas políticas pro capitalistas en la mayor parte del mundo occidental y de la abdicación -y en muchos casos subordinación- de gran parte de las fuerzas políticas no capitalistas a la lógica del capital. La "desregulación financiera", es la hija predilecta de esas políticas económicas ultraliberales que han provocado las diferentes crisis que ha enfrentado el mundo en los últimos 30 años y, particularmente, la crisis subprime en curso. El mismísimo Fondo Monetario Internacional, en 1998, sostenía que las crisis que han llegado a tener efectos globales, se explican por los procesos de desregulación y liberalización financiera, así como por la innovación en los mercados de capitales de finales del siglo pasado y principios del siglo XXI, a más de otros causas. Girón y Correa sostienen que, entre los cambios financieros estructurales más importantes ocurridos en los últimos 30 años, es posible señalar: el acortamiento de los plazos en depósitos e instrumentos financieros y el desarrollo de un activo mercado secundario de títulos, lo que ha reducido considerablemente el plazo para la realización de la ganancia; el crecimiento de las prácticas de "Titulación" del crédito; el enorme crecimiento de las operaciones "fuera de balance" de los bancos, en particular con el uso de instrumentos derivados y la administración y el comercio de títulos de deuda; y el fortalecimiento de los fondos de inversión con un alto grado de concentración de activos financieros en manos de unos cuantos administradores que pueden mover grandes volúmenes en muy corto plazo. Todas estas transformaciones han conducido a características muy preocupantes del sistema financiero internacional, una de las cuales es la falta de transparencia, ya que nadie conoce realmente cuales son los riesgos asociados a las inversiones Otra característica aterradora que daña un fundamento crítico del sistema bancario -la honorabilidad de los compromisos, es decir, la certeza de que las deudas se pagan- es la separación entre los acreedores de deuda y quienes las arbitran, es decir, entre quienes las deben cobrar -los bancos- y los que transan títulos basados en esas deudas en mercados secundarios -los fondos o conduits- bajo el predicamento de que cuando una deuda está asegurada y se vende, no tiene ninguna relevancia el hecho de que los deudores originales estén capacitados o no para pagar dichas deudas. Según John Hoefle, la desregulación del sistema financiero estadounidense -que regenta a los mercados financieros del mundo- permitió que se fueran eliminando de manera sistemática las medidas legislativas proteccionistas que resultaron de la lucha política del presidente Roosevelt en contra los banqueros internacionales en los años treinta. Hoefle recuerda que, en 1993, la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), institución gubernamental responsable de regular los mercados a futuro, determinó que las transacciones de derivados efectuadas fuera de los mercados de valores, estarían exentas de toda regulación. Esto incluía operaciones de futuro de cualquier tipo, entre ellos los relacionados con los energéticos. Así también, en el 2000, se aprobó la Commodities Futures Modernization Act que dejó a ciertos derivados financieros huérfanos del control gubernamental y sin la supervisión de la CFTC.
Otra importante modificación que "desregulaba" la actividad financiera, mediante el eufemismo de la modernización de los servicios financieros, fue la Financial Services Modernization Act de 1999, que representó el mayor cambio en la regulación del sistema financiero norteamericano desde 1930. Esta ley creaba un nuevo tipo de entidades financieras denominadas Financial Holding Company (FMC), autorizadas para llevar a cabo actividades en valores, banca, seguros, así como también, en cualquier actividad calificada como financiera. De esta manera se quebrantaba la separación entre la banca comercial y la banca de inversión que estableció la Banking Act de 1933, debido a que en la época de la Gran Depresión, un gran número de quiebras bancarias se atribuyeron a la actividad especulativa de los bancos en el mercado de valores. El economista Emilio Ocampo agrega, además, que en el año 2004 fue relajada la norma que obligaba a los bancos de inversión como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers y Bear Stearns, a mantener una relación mínima entre endeudamiento y patrimonio. Esto llevó a que en el período 2003/07, la relación endeudamiento sobre patrimonio de Morgan Stanley pasara de 23 a 32 y lo mismo ocurrió con los otros bancos. En contraste, a fines de 2007, la deuda total de un banco comercial como JP Morgan (supervisado por la Reserva Federal) no excedía 12 veces su patrimonio. Según el informe Nº 78 del Banco de Pagos Internacionales (BPI) "es innegable que los cambios en el sistema financiero a lo largo de los años también han contribuido de forma importante al desenlace de los acontecimientos. En concreto, las numerosas innovaciones relacionadas con la propagación del modelo financiero basado en originar y distribuir riesgos han tenido una enorme influencia. Innovaciones recientes como los productos financieros estructurados se consideraron en un principio una buena manera de repartir los riesgos asumidos. Sin embargo, la forma en la que se introdujeron empeoró significativamente la calidad de la calificación del crédito en muchos mercados y produjo una clara falta de transparencia, lo que acabó generando una enorme incertidumbre sobre el volumen real de las pérdidas y su distribución. En efecto, las innovadoras técnicas financieras de «empaquetamiento» y redistribución de riesgos hacían que éstos fueran más costosos pero menos probables, al menos durante algún tiempo. En la práctica, esto suponía que los riesgos inherentes a los nuevos préstamos parecían desaparecer, elevando con ello las calificaciones, hasta que reaparecían de repente al materializarse una pérdida totalmente inesperada". El ya legendario premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, autor de textos de estudio que muchos economistas debimos revisar y aquilatar en nuestro años de estudio, en un artículo publicado por el diario El País en enero pasado, afirma que cuando Bush se hizo con la presidencia en el 2000 y los republicanos obtuvieron mayoría en las dos Cámaras del Congreso, el "conservadurismo compasivo" de Bush se tradujo en compasivos regalos fiscales a los plutócratas, además de una nueva desregulación de la contabilidad empresarial que les permitiría ocultar las pérdidas y exagerar los beneficios, mediante un manejo de los balances que violaban las estrictas normas de contabilidad creadas en los años anteriores a Bush. El profesor Samuelson continúa diciendo que "las bancarrotas y las ciénagas macroeconómicas que sufre hoy el mundo tienen directa relación con los chanchullos de ingeniería financiera que el aparato oficial aprobó e incluso estimuló durante la era de Bush". No menos importante ha sido el rol de los bancos centrales. El papel que éstos desempeñaron jugó también un factor crítico en esta crisis, puesto que, utilizando el mecanismo de tasas de interés anormalmente bajas, proveían a los grandes operadores con dinero fresco y a bajo costo para sus operaciones. Recuérdese que los bancos centrales actúan como prestamistas del sistema bancario y financiero, para lo cual establecen una tasa de interés que actúa como referente para las operaciones de crédito. En particular, la Reserva Federal -el Banco Central estadounidense- cada vez que se enfrentaba a una amenaza de inestabilidad, respondía con nuevas inyecciones de liquidez. Alan Greespan -largo tiempo a la cabeza de la Reserva federal- fue el artífice de esta política que hoy continúa Ben Bernanke. Por otra parte, la deuda de los gobiernos ha sido una de las bases más importantes para el crecimiento de los activos financieros. Algunos sostienen que el crecimiento del período 2001/07 fue alimentado por las bajas tasas de interés de Greenspan y los enormes déficits fiscales de Bush que hacían subir los títulos y los volúmenes de endeudamiento en el sistema financiero. Así también, el Banco Central Europeo, ha ido inyectando liquidez monetaria para que los Bancos puedan tener dinero. Torres López sostiene que los bancos centrales son en parte responsables de la crisis, en primer lugar porque a ellos corresponde la labor de vigilar la situación del negocio bancario, la de advertir del riesgo y prevenir sus consecuencias. No son pocos los instrumentos que tienen para realizar dicha tarea y tampoco es despreciable la información de que disponen sobre la situación financiera real que se estaba generando, pero, eligieron la complacencia y el silencio frente a la creciente volatilidad y el peligro cierto de recesión mundial que se estaba incubando; y en segundo lugar, porque los bancos centrales han utilizado la política monetaria -que es un instrumento de política económica- exclusivamente para controlar la inflación, olvidándose de cualquier otro objetivo, como el crecimiento de la actividad o el empleo, y han actuado como un soporte del sistema financiero aportándole liquidez para el negocio especulativo.
