jeannicolletdebelleborne
Mar 28, 2007, 9:43 AM
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http://nobeliefs.com/nazis.htm El Papa Pio XII, Hitler y el genocidio judío ¿Recta razón de la Iglesia? Acabamos de rememorar el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y derrota del ejercito nazi. En estos días hemos tenido que escuchar cosas tan terribles como que el cardenal y arzobispo emérito de Barcelona, Ricard María Carles, ha hecho una comparación de España con Auschwitz. Ante tal atrevimiento se hace necesario recordar cual fue la postura de la Iglesia Católica, Vaticano y Pío XII ante el genocidio de los homosexuales y de judíos en Europa. Por si fuera poco este fin de semana hemos tenido que oír de la Conferencia Episcopal Española el darnos dogmas de "la recta razón y moral"; no son ellos precisamente los mas indicados en esta materia pedagógica. A sus espaldas cabalgan crímenes contra la humanidad como los de la "Santa Inquisición" ó " Santo oficio", hoy llamado "Congregación para la doctrina de la fe", la inquisición nunca fue abolida por la Iglesia, solo actualizó su nombre a este ultimo, congregación dirigida hasta escasos días por el actual Benedicto XVI, o Ratzinger, que así se llamaba cuando era miembro de la juventudes nazis para mas tarde ser soldado de Hitler en las baterías antiaereas, pero bueno, esto ultimo es otra historia a la que dedicaremos un capitulo aparte en breve. En este acto de rememoración ofrecemos un articulo de John Cornwell, autor del libro "El Papa de Hitler", que hace un recorrido por la vida de Pio XII, su antisemitismo y escandaloso silencio ante el genocidio de millones de judíos, gitanos, homosexuales y transexuales durante la segunda guerra mundial y la "solución final" de Hitler y su ejercito nazi . Ya hubieran dicho la mitad de lo que han vertido en contra de los matrimonios homosexuales durante el genocidio nazi, cientos de miles de vidas se hubieran salvado; pero no, ante Hitler, Franco, Pinochet, Videla o Mussolini se caracterizaron por su ambigüedad, falta de contundencia y vergonzoso silencio, o en cohabitación cómplice directa. Como Jorge Arturo Agustín Medina Estévez que apoyó sin reservas a la dictadura del general Augusto Pinochet. También los apoyos de los papas Pio XI, Pio XII y Juan XXII que dan su bendición especial a Franco en su golpe militar y guerra fraticida entre españoles: "a los que se habían impuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión" (Pío XI, Castelgandolfo, 1936). "España (...) acaba de dar a los profetas del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores de la religión y del espíritu" (Pío XII, 1939). "Franco da leyes católicas, ayuda a la iglesia, es un buen católico: ¿Qué más se quiere?" (Juan 23, 1960). Cuando Mussolini decidió lanzarse a una guerra de conquista, contra Etiopía, Pio XII aprobó que aquellas modernas armas de fuego que iban a masacrar africanos armados de lanzas y cuchillos, fueran bendecidas por cardenales cercanos a la sede de San Pedro. El cardenal Schuster, de Milán, proclamó la expansión fascista en África como "una guerra santa". Nunca estuvieron más cerca, física y espiritualmente, las FF.AA. en Argentina y la Iglesia como a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. "La Jerarquía apoyó el sistema de la desaparición de personas en forma teórica y práctica. Teóricamente, por medio de la Teología de la Dominación que legitimó la Doctrina de la Seguridad Nacional, como se ha considerado, y prácticamente, con el servicio del Vicariato Castrense, el cual, por medio del Vicario Adolfo Tortolo hasta 1982 y José M. Medina desde entonces; del Provicario Victorio Bonamín y de los 250 capellanes militares prestaron la debida "asistencia espiritual" a los desaparecedores. Debe tenerse en cuenta que el Vicario Castrense es elegido ‘por la Santa Sede de acuerdo con el Presidente de la República’. Si tenemos en cuenta el conocimiento abundante que el Papa tenía de la existencia de las desapariciones y de los centros clandestinos, se debe concluir que la Santa Sede dio su apoyo legitimador al sistema de las ‘desapariciones’" Cuestiones bastantes indicativas para hacernos una ligera idea de quienes hoy son tan atrevidos como para erigirse en defensores de " la recta razón y moral ". La vergüenza debería ser el XI mandamiento y carecer de ella pecado capital.Acabamos de rememorar el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y derrota del ejercito nazi. En estos días hemos tenido