catmaster12
Abr 6, 2009, 6:45 PM
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Por: Anddy Landacay Hernàndez Tenía 10 años de edad cuando lo vi por primera vez. Un enorme camión se había estacionado en la esquina de mi casa, mientras un sujeto gritaba a través de un megáfono invitando a todos a salir de sus casas. Él estaba en lo alto del camión con una camisa manga corta, pulcramente peinado, y mostrando siempre una sonrisa tímida pero simpática. La gente se agolpaba al rededor del camión, no tanto por darle la mano a aquel chinito lentudo y esmirriado, sino para recibir la bolsa de camotes que ofrecía junto con su almanaque. Sin saberlo, había asistido a la inauguración de una nueva forma de hacer política en el Perú: el estilo Alberto Fujimori. El chinito lindo, el outsider parido por la campaña aprista y por el colapso al que nos llevó el primer gobierno de Alan García, tenía desde sus inicios la intención de ejercer el poder manipulando a la masa ignorante con el argumento más antiguo de la política: pan y circo. Fujimori hacia feliz a las clases populares en varios sentidos: En la economía: les llevaba papas y camotes. En las obras: colegios que no duraban, pistas que se rompían. En la religión: hacía llorar a las vírgenes. En la televisión: Sangre, Lauras y cómicos ambulantes. Su más grande logro: la caída de sendero se inició con la caída de Abimael Guzmán. Hecho del cual el mismo Fujimori se enteró como todos nosotros: por la TV. Es decir mientras veíamos al genocida barbón hablando con Kevin Vidal vuestro glorioso presidente pescaba placidamente en la selva central, mientras que el tío Vladi descansaba en su casa de playa del sur de Lima. Leer todo el artìculo en: www.hablalandacay.tk
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