Como sostiene el Banco de Pagos Internacional (BPI), en los últimos años se han puesto claramente de manifiesto una serie de tendencias económicas y financieras inusuales, tales como el rápido crecimiento del dinero y del crédito, en el contexto de una inadecuada valoración del riesgo en forma generalizada. Las elevadas tasas de crecimiento monetario y crediticio registradas en todo el mundo por un largo período, entre otras causas, son el resultado de una política monetaria basada en tasas de interés oficiales extraordinariamente bajas en los últimos tiempos, en comparación con sus niveles de posguerra, lo que fue posible gracias a la mayor credibilidad que han tenido los bancos centrales durante los últimos años. Por otra parte, en esta crisis, las agencias clasificadoras de riesgo han sido francamente incompetentes o han incurrido en graves conflictos de intereses. Las aseguradoras de deuda que actúan como aval en todas las emisiones de deuda -denominadas Monline porque esa es su única actividad- que comenzaron asegurando deuda pública de instituciones oficiales en Estados Unidos y que desde hace algunos años decidieron ampliar su negocio y lanzarse a las emisiones privadas, avalando cualquier tipo de bono o instrumento financiero estructurado como los MBS, CDO o CDS, han perdido credibilidad y, en consecuencia, valoración en las bolsas de comercio. A estas incluso se les acusa de estar muy implicadas en el negocio y eso explica el que no les interesara mostrar la verdadera y peligrosa naturaleza de los títulos e instrumentos financieros. El descontento en contra de estas clasificadoras de riesgo se extiende por todo el orbe, puesto que fueron incapaces de prever el riesgo y siguieron clasificando con nota AA (de bajo riesgo) a instrumentos financieros contaminados con las hipotecas basura. Clasificadoras de riesgo como Moody's y Standard and Poor's, entre otras, otorgaron las calificaciones más altas (AAA) a instrumentos financieros que tenían como respaldo los famosos créditos subprime. Lehman Brothers -el gigante banco norteamericano caído recientemente- ostentaba una clasificación de bajo riesgo (AA) a pocos días de su estrepitosa quiebra. Las aseguradoras de riesgo norteamericanas más grandes del planeta - Fitch, Standard & Poor's y Moody's- han sido responsabilizadas por parlamentarios estadounidenses de la crisis y sus consecuencias. Más crudo fue The Wall Street Journal, quien ha señalado que estas aseguradoras no solo empujaron la crisis, sino que ganaron mucho dinero con los títulos contaminados con las hipotecas subprime. Las clasificaciones máximas de estos instrumentos financieros que otorgaban estas clasificadoras, les permitieron vender y colocar esos "instrumentos basura" a los bancos de inversión, a cambio -como no- de cuantiosas tarifas de mercado. Duración de la Crisis Ignacio Ramonet, citando al editorialista Martin Wolf del Financial Times, nos informa que las estimaciones van entre veinte años si tenemos suerte o menos de diez años si las autoridades actúan con mano firme. La verdad es que la dimensión del problema no está bien calibrada, aún hay mucha incertidumbre y eso se refleja en el frenético subir y bajar de las bolsas. Tampoco se sabe quienes son todos los afectados, cuántos bancos, cuántas AFP, cuántos fondos de inversión. Claramente, la duración de la crisis dependerá del monto de las pérdidas que podrían acontecer en el curso de ésta. Lynn Walsh, citando el libro de Morris "The Trillion Dollar Meldown", sostiene que sólo las pérdidas por las hipotecas subprime ascenderían a 450 mil millones de dólares, aunque hoy se sabe que es una estimación baja por los montos que ha invertido el gobierno norteamericano en sostener el mercado financiero. Para las empresas estima pérdidas potenciales mayores a 345 mil millones de dólares; en tarjetas de crédito las pérdidas ascenderían a 215 mil millones de dólares. En total, un billón de dólares en pérdidas o riqueza esfumada. Si a esto se agregan las pérdidas potenciales de los CDS -las deudas colaterales- y que son difíciles de precisar, no quedarían muchas ganas de seguir contando, dado que, cualquier cifra que se aventure no debería dejar de considerar que el valor nominal de éstos asciende a la escalofriante cifra de 45 billones de dólares. Es por ello que Morris sostiene que si caen los CDS "nos enfrentaríamos a una trombosis completa del sistema de crédito" y que, dado el volumen, no tiene sentido tratar de estimar la magnitud de las pérdidas. Para mayor abundamiento, Morris sostiene que una crisis caótica, convulsiva, un desastroso colapso del sistema financiero, podría producir pérdidas de hasta 3 billones de dólares. Las medidas de solución Las crisis financieras son difíciles de evitar en el marco del desarrollo capitalista, más aún en el contexto de un capitalismo con un sistema financiero hipertrofiado. El viejo dicho "la ambición rompe el saco" se aplica matemáticamente a este capitalismo financiarizado, aunque acá debemos hablar de bolsas y no de saco. La ambición desmedida e incontrolada es el caldo de cultivo para estas crisis monumentales, en donde las actividades especulativas no sólo son el pan de cada día, también se muestran como las actividades más legítimas, técnica, política y moralmente. Sin embargo, existen los instrumentos de política económica y los mecanismos institucionales y jurídicos que pueden corregir y contener dichas crisis. Eso fue lo que se aplicó en los años treinta como resultado de la Gran Depresión: todo un sistema institucional y de regulación económica cuyo desmantelamiento ha provocado la crisis en curso. Entre otras medidas, habría que considerar impuestos a los flujos de capital internacional, sistemas de encaje que obligaran a los capitales golondrina de corto plazo a mantener un porcentaje de sus capitales en los países de destino de sus inversiones, lo que encarece y castiga las inversiones especulativas; eliminar los famosos paraísos fiscales, obligar a los bancos a la transparencia mediante el término de las operaciones "fuera de balance" que los habilita para ocultar operaciones riesgosas; crear instituciones estatales dedicadas a la clasificación de riesgo que impida los conflictos de intereses. En definitiva, más control y regulación por parte de las instituciones públicas que aseguren el interés ciudadano por sobre cualquier otro objetivo político. No está lejos el día en que vuelvan, en gloria y majestad, las leyes antimonopolio que nunca debieron ser abandonadas. Esto es, nada más, lo que propone Michael Moore con su especial modo de comunicarse, al exigir que "todas las regulaciones deben ser restauradas" y decretar la muerte de la revolución Reagan quien señalara como marco de sus políticas de desregulación que "El problema no es el Estado, el Estado es el problema". En concreto Moore propone para los Estados Unidos la revocación de la Financial Services Modernization Act de 1999, promulgada por Clinton y promovida por el senador republicano Phil Gramm, principal asesor económico del candidato republicano John McCain. Esta propuesta es muy probable que sea bien acogida en un eventual gobierno demócrata encabezado por Barack Obama. En lo inmediato, sería posible poner en juego el poder acumulado por los Fondos Soberanos de inversión, creados por los Estados y bancos centrales con recursos procedentes principalmente del petróleo y del gas. Rusia, Noruega, algunos países asiáticos y los Emiratos árabes, han constituido este tipo de fondos cuya envergadura se estima en 3 billones de dólares. Tienen su origen en los años cincuenta bajo la idea de constituir un "fondo para las futuras generaciones" y tienen, como sostiene Ibrahim Warde, características, objetivos y modos de funcionamiento diferentes a los que rigen los fondos especulativos responsables de la presente crisis. Esto y su poder financiero, los hace funcionales a objetivos político-estratégicos distanciados del desenfreno especulativo que caracteriza la economía finaciarizada. De hecho, ya han estado jugando un papel importante en la política de salvataje de los bancos caídos en desgracia a lo largo de los últimos trece meses que ha durado la crisis subprime. Como destaca Warde, en noviembre del 2007, el fondo ADIA de los Emiratos Árabes Unidos compró el 4,9% de Citigroup, primer banco mundial; dos semanas más tarde, el fondo GIC de Singapur inyectaba 10.000 millones de dólares en el grupo suizo UBS, décimo banco mundial. En diciembre del mismo año, el fondo soberano chino CIC adquirió el 9,9% del capital del gran banco de negocios Morgan Stanley; Merrill Lynch recibió 4.400 millones de dólares del fondo Temasek de Singapur. Esto entre otras operaciones que están realizando estos fondos y que hoy, a la luz de la flagrante incapacidad del mercado financiero de resolver los problemas que ha creado en el marco de la desregulación, podrían ser hábil y políticamente utilizados para ordenar el comportamiento de los flujos de inversión internacional. Otra de las importantes reformas que deberían implementarse, dice relación con las políticas salariales de los altos ejecutivos. Emilio Ocampo sostiene que las compañías y bancos también deberán cambiar su cultura y su estructura de compensaciones y bonos, ya que es improbable que estas instituciones puedan seguir pagando a sus ejecutivos y a sus empleados el 50% de sus ingresos. En la misma dirección Moore exige que "ningún ejecutivo debiera ser pagado más de 40 veces lo que gana su empleado promedio". Las cifras de Moore son estremecedoras: en 1980, el presidente promedio de una compañía ganaba 45 veces lo que ganaban sus empleados; en el 2003 ganaban 254 veces y ahora, después de la era Bush, cobran 400 veces, mientras en Gran Bretaña, el presidente de una compañía promedio gana 28 veces lo que recibe un empleado típico y en Japón sólo 17 veces. Conclusiones En un artículo de Victor Ramos, titulado "Derecho a alimentarse, derecho a rebelarse", se sostiene que hace muy poco tiempo, cuando las bombas caían en Irak, en marzo del 2003, las bolsas internacionales, principalmente las europeas y Wall Street, reaccionaban con euforia y que esto habría llevado a reconocer a dirigentes del Partido Popular español (PP), que España había perdido una gran oportunidad al retirar las tropas. La búsqueda de beneficios exorbitantes ha llevado al mundo a un retroceso gravísimo en la estructura de valores que orienta el quehacer humano y ello tiene implicancias monumentales haciendo crecer la desigualdad, la pobreza y la destrucción de los ecosistemas naturales del planeta, incrementando exorbitantemente el índice de dolor y sufrimiento de miles de millones de personas. Cuando la humanidad vuelva a encontrar su centro y se restauren ciertos valores y virtudes humanas que han sido enviadas a la zona de castigo en el curso de los últimos treinta años, muy probablemente lo que ocurre en Wall Street será incorporado al grupo de las grandes calamidades de la historia humana, como lo fueron los campos de concentración nazis, el estalinismo, las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, el SIDA, el hambre africana y las dictaduras latinoamericanas, entre muchas otras. Mientras tanto, si bien esta crisis no sea aquella tan esperada por el pensamiento de izquierda tradicional como la "crisis terminal del capitalismo", al menos esperemos que Ignacio Ramonet, uno de los editores de Le Monde Diplomatique, tenga razón cuando sostiene que el derrumbe de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín, con lo que se terminaría con la era iniciada con Ronald Reagan en 1981, poniéndole fin a la "edad de oro" de Wall Street. Si esto ocurre sería todo un logro y un progreso para la humanidad, pero, tal como lo sostiene Paul Samuelson, todo el mundo sabe que, hoy en día, el dinero sirve para comprar votos legalmente. Por eso los realistas matizan su optimismo con cierta cautela. Referencias Ignacio Ramonet, El fin de una era del capitalismo financiero. http://www.attac.es/portalattac/index.php?option=com_content&task=view&id=338&itemid=1 Fernando A. Torres, Armagedón desciende sobre el "libre mercado". http://elmapocho.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=543&Itemid=53 Michael Moore, Cómo arreglar el lío en Wall Street. http://viejoblues.com/Bitacora/michael-moore-como-arreglar-el-lio-en-wall-street Leopoldo Abadía, La Crisis Ninja. http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA Victor Ramos, Derecho a alimentarse, derecho a rebelarse.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73607 Alicia Girón y Eugenia Correa, Mercados financieros globales: desregulación y crisis financieras.
http://www.ub.es/prometheus21/articulos/nautas/25.pdf Banco de Pagos Internacional, BPI, Informe Nº 78.
http://www.bis.org/publ/arpdf/ar2008_es.htm Clara Elena Parra y Natalia Salazar, La Crisis Financiera y la Experiencia Internacional.