que escuchar cosas tan terribles como que el cardenal y arzobispo emérito de Barcelona, Ricard María Carles, ha hecho una comparación de España con Auschwitz. Ante tal atrevimiento se hace necesario recordar cual fue la postura de la Iglesia Católica, Vaticano y Pío XII ante el genocidio de los judíos en Europa. Por si fuera poco este fin de semana hemos tenido que oír de la Conferencia Episcopal Española el darnos dogmas de "la recta razón y moral"; no son ellos precisamente los mas indicados en esta materia pedagógica. A sus espaldas cabalgan crímenes contra la humanidad como los de la "Santa Inquisición" ó " Santo oficio", hoy llamado "Congregación para la doctrina de la fe", la inquisición nunca fue abolida por la Iglesia, solo actualizó su nombre a este ultimo, congregación dirigida hasta escasos días por el actual Benedicto XVI, o Ratzinger, que así se llamaba cuando era miembro de la juventudes nazis para mas tarde ser soldado de Hitler en las baterías antiaereas, pero bueno, esto ultimo es otra historia a la que dedicaremos un capitulo aparte en breve. En este acto de rememoración ofrecemos un articulo de John Cornwell, autor del libro "El Papa de Hitler", que hace un recorrido por la vida de Pio XII, su antisemitismo y escandaloso silencio ante el genocidio de millones de judíos, gitanos, homosexuales y transexuales durante la segunda guerra mundial y la "solución final" de Hitler y su ejercito nazi . Ya hubieran dicho la mitad de lo que han vertido en contra de los matrimonios homosexuales durante el genocidio nazi, cientos de miles de vidas se hubieran salvado; pero no, ante Hitler, Franco, Pinochet, Videla o Mussolini se caracterizaron por su ambigüedad, falta de contundencia y vergonzoso silencio, o en cohabitación cómplice directa. Como Jorge Arturo Agustín Medina Estévez que apoyó sin reservas a la dictadura del general Augusto Pinochet. También los apoyos de los papas Pio XI, Pio XII y Juan XXII que dan su bendición especial a Franco en su golpe militar y guerra fraticida entre españoles: "a los que se habían impuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión" (Pío XI, Castelgandolfo, 1936). "España (...) acaba de dar a los profetas del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores de la religión y del espíritu" (Pío XII, 1939). "Franco da leyes católicas, ayuda a la iglesia, es un buen católico: ¿Qué más se quiere?" (Juan 23, 1960). Cuando Mussolini decidió lanzarse a una guerra de conquista, contra Etiopía, Pio XII aprobó que aquellas modernas armas de fuego que iban a masacrar africanos armados de lanzas y cuchillos, fueran bendecidas por cardenales cercanos a la sede de San Pedro. El cardenal Schuster, de Milán, proclamó la expansión fascista en África como "una guerra santa". Nunca estuvieron más cerca, física y espiritualmente, las FF.AA. en Argentina y la Iglesia como a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. "La Jerarquía apoyó el sistema de la desaparición de personas en forma teórica y práctica. Teóricamente, por medio de la Teología de la Dominación que legitimó la Doctrina de la Seguridad Nacional, como se ha considerado, y prácticamente, con el servicio del Vicariato Castrense, el cual, por medio del Vicario Adolfo Tortolo hasta 1982 y José M. Medina desde entonces; del Provicario Victorio Bonamín y de los 250 capellanes militares prestaron la debida "asistencia espiritual" a los desaparecedores. Debe tenerse en cuenta que el Vicario Castrense es elegido ‘por la Santa Sede de acuerdo con el Presidente de la República’. Si tenemos en cuenta el conocimiento abundante que el Papa tenía de la existencia de las desapariciones y de los centros clandestinos, se debe concluir que la Santa Sede dio su apoyo legitimador al sistema de las ‘desapariciones’" Cuestiones bastantes indicativas para hacernos una ligera idea de quienes hoy son tan atrevidos como para erigirse en defensores de " la recta razón y moral ". La vergüenza debería ser el XI mandamiento y carecer de ella pecado capital. "El Papa de Hitler" (fragmento) Siempre estuve convencido de que la evidente santidad de Eugenio Pacelli era una prueba de su buena fe. ¿Cómo podría haber traicionado a los judíos un Papa tan Santo?. Pedí acceso a documentos cruciales, asegurándoles a sus custodios que estaba del lado de mi investigado: en un libro titulado Un ladrón en la Noche, yo había defendido al Vaticano contra cargos del asesinato del Papa Juan Pablo I por sus pares. Dos oficiales me permitieron acceder al