http://www.colombiestad.gov.co/index.php?option=com_linkdirectory&task=report&id=1250&Itemid=52
John Hoefle, La lección de la debacle de Enron: debe restablecerse la regulación. http://www.larouchepub.com/spanish/other_articles/2002/DebacleEnron.html
Emilio Ocampo, Réquiem para Wall Street. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1055061
Ibrahim Warde, Los "fondos soberanos" absorben bancos. http://www.lemondediplomatique.cl/Los-fondos-soberanos-absorben.html
Lynn Walsh, Economía mundial: Una crisis pronosticada. http://mundosocialista.net/2008/06/17economia.html
Alicia Girón González, Crisis financieras: causas y efectos. http://www.eumed.net/libros/2005/agg/2.htm
Juan Torres López, Diez ideas para entender la crisis financiera, sus causas, sus responsables y sus posibles soluciones. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55925
Paul A. Samuelson, Bush y las actuales tormentas financieras. http://www.elpais.com/articulo/opinion/Bush/actuales/tormentas/financieras/elpepiopi/20080128elpepiopi_4/Tes http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=166102 Ahora nadie es neoliberal En los años ’80 la gran mayoría de los economistas venezolanos se volvieron neoliberales. Las universidades e institutos de investigación económica se fueron convirtiendo, uno a uno, al nuevo credo, imitando lo que ocurría en las universidades de Estados Unidos. La universidad de Chicago dictaba cátedra. La popularidad del intervencionismo estatista del keynesianismo se había venido a pique. Milton Friedman y Fridrich Hayek eran las nuevas estrellas del firmamento. Durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se inicia la aplicación en Venezuela de los postulados a la moda. Se liberan los precios y las tasas de interés, se comienzan a desmontar las regulaciones y se programan las primeras privatizaciones. Viene el 27 de febrero, el país cruje. Pero es tarde, la ideología neoliberal ya se había hecho dominante en la dirigencia política y la intelectualidad. En las escuelas de economía o en el Iesa no hay ojos para más nada. Emeterio Gómez, Maxim Ross, Miguel Rodríguez, se encargan de divulgar la ideología en el gran público. Hoy Wall Street se ha derrumbado como ayer se derrumbó el Muro de Berlín. No ha sido tan sorprendente. Se esperaba que esto ocurriera tarde o temprano. Pero lo que resulta extraño, en este panorama, es que los economistas venezolanos no den ninguna explicación, no se escuche de su parte ninguna crítica a la teoría sobre la que se erigió una forma de organización de la economía, un modelo, que no funciona. Los economistas venezolanos están reaccionando como los comunistas duros luego de la caída del muro de Berlín. Sin reflexionar a fondo, sin cuestionar el modelo. Simplemente admitiendo que ha habido “errores” que sencillamente se corregirán. Pero mientras los empresarios de Estados Unidos corren hacia el gobierno en busca de ayuda y se espera a que se acoplen los mercados, son millones los que se quedan sin trabajo en el mundo, y muchos más los que se quedarán sin comer. Lo más sorprendente es que ahora nadie en Venezuela se reconoce como neoliberal, cuando hasta ayer se proclamaban a cuatro vientos como tales. Se escudan tras la lucha contra el comunismo o en una defensa genérica de la producción capitalista. Pero eluden el tema esencial y concreto, el de la indispensable intervención y regulación del Estado en la economía. Es esto, y no otro asunto, lo que ha estado en discusión desde los años ’80. Los economistas venezolanos ayudarían más al país admitiendo el fracaso de sus enunciados, que aferrándose a dogmas que han llevado al actual desastre. 06/octubre/2008 22:58 PANICO EN WALL STREET POR TEMOR A CRISIS WASHINGTON, 6 (ANSA)- Wall Street tuvo hoy una jornada negra ante el temor de que la crisis de crédito se agrave y pese al mensaje del presidente norteamericano, George W. Bush, de que el plan de salvataje financiero de 700 mil millones de dólares de los mercados aprobado la semana pasada volverá a dar oxígeno a la economía. El índice industrial Dow Jones perdió más de 350 puntos o más de 3,4% y cerró en 9.974 unidades, en la primer jornada desde octubre de 2004 que se ubica por debajo de la barrera psicológica de los 10.000 puntos. Bush expresó su confianza en el plan de rescate financiero, aunque reconoció que "tomará un tiempo" reestablecer la confianza en el sistema financiero. "La gente puede estar segura de que el proyecto de ley que firmé es un gran paso para solucionar el problema", agregó el mandatario estadounidense durante una visita a San Antonio, Texas. Pero las palabras de Bush no lograron calmar los nervios de los inversores, que vieron como los principales indicadores de la bolsa de Nueva York se desplomaron. ACZ Wall Street cae en picada; pánico a nivel mundial JOE BEL BRUNO y TIM PARADIS AP - Nueva York, EEUU - 15:59 - 06/10/2008 Wall Street sufrió el lunes otra sesión extraordinaria y traumática, en la que el promedio industrial Dow Jones cayó hasta 800 puntos —su mayor pérdida en una sola jornada— antes de recuperar terreno para cerrar con un retroceso de 370 unidades. El catalizador de la caída, que también llevó al Dow debajo de las 10 mil unidades por primera vez en cuatro años, fue la creciente desesperanza de los inversionistas de que la extendida crisis crediticia cobrará un alto precio a nivel mundial. Los inversionistas han llegado a la conclusión de que el plan de rescate del presidente George W. Bush por 700 mil millones de dólares y las medidas tomadas por otros gobiernos no descongelarán rápidamente los mercados crediticios. Este sentir envió a la baja en picada los precios de las acciones en Estados Unidos, Europa y Asia, y llevó a los inversionistas a colocar su dinero en la seguridad relativa de la deuda gubernamental estadounidense. Los temores de una recesión mundial también empujaron a la baja los precios del petróleo, que cayeron del nivel de 90 dólares por barril. El precio del crudo ligero con bajo contenido de azufre para entrega en noviembre cayó 6,07 dólares, el 6,4%, para colocarse en 87,81 dólares por barril en la Bolsa Mercantil de Nueva York. Fue la cuarta sesión negativa consecutiva para el petróleo y su nivel más bajo desde el 6 de febrero. "El hecho es que la gente está asustada y lo único que están haciendo es vender", dijo Ryan Detrick, estratega técnico de Schaeffer's Investment Research. "Los inversionistas están limpiando sus carteras y deshaciéndose de todo porque nada parece estar funcionando". Las ventas fueron tan extremas que sólo 264 emisoras registraron alza en el NYSE, mientras que 2.986 retrocedieron. Esta es una señal contundente si se toma en cuenta que el mercado de valores es considerado como uno de los principales indicadores económicos, en el que los inversionistas tienden a comprar o vender en base a su percepción sobre dónde estará la economía en seis o nueve meses. El Dow Jones llegó a perder en la sesión hasta 800,06 puntos antes de recuperar terreno en una jornada irregular al presentarse una cacería de ofertas, para cerrar con una caída de 369,88 unidades, el 3,58%, a 9.955,50, descendiendo por debajo de los 10.000 puntos por primera vez desde el 29 de octubre del 2004. El Dow superó su mayor pérdida previa en un día, de 778 unidades, que sufrió la semana pasada cuando los inversionistas temían que el Congreso no aprobara el plan de rescate financiero. Los indicadores más amplios también descendieron: el índice Standard & Poor's 500 bajó 42,34 unidades, el 3,85%, a 1.056,89, mientras que el compuesto Nasdaq perdió 84,43 puntos, el 4,34%, a 1.862,96. El índice Russell 2000, de las empresas más pequeñas que cotizan en bolsa, cayó 23,49 unidades, o 3,79%, a 595,91. Lo mercados parecían estar percatándose de que las intervenciones gubernamentales no lograrán destrabar los mercados crediticios en el corto plazo, y de que muchos bancos aún tienen dificultades para obtener acceso a liquidez. Eso ha llevado a muchos inversionistas a huir de las acciones y buscar refugio en bonos de deuda gubernamental. La ansiedad fue nuevamente obvia en los mercados crediticios. El rendimiento del certificado de la Tesorería a tres meses, el cual se mueve en sentido contrario a su precio, cayó a 0,43%, de 0,50% del cierre del viernes. La demanda de éstos sigue siendo alta debido a su seguridad; los inversionistas están dispuestos a recibir utilidades extremadamente bajas con tal de tener su dinero en un lugar seguro. Los inversionistas también se movieron hacia los bonos de largo plazo. El rendimiento del certificado de la Tesorería a 10 años bajó a 3,47%, de 3,60% del cierre previo. Durante el fin de semana, los gobiernos de varios países europeos se apresuraron en resguardar a sus atribulados bancos. En Alemania, el gobierno y la industria financiera acordaron desembolsar 68.000 millones de dólares para salvar a la empresa de bienes raíces Hypo Real Estate Holding AG, mientras que el Francia el BNP Paribas accedió a adquirir el 75% del banco Fortis Belgium. Además, los gobiernos de Alemania, Irlanda y Grecia anunciaron que garantizarían los depósitos bancarios en su totalidad. Por otro lado, en Estados Unidos la Reserva Federal tomó nuevas medidas para apuntalar a los mercados crediticios y anunció el lunes que pagará intereses sobre las reservas de los bancos comerciales y que ampliará sus programas de créditos a los bancos en problemas. En Asia, el índice japonés Nikkei 225 cerró con pérdida de 4,25%. En Europa también declinaron los mercados de valores: el indicador británico FTSE-100 retrocedió 5,77%, el alemán DAX bajó 7,07% y el francés CAC-40 9,04%. Un creciente número de economistas cree que Estados Unidos está al borde de una recesión, o tal vez ya inmerso en ella. También piensan que se prolongará más que la del 2001, de acuerdo con un sondeo difundido el lunes por una agrupación de especialistas en finanzas. El 69% de los expertos consultados creen que la economía ya ha entrado en una recesión, o lo hará en lo que queda del año, dijo el sondeo, realizado por el grupo National Association for Business Economics (Asociación Nacional de Economía Empresarial, o NABE por sus siglas en inglés). Una definición clásica de recesión es cuando la economía se reduce durante dos trimestres consecutivos. De acuerdo con el sondeo, "el punto de vista general es que ... la recesión se prolongará más que las dos últimas. Se prolongará alrededor de un año y será relativamente suave". La recesión del 2001 comenzó en marzo y concluyó en noviembre. La previa, durante el gobierno del padre del actual presidente, George W. H. Bush, comenzó en julio de 1990 y concluyó en marzo de 1991. Chris Varvares, presidente electo de la NABE, dijo que las perspectivas son negativas para los próximos trimestres "como resultado de mayores dificultades para obtener créditos y de la debilidad en los gastos al consumidor". Varvares dijo luego que "si las condiciones financieras no mejoran con rapidez, las perspectivas económicas se deteriorarán de manera significativa". Los expertos de NABE pronostican que durante el resto del año, la economía se desacelerará a 1,8%, tras ser del 2% durante el 2007. Y el crecimiento será aún menor en el 2009, alcanzando a un 1,6%, señalaron. El sondeo se realizó antes de que el presidente Bush aprobara el viernes un plan de rescate sin precedentes, por un total de 700.000 millones de dólares. El plan tiene como propósito permitir al gobierno comprar valores incobrables a bancos y a otras instituciones para apuntalar la industria financiera. Pero, aún con ese paquete de rescate, muchos analistas pronostican que seguirán las dificultades. Los empleadores han comenzado a reducir sus nóminas salariales. Sólo en septiembre la economía perdió 159.000 empleos, la cifra más alta en cinco años. Washington, 4 de octubre. El plan de rescate del sector financiero estadunidense por 700 mil millones de dólares promulgado por el presidente George W. Bush va a aumentar la deuda de Estados Unidos a más de 70 por ciento de su producto interno bruto (PIB), según la calificadora Fitch. Si todos los compromisos fiscales anunciados en el proyecto se materializan de aquí hasta finales de 2009, “la deuda del gobierno superará 70 por ciento del PIB por primera vez desde los años 50”, previene la agencia en un comunicado. El déficit presupuestario gubernamental, que es la diferenciaentre los ingresos y egresos, alcanzará 10 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2009, según Fitch. “Estados Unidos probablemente supere a Francia y Alemania para convertirse el año próximo en el Estado más endeudado”, añade. La mejoría no será inmediata El presidente George W. Bush saludó la aprobación del plan de rescate financiero pero advirtió que la mejora no será inmediata. “Ahora comienza el juego difícil”, titulaban al unísono el New York Times y el Washington Post. Para intentar tranquilizar a los estadunidenses y los mercados, el presidente Bush advirtió que “llevaría tiempo” hasta que los efectos de la ley se hagan sentir. “Al tomar todos estos pasos, podemos comenzar a poner nuestra economía en camino hacia la recuperación. Aunque estas medidas serán efectivas, también tomará tiempo implementarlas”, dijo el sábado en su alocución radial. “Mi gobierno se moverá lo más rápido posible, pero los beneficios de este paquete no se sentirán de inmediato. El gobierno federal ejecutará este plan de rescate a un ritmo cuidadoso para asegurar que el dinero de los impuestos sea gastado sabiamente”, añadió. Bush aseguró que el costo final para los contribuyentes será “mucho menos” de 700 mil millones de dólares, porque con el paso del tiempo el valor de los activos que compre el gobierno “probablemente se aprecie”. La Bolsa de Nueva York registró una volatilidad que alcanzó niveles no previstos, al cerrar Wall Street la semana con baja de 1.50 por ciento, al volver a cobrar importancia los temores de una posible recesión en las plazas bursátiles. Dudas de la prensa de EU Los principales diarios estadunidenses saludaron la aprobación del plan de rescate financiero para reactivar la economía, pero coincidieron en que no es una solución mágica y hay que esperar para ver los resultados. “Es una de las mayores empresas de gestión de activos del mundo, con un importante tesoro de guerra de 700 mil millones de dólares. Nada menos que la economía mundial depende de su éxito”, publicaba el NYT, “y el Tesoro estadunidense tiene apenas un mes para hacerlo funcionar”, antes de las elecciones del 4 de noviembre El déficit presupuestario gubernamental (federal, regional y local) alcanzará el 10 por ciento del PIB en 2009, según Fitch. “Estados Unidos probablemente supere a Francia y Alemania para convertirse el año próximo en el Estado más endeudado” de los países con mejor calificación AAA, añade la agencia. El Senado aprobó el miércoles la Ley de estabilización económica de emergencia 2008, mientras que la Cámara de Representantes lo hizo el viernes, tras rechazar una versión anterior del proyecto el lunes. Bush promulgó inmediatamente la ley. La medida confiere al Tesoro estadunidense “las herramientas necesarias para lidiar con el problema en nuestro sistema financiero”, dijo Bush en su programa radial semanal. Bajo el título “Bush promulga histórico rescate financiero”, The Washington Post señaló que la medida da al secretario del Tesoro, Hery Paulson, poderes “sin precedentes fuera de tiempos de guerra para intervenir los mercados financieros”. Sin embargo, citó a expertos que consideran que el plan pudiera no ser suficiente para frenar los amplios problemas del resto de la economía. Señaló que el mercado de crédito a corto plazo permanece congelado, lo que dificulta a los fondos de mercados de capital cumplir con las demandas de inversionistas, y amenaza la capacidad de la pequeña y gran empresa, universidades y gobiernos para obtener dinero y operar día a día. Los expertos citados por el cotidiano consideraron que el Tesoro deberá proveer una medida de financiamiento de corto plazo, para las compañías primero y luego para los bancos. Para el WSJ, si la nueva ley da “una oportunidad para que se detenga el pánico financiero de los últimos 14 meses”, “el pánico no cesó y la perspectiva de una recesión económica no va a ayudar”. No mucho más optimista, el Post estimaba que “de ninguna manera el voto de ayer (viernes) asegura que el problema está resuelto”. The New York Times consideró que el plan de rescate no podrá ayudar a los bancos afectados hasta después de las elecciones presidenciales del 4 de noviembre. Subrayó que el Tesoro tiene poco tiempo para conjuntar un equipo de empleados de tiempo completo para manejar el plan y contratar compañías de manejo de recursos para que ayuden a comprar y después revender los activos problemáticos. Chihuahua, Chih., 2 de octubre. Más de 30 mil personas disfrutaron el concierto del tenor español Plácido Domingo, durante su presentación anoche en el estadio Olímpico de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Con el concierto Una mirada al futuro se cerró el Festival Internacional Chihuahua, donde el cantante estuvo acompañado de la soprano puertorriqueña Ana María Martínez. Ae la presentación asistieron invitados especiales y algunas personas que pudieron pagar hasta 3 mil pesos por un boleto en la zona baja del estadio, pero la gran mayoría de los asistentes pagaron 10 pesos por sentarse en la zona de sol. El tenor contó con el acompañamiento de las orquestas Filarmónica del Estado y la Sinfónica de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Perjuicios a la ópera Antes del recital, Plácido Domingo dio una conferencia de prensa en la que dijo: “la situación de crisis financiera que vive el mundo es producto del apoyo económico que se da a la guerra”. Sobre la afectación al arte por la crisis, manifestó que “así sería, indudablemente”, y mencionó “que deberían condolerse por los contribuyentes que al final de cuentas serán quienes absorban este fuerte impacto”. El cantante reconoció “que la crisis económica es tremenda, acaban de encontrar 700 mil millones de dólares para ayudar a todas esas empresas archimillonarias, y el que tiene que pagar eso es el que paga los impuestos”. También manifestó que “de no realizarse lo que se ha llamado el rescate financiero en Estados Unidos, la debacle sería mayúscula”. Agregó que “pegará a todos los sectores y actividades en Estados Unidos y en el mundo, como la ópera, ya que en lo particular, él deberá reducir el presupuesto destinado para las presentaciones que se tenían programadas este año en Washington y Los Ángeles”. En cuanto al concierto en Chihuahua, miles de espectadores aclamaron la voz de uno de los más grandes tenores del mundo. Vestido de charro, Plácido Domingo cerró con el corrido ¡Qué bonito es Chihuahua! Asimismo, el programa incluyó la participación del Mariachi 2000, de Cutberto Pérez, que acompañó al tenor lo que arrancó un gran aplauso. Paloma querida, El rey, El día que llegaste a mi vida, Bésame mucho, entre otras, fueron las melodías de música mexicana que interpretó el tenor. Washington. Los estadunidenses son el mayor consumidor de cannabis y cocaína del mundo a pesar de tener una legislación represiva, según un estudio llevado a cabo en 17 países que fue publicado el lunes en PLoS Medicine, una revista científica en línea. Según este análisis, dirigido por investigadores de la Universidad de New South Wales (Sydney, Australia), el 16.2 por ciento de los estadunidenses probó la cocaína al menos una vez, mientras que el 42.4 por ciento probó cannabis. Este estudio se basa en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los neozelandeses están en el segundo lugar de consumidores de estupefacientes, lejos detrás de los estadunidenses, con 4.3 por ciento y 41.9 por ciento respectivamente. La encuesta, que fue hecha a 54 mil 68 personas en 17 países, pone en evidencia la existencia de un grupo socioeconómico más propenso a consumir drogas ilegales. Es así como un adulto joven, de sexo masculino, con ingresos altos, soltero o divorciado, tiene generalmente más tendencia a consumir regularmente estupefacientes. El consumo "no parece tener una relación directa con las políticas nacionales en materia de lucha contra la droga", afirmaron los investigadores. De hecho, "los países con una legislación más rigurosa no registran un menor consumo de estas drogas que las naciones más tolerantes", prosiguieron. Holanda es el perfecto ejemplo, ya que a pesar de su política liberal en materia de estupefacientes, cuenta solamente con un 1.9 por ciento de consumidores de cocaína y un 19.8 por ciento de cannabis. En Estados Unidos, si bien 12 estados autorizan el consumo de cannabis para fines médicos, entre ellos California, la legislación federal prohíbe la tenencia y el consumo de productos ilícitos. El FBI está investigando a cuatro importantes instituciones financieras estadounidenses cuyo colapso desembocó en la mayor intervención de un Gobierno estadounidense en la marcha de la economía, con un plan de rescate de la Administración de George W. Bush por valor de 700.000 millones de dólares (casi medio billón de euros), informan The Washington Post y la CNN, entre otros medios, en sus respectivas ediciones digitales. El FBI está investigando a Fannie Mae , Freddie Mac , Lehman Brothers Holdings Inc. y a la aseguradora American International Group Inc. , junto a sus ejecutivos, por un posible fraude hipotecario, informó el martes CNN. Si bien no ofreció detalles específicos, señaló que las pesquisas son parte de una investigación más amplia, reportó el medio televisivo, que a su vez añadió que el ente federal está intentando determinar si alguna de esas instituciones financieras o sus ejecutivos de alto rango tienen responsabilidades por haber entregado "desinformación". Washington. - La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) inició una pesquisa sobre cuatro instituciones financieras involucradas en la crisis económica que ha sacudido al país, informó hoy CNN. La cadena de