material secreto: declaraciones bajo juramento que se juntaron hace treinta años para avalar el proceso de canonización de Pacelli y el archivo de la Secretaría de Estado del Vaticano. También recurrí a fuentes alemanas en relación con las actividades de Pacelli en Alemania durante las décadas del ´20 y del ´30, incluidos sus contactos con Adolf Hitler. A mediados de 1997 me encontré en un estado de shock moral. El material que había juntado no apuntaba a una exoneración sino a una acusación aún más escandalosa. La evidencia era explosiva, Mostraba por primera vez que Pacelli (Pío XII) era abiertamente, y según sus propias palabras, antisemita. Pacelli llegó al Vaticano en 1901, a la edad de 24 años, reclutado para especializarse en cuestiones internacionales y derecho canónico. Colaboró con su superior, Pietro Gasparri, en la reformulación del Código de Derecho Canónico que se distribuyó en 1917 a los obispos católicos de todo el mundo. A la edad de 41 años, ya arzobispo, Pacelli partió hacia Munich como nuncio papal para comenzar el proceso de eliminar los desafíos legales a la nueva autocracia papal y procurar un tratado entre el papado y Alemania como un todo, que reemplazará todos los arreglos locales y se convirtiera en un modelo de las relaciones entre la Iglesia Católica y los Estados. En mayo de 1917 recorrió Alemania, destruida por la guerra, ofreciendo su caridad a gente de todas las religiones. Sin embargo, en una carta al Vaticano, reveló tener menos amor por los judíos. El 4 de septiembre le informó a Gasparri, que era cardenal secretario de estado en el Vaticano, que un doctor Werner, el rabino jefe de Munich, se había acercado a la nunciatura para rogar un favor. Con el fin de celebrar Succoth, los judíos necesitaban hojas de palmeras, que normalmente llegaban de Italia. Pero el gobierno italiano había prohibido la exportación, vía Suiza, de unas palmeras que los judíos habían comprado y que estaban retenidas en Como. "La comunidad israelita" continuaba Pacelli "busca la intervención del Papa con la esperanza de que abogue a favor de los miles de judíos alemanes". Pacelli le dijo a Gasparri que no le parecía apropiado que el Vaticano "los ayudara en la práctica de su culto judío". Gasparri respondió que confiaba completamente en la "astucia" de Pacelli, coincidiendo con que no sería apropiado ayudar al rabino Werner. Dieciocho meses más tarde reveló su antipatía por los judíos de una manera más abiertamente antisemita, cuando estuvo en el centro de una revuelta bolchevique en Munich. En una carta a Gasparri, Pacelli describió a los revolucionarios y a su líder, Eugenio Levien: "Un ejército de trabajadores corría de un lado a otro, dando órdenes, y en el medio, una pandilla de mujeres jóvenes, de dudosa apariencia, judías como todos los demás", daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas. La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien, una joven mujer rusa, judía y divorciada. (...) Este Levien es un hombre joven, de unos 30 o 35 años, también ruso y judío. Pálido sucio, con ojos vacíos, voz ronca, vulgar repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada. Hitler que había logrado su primer gran triunfo en las elecciones de 1930, quería un trato con el Vaticano porque estaba convencido de que su movimiento sólo podía tener éxito si se eliminaba al catolicismo político y sus redes democráticas. Luego de su ascenso al poder en enero de 1933, Hitler hizo una prioridad de su negociación con Pacelli. El Concordato del reich le garantizó a Pacelli el derecho a imponer un nuevo Código de Leyes Canónicas sobre los católicos de Alemania. A cambio, Pacelli colaboró en el retiro de los católicos de la actividad política y social. Luego Hitler insistió en la disolución "voluntaria" del Partido Central Católico Alemán!. Los judíos fueron las primeras víctimas del Concordato: luego de su firma, el 14 de julio de 1933, Hitler dijo a su gabinete que el tratado había creado una atmósfera de confianza "especialmente significativa en la lucha urgente contra el judaísmo internacional". Aseguraba que la Iglesia Católica le había dado su bendición pública, en el país y afuera, al nacionalsocialismo, incluida su posición antisemita. Durante los años ´30, a medida que el antisemitismo nazi crecía en Alemania, Pacelli no se quejó ni siquiera en nombre de los judios convertidos al catolicismo: para él, era cuestión de política interna. En enero de 1937, tres cardenales y dos obispos alemanes viajaron