televisión, que citó fuentes del FBI no identificadas, dijo que la investigación afecta a los gigantes financieros Fannie Mae y Freddie Mac, así como a Lehman Brothers y a la aseguradora American International Group (AIG). Las fuentes indicaron que la investigación se encuentra en una fase preliminar y está centrada en los ejecutivos que las controlaban. Fannie Mae, Freddie Mac y AIG fueron objeto este mes de un rescate ordenado por el Gobierno al agravarse la crisis que se desató como resultado del colapso del mercado de hipotecas este año, en tanto que Lehman Brothers se declaró en quiebra. Fannie Mae y Freddie Mac son las mayores empresas hipotecarias del país y para el plan de rescate de cada una de esas compañías el Gobierno ha asignado 100.000 millones de dólares. En el caso de AIG, la Reserva Federal anunció un paquete de 85.000 millones para impedir su bancarrota y asumió el control del 80 por ciento de sus operaciones. En cambio, Lehman Brothers se declaró en quiebra después de que fueron infructuosos los intentos por conseguir un plan privado de rescate. Sin identificarlas, hace una semana el director del FBI, Robert Mueller, señaló que había 24 grandes empresas financieras que estaban bajo investigación. El proceso centrado en las cuatro empresas financieras se dio a conocer en momentos en que el Gobierno y el Congreso negocian un plan de rescate por 700.000 millones de dólares que daría amplias facultades al Ejecutivo para adquirir los activos de las instituciones más afectadas por la crisis. El Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI) está investigando a 14 compañías enredadas en la crisis de las hipotecas "sub-prime", como parte de una ofensiva contra prácticas inapropiadas en la oferta de crédito al público. No identificó a las empresas, pero dijo que la investigación abarca a firmas constructoras, prestamistas "sub-prime" y bancos de inversión. Funcionarios del FBI aseguraron que la agencia estaba examinando instancias de fraude contable y de tráfico de información privilegiada. Los casos podrían llevar a potenciales cargos civiles o criminales, indicó el FBI. La entidad declaró que consideraba al fraude en las hipotecas como una amenaza creciente para la economía nacional. Agregó que habían identificado 1.200 casos de fraude hipotecario en 2007, comparado con apenas 400 en 2006. Lea: ¿Se aproxima la "tormenta perfecta"? La crisis del mercado hipotecario sub-prime ha afectado mercados financieros en todo el mundo. Investigación conjunta El FBI dijo que estaba investigando los casos con el regulador de mercados en Estados Unidos, la Comisión de Títulos Valores e Intercambio (SEC, por sus siglas en inglés). La SEC ha abierto cerca de tres docenas de investigaciones acerca del colapso en el mercado de sub-prime. Los objetivos de la investigación de la SEC incluyen al banco suizo UBS y a los bancos estadounidenses Morgan Stanley, Merril Lynch y Bear Stearns, señaló la agencia de noticias Reuters. No está claro que cualquiera de esas firmas esté incluida en la investigación del FBI. El mercado subprime se concentra en suministrar préstamos inmobiliarios a aquellos con historia crediticia limitada o pobre. Muchos de ellos no han podido cumplir con los pagos y enfrentan el riesgo de perder sus casas. La debacle del sistema financiero mundial iniciada en EU marca el comienzo de una era económica distinta. Diferente al erosionar la fe en la autorregulación de los mercados y al obligarnos a recuperar la memoria: el sistema de mercado produce ciclos de auge y depresión que ha de suavizar la intervención del Estado. La ideología neoliberal y las concepciones que enterraron al keynesianismo parecen entrar en revisión. Cuando se acepta la necesidad de la intervención estatal en el rescate financiero tendrán que aceptarse sistemas regulatorios más estrictos y cambios en la organización de las instituciones financieras. Pero aún cuesta aceptar que Estado y mercado no son antagónicos, sino complementarios. Sin el Estado el mercado desfallece. La intervención obedece a que la ruptura de la burbuja inmobiliaria causó desvalorización de los activos de la banca, reducción de sus capitales y caída brutal del mercado accionario y de la oferta de crédito a la producción, con efectos depresivos. La integración de los mercados financieros internacionales y la dispersión de las carteras con activos tóxicos hacen imprescindible contener cuanto antes la dimensión de los contagios. Las cifras descendentes de capitalización de los bancos fuera de EU son ilustrativas: entre junio de 2007 y agosto de 2008, Barclay’s había perdido 42%, UBS 55%, Sumitomo 32%, Bank of China 30%, BBVA 32%. Las primeras medidas correctoras de la crisis siguieron sendas trilladas. La Fed y los bancos centrales de otros países inyectaron liquidez para revertir el estrangulamiento de los mercados (unos 600 mil millones de dólares). Esto no fue suficiente por la falta de capital y porque las tasas de interés de los redescuentos oficiales registraban poco o nulo margen para comprimirse más y hacerse atractivas. Debió recurrirse a medidas directas: tomar el control estatal de las empresas comprometidas y alentar la compra de esos negocios por otros consorcios. Se rescató a las hipotecarias Fannie Mae y Freddy Mac comprando acciones o ampliando las líneas de crédito de la Fed, y se entregó 79% de la aseguradora AIG a cambio de 85 mmdd gubernamentales. En Europa se estatizó el banco Northern Rock de Inglaterra y se facilita la adquisición privada de empresas próximas a la quiebra. Ahí están las compras de Bearn Stearns y de Washington Mutual por JP Morgan, la de Merryll Lynch por Bank of America, la venta del Banco HBOS a Lloyds de Londres, o la compra de Wachovia por el Citigroup. Las consecuencias de la crisis en los sistemas financieros están a la vista. En EU la división entre banca comercial, sujeta a regulaciones, y la banca de inversión, poco supervisada, va en camino de desaparecer. Avanza una estructura de banca universal como la de muchos países. Son perceptibles otros cambios. Al parecer se alienta la concentración financiera en oligopolios enormes. Instituciones medianas o pequeñas son presa de retiros masivos. Eso y la falta de acuerdos de fondo favorecen la proliferación de la especulación mientras poco se plantea en favor de los deudores hipotecarios. El intento intervencionista más audaz fue la iniciativa del Tesoro y la Fed negociada con legisladores de implantar un programa mayúsculo de compra de las carteras por 700 mmdd. Cambia la macroeconomía al esfumarse la tesis de reducir siempre el gasto del Estado. Más simple habría sido inyectar capital público a las empresas dañadas. Pero eso enfrenta el obstáculo ideológico de verse como el prefacio a la estatización financiera. El primer intento de rescate naufraga en la Cámara de Representantes por la oposición republicana. No superó la falta de liderazgo de una administración desgastada ni la percepción popular de que se intenta salvar a privilegiados a costa del contribuyente. Influyó también la proximidad de las elecciones presidenciales. Además está el fundamentalismo neoliberal de legisladores opuestos a la intervención del Estado en los mercados y a salvar a los culpables de la debacle sin castigo alguno. Los defensores del sector financiero corporativo prefieren soluciones privadas al intervencionismo directo. Como sea, el rescate financiero está formalizándose. Ya lo respaldó el Senado. Ojalá pronto se tomen decisiones y se perfeccione el programa. Mientras, los déficit públicos aumentan, los bancos quiebran y el ahorrador se empobrece, abriendo las puertas a un receso económico de alcance universal. Los augurios más pesimistas continúan haciéndose realidad en el sistema financiero internacional. La fisonomía de Wall Street cambió ayer de forma irremisible, después de que Lehman Brothers --cuarto banco de inversión de Estados Unidos-- se declarase en quiebra y de que el gigante Merrill Lynch acordase la absorción de su negocio por Bank of America para evitar caer en el mismo pozo.
Los mercados bursátiles de todo el mundo reaccionaron al desmoronamiento de la banca estadounidense con una jornada de zozobra, en la que el Ibex 35 perdió nada menos que el 4,5%. El selectivo español registró así su peor descenso desde el 5 de febrero (5,19%) y se situó en 10.899 puntos, un nivel que no veía desde el 16 de junio del 2006.
La bolsa española fue la más castigada de Europa. El índice Eurostoxx 50 cedió el 4,1%, por delante del británico (3,9%), el francés (3,8%) y el alemán (2,7%). Las caídas, con todo, podrían haber sido más dramáticas. Una apertura de Wall Street menos mala de lo esperado logró enjugar en cierta medida las pérdidas. El Dow Jones se movió primero con descensos del 2,5%, aunque terminó cerrando con una caída del 4,42%.
SIN DINERO PÚBLICO
La caída de Lehman Brothers ha sido un duro golpe para la confianza de los inversores. La decana de Wall Street, con 158 años de antigüedad y más de 25.000 empleados en el mundo, negoció su venta contra el reloj a lo largo de los últimos días. Pero la decisión de la Administración estadounidense de no ayudar financieramente a las entidades interesadas (Barclays y Bank of America) la abocó al abismo.
Las autoridades del país, después de salvar a Bear Stearns en marzo y a Fannie Mae y Freddie Mac este mismo mes, han decidido no destinar un dólar más del erario público a evitar la debacle de sus principales entidades financieras. Un mensaje contundente del que los gestores han tomado nota.
El mercado temía que el siguiente en caer fuera Merrill Lynch (el mayor intermediario bursátil de EEUU, con 60.000 trabajadores), lo que llevó a su dirección a cerrar la venta en un tiempo récord. El banco, que perdió el 36% de su valor bursátil la semana pasada, formalizó en 48 horas su venta a Bank of America por 35.210 millones de euros (0,8595 títulos propios por cada uno de la adquirida). Este canje supone valorar las acciones de Merrill en 29 dólares, dos tercios de lo que valían hace apenas un año.
El pesimismo de los inversores no tiene visos de haber tocado fondo. El mercado da por seguro que todavía restan por caer más gigantes financieros. El primero podría ser American International Group (AIG), la mayor aseguradora del mundo, que ha pedido a la Reserva Federal estadounidense (FED) un crédito urgente de 28.155 millones de euros para evitar su quiebra.I
Las agencias de rating han amenazado con rebajar la calificación de la entidad, lo que permitiría a varios de sus socios romper los contratos con la compañía. De ser así, AIG afirma que no podría sobrevivir más de 72 horas.
MEDIDAS SIN IMPACTO
Así las cosas, las nuevas medidas aprobadas por los reguladores financieros para evitar la crisis del sistema tuvieron poco impacto en los mercados. El Banco Central Europeo realizó una inyección excepcional de 30.000 millones de euros con vencimiento a un día a 51 bancos comerciales de la zona euro para evitar que el marasmo de la banca estadounidense les dejase sin liquidez.
Más novedosa fue la decisión de 10 grandes bancos de crear un fondo de 70.000 millones de euros al que podrán recurrir para afrontar sus necesidades de crédito. La política económica excesivamente liberal del capitalismo ha metido a Estados Unidos, una vez más, en una apretada situación para el 2008. Claro, por apretada definimos la potencial contracción del PIB a, digamos -1%, y no, las masivas contracciones que suceden en los países Latinoamericanos. No obstante, estas reiteradas debilitaciones de la económica americana, más que un ciclo natural, son fuertes índices de prácticas que deben ser reparadas y ajustadas a tiempo antes de que generen males superiores. La crisis hipotecaria en los Estados Unidos fue generada por la denominada práctica “sub prime” que en Venezuela suena bastante extraño. Esta práctica se refiere al simple hecho de otorgar créditos hipotecarios a personas no calificadas- es decir- con mal registro de pagos, bajos salarios etc., y cobrarles una tasa de interés superior a la del mercado. En principio, ésta práctica que suena un tanto ingenua, pues de que sirven grandes tasas de interés, e intereses sobre intereses, si al final la persona va a dejar de pagar- se ha tornado en proceso financiero complejo y muy lucrativo (eso es, hasta ahora) para los mayores bancos de inversión de los Estados Unidos Merrill Lynch, Citibank, Goldman Sachs y Countrywide- entre otros. Estos créditos en un sistema como Venezuela no pasarían de debilitar los estados financieros de las instituciones financieras que los otorgan. Pero -en el ingenioso mundo de Wall Street- esa deuda, es pasada por un proceso ulterior llamado “securitization” por medio del cual convierten la deuda hipotecaria en una suerte de acción transferible que es revendida en el mercado secundario; es decir, usted, yo, pero mas importante, los famosos bancos privados de inversión de alto riesgo o si prefiere-Hedge Funds. Estos bancos se dan el lujo de comprar millones de dólares de estas deudas pues su liquidez proviene de inversionistas atípicos como lo son fondos de pensiones de trabajadores, universidades como Harvard, y bancos y gobiernos extranjeros. Así, la deuda es traspasada a una inmensidad de inversionistas quienes ap0extan a una ficción- el alza en los precios de los inmuebles. La pregunta que se puede hacer alguien con criterio es, por qué compran todos estos inversionistas parte de una deuda cuyos prestatarios son “malos”. He allí, una de las ficciones del capitalismo. Al inundar el mercado con liquidez, la demanda sobre los inmuebles hacen que estos suban astronómicamente de precios y por lo tanto la garantía se muestra fuerte en los balances financieros. Así, las empresas de análisis de crédito- Standard & Poor’s, Moody entre otras- al analizar los estados financieros, ven en las garantías de los créditos, es decir, los inmuebles, poseen cada vez más valor y les otorgan un buen credit rating. De esta forma, la deuda sub prime, fue vendida y revendida entre muchísimas instituciones financieras dentro y fuera de los Estados Unidos. Los prestamistas, quienes en efecto no estaban calificados, comenzaron a no poder pagan sus intereses en una escala masiva. Total que ahora cada banco esta perdiendo cifras francamente ridículas que oscilan entre los varios millardos de dólares. Todo esto ha contribuido a una posible recesión en la economía. El dólar se ha debilitado, aumentando el nivel de exportaciones, pero este fenómeno por sí solo, quizás no sea suficiente para contener el alza en el desempleo y la falta de confianza en el mercado. La receta de la Reserva Federal es bajar la tasa de interés interbancaria (ya la han bajado 4 veces) y se espera a que llegue al bajísimo 2.75 % e inyectar dinero proveniente de sus propias arcas y demás bancos mundiales- quienes asustados por una posible baja en el consumo americano- le prestar cuantiosas sumas. Por ahora es muy difícil saber si Estados Unidos entrará o no en una recesión; parte del problema es que aún no se conoce con exactitud el impacto que ha producido la crisis hipotecaria. Ahora bien, con unos precios altísimos por el crudo, un gasto público atado a las guerras de Irak y Afganistán, será difícil que el país encuentre una fórmula para no caer en la recesión. De cualquier forma, es menester poner un freno a la cuerda de banqueros irresponsables que, en su egoísmo por hacer millones, han tirado, sin ningunos escrúpulos, dinero de otros al vacío. Mientras el megaplan de rescate del gobierno de Bush pasea a los tumbos por el Congreso, queda al desnudo que no va más el capitalismo neoliberal de las últimas décadas. Pero la "intervención" que se ofrece como alternativa es sólo salvataje para los multimillonarios. Los titulares de todos los diarios del mundo dan cuenta de la caída de las bolsas y los bancos. Pero también explican cómo eso repercute en puestos de trabajo: 600.000 personas perdieron su empleo en los Estados Unidos desde principios de año -y ya se habla de otros 200.000 desempleados como consecuencia de las bancarrotas de estas últimas dos semanas-, los salarios caen y la gente pierde sus casas por no pagar las cuotas. En Europa se acabó el "boom" inmobiliario y los miles de inmigrantes que trabajaban en la construcción quedaron en la calle. También se discute cómo repercute esta crisis sobre "los países pobres". Casi como un detalle, se especula cuántos cientos de millones de nuevos pobres habrá, o a cuánto ascenderá la ya horripilante cifra de 850 millones de hambrientos del planeta. ¿Por qué? Como siempre, empiezan las explicaciones de "por qué pasa todo esto". George Soros, uno de los mayores especuladores de las finanzas mundiales, pontifica: "la culpa de la actual crisis la tiene el fundamentalismo de mercado, que no es otra cosa que el 'laissez-faire' (dejar hacer) del siglo XXI; las finanzas se han vuelto tan irracionales que habrá que ponerlas nuevamente bajo control; el monetarismo es una doctrina errónea" (Ambito Financiero, 22/09). Por su parte, John Auter, editor de inversiones del Financial Times, opina: "el sistema de regulación que ha supervisado la globalización de las finanzas en los últimos diez años ha fracasado, más allá de toda duda" (Clarín, 21/09). Joseph Stiglitz, ayer vicepresidente del Banco Mundial, hoy devenido en "progresista", también aporta lo suyo: "hemos visto que no se puede dejar a los bancos de inversión regularse a sí mismos. No se puede dejar a la Reserva Federal, que está estrechamente aliada a los banqueros, a cargo de toda la regulación del sistema financiero. Se suponía que la Reserva retiraba el ponche cuando la fiesta se volvía escandalosa, pero en su lugar echó más alcohol" (Página 12, 21/09). Para la mayoría de los "expertos", esta crisis es "excepcional", surgió por "falta de regulaciones" y se arregla con "una mayor intervención del Estado sobre el sistema financiero". Algunos banqueros, dicen, habrían aprovechado las políticas del capitalismo "salvaje", sin límites, e hicieron fortunas desmedidas con operaciones riesgosas que no controló nadie. Es evidente que todo esto existió, pero es una explicación cuanto menos incompleta. Se trata de un funcionamiento que está el corazón de la propia lógica de las economías de mercado: una gran timba, con miles de millones de dólares buscando su mayor ganancia, con las ruletas rusas de las bolsas, con especulaciones, -hoy sobre el petróleo, la soja o el dólar, antes sobre el oro y, si queremos hacer historia económica, en el siglo XVII con los tulipanes-. Siempre que los especuladores pierden, salen a buscar el auxilio de "su" Estado para que los rescate, argumentando que corre riesgo "la estabilidad del sistema". Los platos rotos terminan pagándolos los pueblos, con desempleo masivo, impuestazos, cuando no directamente guerras por el reparto del mundo. ¿A quién se quiere salvar? Hoy estamos a las puertas de un nuevo rescate gigantesco. En el último mes, los Estados Unidos pusieron 85.000 millones de dólares para salvar a la mayor aseguradora del mundo (AIG), y 200.000 en las dos hipotecarias Fanny Mae y Freddie Mac. Como no alcanzó para parar la crisis, se vino el "megaplan" por el cual el gobierno norteamericano se haría cargo de todas las deudas incobrables, hasta un monto de 700.000 millones de dólares. Muchos señalaron irónicamente que los Estados Unidos, el país "ejemplo de capitalismo y libre empresa", está produciendo las mayores estatizaciones del mundo. Incluso algunos se preguntan si no habría que cambiar el nombre de los Estados Unidos a "Estados Unidos Socialistas de América". Pero, en realidad, lo que ocurre es exactamente lo opuesto: se trata de una "socialización de las pérdidas" para limpiar a los bancos y permitirles que sigan operando normalmente con sus ganancias. El "plan" consiste en salvar a los bancos, las aseguradoras y otros agentes de las finanzas mundiales que quedaron entrampados en esta bicicleta, a costa de los trabajadores norteamericanos -que pagarán más impuestos- y de los pueblos del mundo, sobre los que se tratará de descargar la crisis con más pagos de deuda y saqueo de sus recursos. El rescate es tan "pro-capitalista" que no se contempla en absoluto ninguna salida para los millones de trabajadores que están perdiendo sus casas por no poder afrontar la cuota. El voto "negativo" Este lunes 29 de setiembre, todos los operadores de Bolsa del mundo se paralizaron y miraron a las pantallas que mostraban los resultados de la votación en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Increíblemente, el proyecto enviado por el Presidente Bush había sido rechazado. Y, lo que es peor, con una mayoría de votos en contra de su propio partido. 132 diputados republicanos votaron en contra de los 700.000 millones de dólares del rescate a los bancos. Lo hicieron desde una defensa ultracerrada de la "no intervención del Estado en los mercados". Del otro lado, una mayoría de los diputados demócratas (141 -aunque hubo también 90 que votaron en contra-), más apenas 66 republicanos que logró alinear Bush, defendieron la "intervención del Estado". Ahí empezó el "pase de facturas". Se acusó a los que votaron en contra de haber impedido una intervención y regulación de los mercados que "hubiera permitido estabilizar la situación". Los "mercados" (léase todos los movimientos especulativos que ponen en funcionamiento Wall Street) respondieron provocando la baja más grande en volumen en la historia bursátil moderna. Los políticos norteamericanos "tomaron nota". Por eso, pese a que el rescate tiene, según todas las encuestas, un abrumador repudio entre los ciudadanos estadounidenses, un par de días después se lo aprobó parcialmente en el Senado, con algunos "retoques" para hacerlo más presentable. Pero la realidad es que este plan no significa en absoluto ninguna salida para los deudores hipotecarios que están perdiendo sus casas, ni para los trabajadores que están siendo despedidos. Salva las ganancias de los bancos, socializa las pérdidas, es decir, le carga al estado el costo de los quebrantos. Y la crisis continúa... Mientras tanto, siguen "volando" los centenares de miles de millones de dólares que maneja la Reserva Federal (y que, por lo tanto, no requiere de ningún "voto" del Congreso). Así se cargó al Estado las deudas incobrables de Bear Stearns en marzo pasado, y se nacionalizaron de hecho AIG, Fannie Mae y Freddie Mac. Pero no es sólo los Estados Unidos: en Europa, en medio del vendaval, fueron intervenidos el banco alemán Hypo Real Estate, el belga holandés Fortis, el franco-belga Dexia, el británico Bradford & Bingley y el islandés Glitnir. En febrero pasado ya se había nacionalizado el británico Northern Rock. Los depositantes británicos corren a los bancos irlandeses, que ofrecen una mayor garantía estatal para sus depósitos. El capitalismo liberal fue el responsable de que se amasaran fortunas en miles de instrumentos especulativos en las últimas décadas. No fue por "falta de regulación". Desde mediados de la década del ´80 se viene creando una "regulación a medida" -bajo el nombre de la "desregulación"- que favorece a los bancos de inversión, a los fondos buitres, y a cuanto especulador poderoso ande dando vueltas por el planeta. Ahora, ante el estropicio y el crack, aparece toda la corriente de los "reguladores", los que exigen "más intervención del Estado". La pregunta es: ¿intervención para qué?, ¿hecha por quién? Ajuste para abajo La experiencia de los "intervencionistas" en el último año es clarísima. Un billón de dólares, mucho más que toda la ayuda mundial al desarrollo, infinitamente más que todos los fondos de los organismos que tratan de paliar el hambre extremo, colocados para salvar a los multimillonarios y sus maniobras. Mientras tanto, salvajemente, se deja en la calle a los deudores hipotecarios y se hacen recortes de puestos de trabajo. Se les corta el crédito a los trabajadores norteamericanos y europeos, se les exige pagos en efectivo o se los ejecuta. Y, por supuesto, para ellos no hay "rescate ninguno". Y, en lo que toca a nuestros países, se sigue reclamando el pago de las deudas externas, mientras se continúan con el saqueo de nuestros recursos naturales, sea petróleo, gas y minerales. ¿Puede asumir "la intervención del Estado" otras forma, más favorables a los trabajadores y pueblos del mundo? Muy difícilmente esto suceda mientras los que nos gobiernen sean los propios multimillonarios y sus agentes, como el propio Secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, que era, antes de asumir su cargo, el máximo directivo de Goldman Sachs, uno de los bancos "insignia" de Wall Street. José Castillo es economista. Profesor de Economía Política y Sociología Política en la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). La crisis financiera a nivel nacional ha endurecido los mercados de crédito y California no ha podido obtener los préstamos que regularmente solicita a principios del año fiscal para mantener sus operaciones, reportó el diario Los Angeles Times. De acuerdo al diario, California es el más grande de varios estados que actualmente se están viendo afectados por la constricción crediticia. De no logar el objetivo, dijeron oficiales al diario, los pagos a escuelas y otras entidades gubernamentales podrían verse afectadas. “Ausente una resolución clara a la crisis financiera”, escribió el gobernador Arnold Schwarzenegger al secretario del Tesoro Henry Paulson, “California y otros estados podrían no obtener el nivel necesario de financiación para mantener las operaciones del gobierno y podrían verse forzados a recurrir a la tesorería federal para financiación a corto plazo”. El correo electrónico del gobernador fue obtenido por el Times fue enviado en la víspera del voto en la Casa de Representantes sobre un plan de rescate financiero de $700 mil millones que el Senado aprobó el jueves. No obstante, es prematuro saber si la inyección multimillonaria de efectivo al sistema financiero descongelará rápida y efectivamente los mercados crediticios. Es usual que California pida prestados miles de millones de dólares a principios del año fiscal para financiar las operaciones del estado. Esos préstamos generalmente son pagados tras la recolección de impuestos post-navideños y las declaraciones de impuestos de la primavera, reportó el diario. El efectivo, especificó el diario, necesita entrar a las cuentas del estado para el 28 de octubre para poder realizar pagos por $3 mil millones de dólares a más de mil distritos escolares. Un vocero del tesorero estatal le dijo al rotativo que el estado también está trabajando con asesores financieros externos para explorar la posibilidad de adquirir financiación al corto plazo del gobierno federal. La crisis de Estados Unidos rompe con el modelo neoliberal México, (PL).- La decisión del presidente de los Estados Unidos, George Bush, de emplear buena parte de la fuerza del estado para el rescate de los bancos en quiebra marca un hito en la historia de la plena dominación global de la economía con el modelo del libre comercio, cuyos primeros pasos se advirtieron con las prédicas de Milton Friedman, paradójicamente puestas en práctica por primera vez fuera de la Unión Americana bajo la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Por espacio de muchas décadas, Estados Unidos impuso a los países ubicados dentro de su órbita la mayor rigidez en las políticas de libre empresa y la abstención de la intervención gubernamental en la economía. Tal exigencia hacia el exterior no excluía para el gobierno de Washignton el quebranto interno de esas normas, como ha sido el caso de los subsidios a la producción agrícola concedidos largamente. Estados Unidos veda a otros lo que hace en lo interno. Pero no fue sino hasta la caída del Muro de Berlín -un triunfo del capitalismo sobre los gobiernos de los trabajadores- cuando, desaparecido el equilibrio bipolar, Estados Unidos pudo consumar el proyecto de un nuevo orden mundial con la inscripción en su modelo de la mayoría de los países, entre ellos las llamadas economías emergentes, antes subdesarrolladas o en desarrollo, pero igualmente sometidas a su influencia. En ese proceso desaparecieron algunas manifestaciones del nacionalismo subsistente en países donde el Estado tenía una participación en la economía, arrollado por la ola de privatizaciones, controles y apertura a través de la proliferación de tratados multilaterales o bilaterales cuyos resultados han sido la expansión del comercio norteamericano en mercados convertidos en colonias económicas. Antecedente inmediato del fenómeno que ha obligado a Bush a violar el principio de no intervención del Estado fueron las crisis desatadas, primero en México en 1995 y luego en Argentina y Brasil â€"los efectos tequila, tango y samba--, que obligaron a los gobiernos de esos países al rescate bancario, con el apoyo del gobierno de Washington. Para México ese salvamento ha significado una deuda pública, soportada por toda la población, cuyo monto asciende en la actualidad a 760 mil millones de pesos (unos 70 mil millones de dólares) cuyo pago sólo en intereses representará en este año cerca de 40 mil millones de pesos, sustraídos a menesteres de urgente atención, sobre todo ante la grave situación provocada por la crisis comenzada en Estados Unidos en febrero pasado. Se estima que desde la constitución del Instituto para el Ahorro Bancario (IPAB), que en 1995 sustituyó al Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA), el gasto en intereses, pagado por la ciudadanía, ha sido 1,3 billones de pesos. Y la deuda subsiste. En la economía norteamericana sucedió algo muy similar a lo de las crisis de México, Argentina y Brasil; lo mismo que meses después en Japón. Desde el gobierno de Bill Clinton fueron desapareciendo los controles al sistema bancario, lo que los convirtió en cazinos sin regulación alguna. Los bancos se dieron a la práctica de otorgar créditos sin discriminación en una economía, la norteamericana, donde la familia vive irremediablemente en permanente deuda; el patrimonio del norteamericano es prestado. Como en México, sólo que localizados principalmente en el sector hipotecario, los créditos de mala calidad crecieron desmesuradamente; la cartera vencida de los bancos provocó, a la vez que el enrarecimiento del crédito, una situación de quiebra familiar con el remate de inmuebles y el desorden en el mercado. El fenómeno, que en otras condiciones habría afectado sólo a la economía doméstica, alcanzó proporciones estratosféricas y se proyectó al resto del mundo, incluso en países o bloques regionales que han comenzado una política relativamente independiente de las recetas de los organismos financieros internacionales. La restricción de la inversión extranjera (norteamericana principalmente), soporte primordial de las economías emergentes, ha provocado en los últimos meses resultados adversos en los mercados bursátiles, en los índices de inflación, en las tasas de interés y en el producto interno bruto, por mucho tiempo rigurosamente controlados aun a costa del bienestar de la población. El gobierno de Estados Unidos comenzó por nacionalizar â€"palabra pecaminosa para la ortodoxia neoliberal-- dos empresas hipotecarias, Fredrik Mac y Fanny Mal, ante su ruina por la gran cantidad de créditos impagados. Pero ahora, como secuela de la quiebra del poderoso Lehman Brothers, ha anunciado que destinará al rescate de los bancos una cifra que puede alcanzar hasta un millón de millones de dólares, según cálculo de Richard Shelby, miembro de la comisión de Bancos del Senado norteamericano. Como en México en 1995, el Estado se hará cargo de una cartera de créditos incobrables, para lo cual destinará enormes cantidades distraídas del presupuesto, cuyo peso, como en México y otros países, recaerá sobre toda la población. La comparación, en términos de volumen y de importancia, no arroja sin embargo el mismo resultado. La economía norteamericana tiene un enorme e irremediable impacto en la de otros países. La crisis actual no ha tocado fondo. Mientras, el rompimiento del principio de abstención del Estado de toda participación en la economía, que dejará al sucesor de Bush una deuda elevadísima, tiene varios aspectos: por una parte revela una vez más la ineficacia y la profunda inequidad que significa el modelo económico cuyo centro está en los Estados Unidos; por otro lado, explica las políticas que en mayor o menor medida se están siguiendo en países y regiones fuera de la órbita puramente neoliberal: la potencia china que se levanta en el oriente; muchos países asiáticos están ya nadando en dólares. Influyen también la competencia y la fortaleza de bloques como la Unión Europea, las reticencias de Rusia para plegarse a los dictados norteamericanos y, en los últimos años, el surgimiento de grupos de países en América Latina, históricamente encabezados por Cuba y más recientemente por Venezuela y Bolivia, dispuestos a mantener una política de crecimiento económico con la justicia social y el beneficio de la mayoría como norma fundamental. *El autor es un reconocido analista mexicano. Al fin la gran prensa de los Estados Unidos parece haber descubierto dónde está realmente el peligro para esa nación. Muy ocupados han estado todos estos años esos medios de comunicación en vender como exitoso el modelo neoliberal, exaltar los beneficios de la privatización, ocultar el tremendo desastre de las ocupaciones militares en Iraq y Afganistán y crear pánico sobre el terrorismo. Sin embargo, después de la debacle de esta semana en la Bolsa de Valores de Nueva York y el desmoronamiento con que la secundaron otras similares en diversas latitudes, un comentario aparecido en la versión digital de El Nuevo Herald afirmaba que el fracaso de la propuesta de rescate de Wall Street demostró el hecho de que Estados Unidos sufre una crisis no solo financiera, sino también de liderazgo político. Motivos más que suficientes han existido a lo largo de los ocho últimos años de malgobierno en Washington, para calificar a esta administración como la peor que ha ocupado la Oficina Oval. Como elefante en una cristalería, el demente Jorge Walker Bush, no ha provocado más destrozos porque no ha podido, y además de mentir impúdicamente al pueblo norteamericano, resultó cabeza de un equipo marcado por el descrédito casi desde el propio momento de llegar a la poltrona. En su primer mandato, la legitimidad de esa elección fue puesta en tela de juicio por el controvertido triunfo electoral, que provocó acusaciones por supresión y falsificación de votos en el estado de la Florida. Su administración está signada por varios escándalos. A modo de ejemplo baste citar el relacionado con la petrolera Halliburton, empresa investigada por mega fraude y a la cual perteneció el vicepresidente Richard Cheney. Otro caso es el de la espía norteamericana Valerie Plane, como una muestra de utilización política de los servicios secretos y de venganza, al ser filtrada su identidad por altos funcionarios, como represalia porque su esposo, el diplomático Joe Wilson, denunció la falsedad de algunas pruebas que la Casa Blanca utilizó para justificar la invasión a Iraq. También puede agregarse el asunto del despido de nueve fiscales en el año 2006, en el cual hay evidencias que señalan como instigadores de esa acción a altos funcionarios vinculados al aparato del mandatario. Además, las equivocaciones lingüísticas, geográficas, conceptuales y de todo tipo cometidas en sus discursos por W. Bush, frecuentemente son ridiculizadas por humoristas y buena parte de la población, que en muchas ocasiones cuestionan la capacidad intelectual del Presidente, limitación que pudiera dar pie para analizar su irreflexión y las trágicas consecuencias de las acciones que emprende. Pero quizás lo que lo haría pasar a la posteridad con marca universal de cinismo sea todo su quehacer a partir de los ataques del 11 de septiembre, sucesos sobre los que todavía quedan muchas incógnitas, y los cuales, curiosamente, permitieron a la administración Bush emprender una publicitada lucha contra el terrorismo y la posterior invasión a Iraq, casualmente un país con considerables reservas de petróleo capaces de nutrir las exigencias de la política consumista norteamericana, urgida de ese recurso y sus derivados. El genocidio cometido en Iraq por las fuerzas de ocupación lideradas por los estadounidenses, es vedado en toda su magnitud por los grandes medios de la información de EE.UU., y cuando más, justificado como daños colaterales o sencillamente como golpes propinados a la insurgencia. Los desmanes cometidos en Abu Ghraib y en la cárcel en la ilegal base naval yanqui de Guantánamo –territorio ocupado contra la voluntad del gobierno y pueblo cubanos-- contribuyeron a acrecentar el descrédito de Washington y constituyen bochornosa página en la memoria militar de la Unión. Por otra parte, esa guerra ha cobrado también cientos de vidas de soldados norteamericanos y costado miles de millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses. Así las cosas, y en medio del pánico que la actual crisis financiera de los Estados Unidos desata en el mundo, W. Bush se arrastra hacia el final de su segundo y último término con uno de los índices de aprobación más bajos en la historia política del país. Reciente encuesta de Gallup indicó que solo un 27 por ciento aprueba su gestión. Ahora el estruendo de los vidrios rotos en la cristalería, que para algunos analistas se antoja colofón de las barbaridades acumuladas durante su pésima gestión en la Casa Blanca, permite comprender a muchos más quién es el verdadero enemigo de los Estados Unidos. http://www.archivoconfidencial.com.mx/?c=128&a=5400 LA COCA ZERO, MEXICANA, CONTIENE ( a diferencia de la ESTADOUNIDENSE) 5 julio 2007 Los consumidores se preguntaban al conocer la nueva hermana de la línea Coca: ¿Qué diferencia tiene la ZERO con la Coca Cola LIGHT? ¿No es acaso que ambas carecen de azúcar en su composición?
"CICLAMATO de SODIO " EDULCORANTE PROHIBIDO EN LOS ESTADOS UNIDOS GRINGOS DE AMÉRICA PARA SU USO HUMANO DESDE 1969
¿Qué sabes de la Coca Zero? Luego del hartazgo que han sufrido los consumidores ante tanta publicidad veraniega realizada por Coca Cola para su nuevo producto «ZERO», llegan las opiniones médicas y de especialistas sobre las «bondades», o no, de la nueva bebida cola que promete CERO AZÚCAR y un implícito «éxito social» a todo el que la beba, producido por las bien pensadas piezas publicitarias utilizadas en el lanzamiento
del demandado brebaje.
Los consumidores se preguntaban al conocer la nueva hermana de la línea Coca: ¿Qué diferencia tiene la ZERO con la Coca Cola LIGHT? ¿No es acaso que ambas carecen de azúcar en su composición?
Las respuestas están en sus etiquetas leyendo la
composición química de ambas: La Coca LIGHT tiene Acesulfame K (16mg/%) y Aspartamo (24mg/%),logrando en total 40 mg/100% de bebida, mientras que la ZERO tiene *Ciclamato de Sodio **(27mg%), Acesulfame K (15mg%) y Aspartamo (12 mg%)* haciéndola más dulce que la otra (en total 54mg/100% de bebida).
Teniendo en cuenta que el edulcorante* «Ciclamato de Sodio» está terminantemente prohibido por la F.D.A. *(organismo máximo de control de alimentos y drogas de los EEUU de América) por tener efectos comprobables en la generación de tumores cancerígenos, y que el Ciclamato(u$s 10 por Kilo) es mucho más barato que el Aspartamo (u$s 152 por Kilo), *¿Qué Coca Cola va a tomar de ahora en adelante? DR. CARLOS ARANA
CIUDAD JUÁREZ CHIHUAHUA
MEXICO Anexo. Como es mi costumbre y experiencia en estos chismes de internet, no creí en absoluto, pues no hay fuentes de información (rarísimo!!!). Así que cuando tuve una hora libre, me meti al famosisimo FDA y sorpresa que me encontre... Hay una lista de aditivos a los alimentos que se llama ' Generally Recognized as Safe (GRAS) ' o aditivos generalmente reconocidos como seguros. y que creen. Efectivamente el Ciclamato de Sodio, no nada más no aparece en la lista, sino que además fue retirado. ¿Fuente? http://www.cfsan.fda.gov/~dms/opa-appa.html
que dice:
Sodium cyclamate - NNS, ILL - Removed from GRAS list 10-21-69 - 189.135 Seguí buscando y encontre una lista de 'cualquier cosa añadida a la comida en los Estados Unidos' con sigla EAFUS (Everything Added to Food in the United States). En la que claramente está prohibido el Ciclamato de Sodio: SODIUM CYCLAMATE-PROHIBITED. ¿Fuente? http://www.cfsan.fda.gov/~dms/eafus.html
Finalmente (se me acabó la hora libre). PART 189--SUBSTANCES PROHIBITED FROM USE IN HUMAN FOOD ... 189.135 Cyclamate and its derivatives. ¿Fuente? http://www.cfsan.fda.gov/~lrd/FCF189.html
México, 27 Agosto 2007 (Notimex).- A unos meses de que terminara la administración del presidente Vicente Fox Quesada y de su barragana Martita Sahagún, fue aprobado el uso del Ciclamato de Sodio, aditivo que la Coca-Cola utiliza como endulzante en su producto "Zero" y que estaba prohibido por causar cáncer y esterilidad. El Ciclamato de Sodio es 30 veces más dulce que el azúcar refinado, por ello fue retirado de los alimentos en los Estados Unidos Gringos de América desde el uno de septiembre de 1969 al encontrar que provocaba cáncer en la vejiga de ratas y esterilidad reproductiva, eso dice el papa nazi que le preocupa pues para él, el sexo sólo es para reproducirse. Sin embargo, desde el 17 de junio de 2006, en el citado acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación, se aprobó el uso de este cancerígeno aditivo, aunque en la Unión Americana continúa prohibido su uso. Destacó que México es uno de los países de mayor consumo de Coca-Cola, luego de señalar que en el país la empresa realiza 11 por ciento de sus ventas. Asimismo, expuso que expertos han coincidido en que el problema de sobrepeso y obesidad que vive el país tiene, entre otras muchas causas, el alto consumo de refrescos, ya que las familias indígenas gastan 20 pesos en este producto a la semana y sólo 10 pesos en leche. De acuerdo con datos oficiales, México es el segundo productor de refrescos a nivel mundial, luego de que en 2004 esta industria alcanzó a vender 15 mil 601 millones de litros, equivalente a dos mil 748 millones de cajas unidad. Lo anterior equivale a un consumo per capita anual de 148.1 litro, aunque de acuerdo con el estudio Gehlar and Regmi 2005, el consumo por persona en México alcanza los 342 litros al año, cifra que supera a la de Estados Unidos que reporta 313 litros por persona. Ante estas cifras, el director de "El poder del consumidor" cuestionó si se estarán ocultando los datos reales sobre el consumo de refresco en México, y si son tan graves los resultados. Refirió que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006, México pasó a ocupar uno de los primeros lugares de sobrepeso y obesidad en el mundo, siendo uno de sus principales causantes el consumo de bebidas con alto contenido calórico. En este contexto, Coca-Cola desarrolló su producto "Zero" con base de endulcolorantes artificiales, entre ellos el Ciclamato de Sodio, y que es parte de los químicos que son añadidos a los alimentos sin la certeza sobre sus posibles efectos en la salud. Alejandro Calvillo lamentó que ninguna autoridad haya evaluado el efecto sinérgico de estos aditivos, ya que parece imposible hacerlo por la cantidad de sustancias presentes en los alimentos hoy en día. Al respecto, dijo que cada año se introducen 10 nuevos productos alimenticios, algunos con nuevos aditivos y muchos de ellos con una combinación de estos, de manera que "la amenaza reside en que en una comida se consumen diversos alimentos con diversas composiciones y mezclas de aditivos" que pueden actuar de forma desconocida. http://www.eluniversal.com.mx/nacion/153656.html El científico Héctor Molina
denuncia en el periódico "El Universal", diario impreso en México, en la fecha lunes 27 de agosto de 2007: Contiene Coca Zero sustancia cancerígena. El ciclamato de sodio, prohibido en EU, está aprobado por la Secretaría de Salubridad y Asistencia de Méjico. La Coca Cola Zero que se comercializa en nuestro país contiene un endulzante prohibido en Estados Unidos desde hace casi 40 años, pues puede tener efectos cancerígenos. El uso de ciclamato de sodio no se permite en alimentos, bebidas y suplementos alimenticios en EU desde octubre de 1969. Información de la Food and Drug Administration (FDA, por sus siglas en inglés), instancia oficial que prohibió el ciclamato de sodio en EU señala que la sustancia puede causar cáncer y también se ha estudiado su relación con casos de esterilidad entre sus consumidores. Laura Olguín, catedrática de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional de Méjico, explicó que el ciclamato de sodio puede provocar cáncer si se consume de forma excesiva. La presencia del compuesto está controlada en productos como la Coca Cola Zero que contiene 25 miligramos sobre 100 gramos en cada una de sus latas de 355 mililitros. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, (FAO), un ser humano no debe consumir al día más de 11 miligramos de ciclamato de sodio por cada kilo de su peso corporal. Según Laura Olguín, el uso excesivo de ciclamato se suscita al consumir varios productos dietéticos. Entre las indicaciones por esta sustancia está el evitar su consumo en mujeres embarazadas y niños. El refresco contiene aspartame y acesulfame, endulzantes que no son nocivos para el ser humano, según la página de internet de Coca Cola Zero en Méjico. El acesulfame y el aspartame, figuran en la lista de aditivos para alimentos y bebidas aprobados por la Secretaría de Salud en 1999, donde no aparecía el ciclamato de sodio. Respecto al último , el portal sólo menciona que está aprobado por la Secretaría de Salud. La sustancia entró a la lista de coadyuvantes para alimentos, bebidas y suplementos alimenticios permitidos por la dependencia en julio de 2006, por un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación. Sobre los efectos cancerígenos de los endulzantes, Coca Cola hace referencia a la sacarina. Señala que no tiene efectos nocivos. Indica que estudios hechos en ratas expuestas a esta sustancia desarrollaron cáncer tras aplicarles dosis equivalentes al consumo de 750 latas de refresco al día de por vida. Sin embargo, la refresquera detalla que los altos niveles de sacarinas sólo se hallan en la rata macho y esto no es relevante en el humano. Un dulce riesgo El estudio Efectos del ciclamato de sodio en el hígado fetal de ratas estudios cariomético y estreológico, publicado en septiembre de 2005 por el International Journal of Morphology (Diario Internacional de Morfología), define al ciclamato como una sustancia derivada del ácido N-ciclo-hexil-sulfámico, usada como edulcorante no calórico. El estudio aplicó por cinco días una dosis del endulzante a ratas preñadas y luego las sacrificó para conocer efectos del compuesto en fetos. “Los resultados mostraron que el uso del ciclamato de sodio en las ratas preñadas causó retardo en el desarrollo fetal e hipertrofia celular hepática en los fetos, sugerente de toxicidad en el hígado fetal de las ratas”, concluye el análisis. El ciclamato de sodio tiene la capacidad de endulzar un producto hasta 600 veces más que el azúcar normal en combinación con otros compuestos. Su utilización en refrescos se da debido a que proporciona un sabor más natural que compuestos como el aspartame, según explicó Laura Olguín, catedrática de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional.
|