al Vaticano para pedir una vigorosa protesta contra la persecución nazi de la Iglesia Católica, a la que se le habían suprimido todas las formas de actividad con excepción de los servicios religiosos. Finalmente, Pío XI decidió lanzar una encíclica, escrita bajo la dirección de Pacelli (futuro Pio XII), donde no había ninguna condena explícita al antisemitismo. En el verano de 1938, mientras agonizaba, Pío XI se preocupó por el antisemitismo en Europa y encargó la redacción de otra encíclica dedicada al tema. El texto que nunca vió la luz del día, se descubrió hace poco. Lo escribieron tres jesuitas, pero presumiblemente Pacelli estuvo a cargo del proyecto. Se iba a llamar Humani Generis Unitas (La unión de las raza humana) y, a pesar de sus buenas intenciones, está lleno de una antisemitismo que Pacelli había mostrado en su primer estadía en Alemania. Los Judíos, dice el texto, eran responsables de su destino, Dios los había elegido, pero ellos negaron y mataron a Cristo. Y "cegados por su sueño de triunfo mundial y éxito materialista" se merecían "la ruina material y espiritual" que se habían echado sobre sí mismos. El documento advierte que defender a los judíos como exigen "los principios de humanidad cristianos" podría conllevar el riesgo inaceptable de caer en la trampa de la política secular. La encíclica llegó a los jesuitas de Roma a fines de 1938; hasta el día de hoy, no se sabe por qué no fue elevada a Pío XII, Pacelli, convertido en Papa el 12 de marzo de 1939, sepultó el documento en los archivos secretos y les dijo a los cardenales alemanes que iba a mantener relaciones diplomáticas normales con Hitler. Pacelli conoció los planes nazis para exterminar a los judíos de Europa en enero de 1942. Las deportaciones a campos de exterminio habían comenzado en diciembre de 1941. A lo largo de 1942, Pacelli recibió información confiable sobre los detalles de la solución final provista por los británicos, franceses y norteamericanos en el Vaticano. El 17 de marzo de 1942, representantes de las organizaciones judías reunidos en Suiza le enviaron un memorándum a través del nuncio papal en Berna, donde detallaban las violentas medidas antisemitas en Alemania, en sus territorios aliados y en zonas conquistadas. El memo fue excluido de los documentos de la época de la guerra que el Vaticano publicó entre 1965 y 1981. En septiembre de 1942, el presidente norteamericano Franklin Roosevelt envió a su representante personal, Mylon Taylor, a que le pediera a Pacelli una declaración contra el exterminio de los judíos. Pacelli se negó a hablar porque debía elevarse sobre las partes beligerantes. El 24 de diciembre de 1942, finalmente, Pacelli habló de "aquellos cientos de miles que, sin culpa propia, a veces sólo por su nacionalidad o raza, reciben la marca de la muerte o la extinción gradual". Esa fue su denuncia pública mas fuerte de la solución final. Pero hay algo peor. Luego de la liberación de Roma, Pio XII pronunció su superioridad moral retrospectiva por haber hablado y actuado a favor de los judíos. Ante un grupo de palestinos, dijo el 3 de agosto de 1946: "Desaprobamos todo uso de fuerza (...) como en el pasado condenamos en varias ocasiones las persecuciones que el fanatismo antisemita infligió al pueblo hebreo." Su autoexculpación grandilocuente un año después del fin de la guerra demostró que no sólo fue Papa ideal para la solución final nazi, sino que también un hipócrita. ¿Qué dicen los nuevos documentos? La nueva evidencia que recopilé muestra que: • La asombrosa antipatía de Pacelli por los judíos venía de 1917, lo cual contradice que sus omisiones fueron hechas de buena fe y que "amaba" a los judíos y respetaba su religión. • Pacelli le reconoció al Tercer Reich que sus políticas antisemítas eran asuntos internos de Alemania. El Concordato entre Hitler y el Vaticano creó un clima ideal para la persecución de los judíos. • Pacelli no avaló la protesta de los obispos católicos alemanes contra el antisemitismo. • Pacelli intentó mitigar el efecto de las encíclicas de Pío XI al darle garantías diplomáticas privadas a Berlín, a pesar de conocer la abierta persecución de los judíos. • Pacelli estaba convencido de que los judíos se habían procurado su suerte: intervenir a su favor sólo podía llevar a la Iglesia hacia alianzas con fuerzas hostiles al catolicismo. LA non sancta Inquisición El Tribunal cristiano católico de la Santa Inquisición, seguía procesos en base a denuncias anónimas. El tormento era siempre aplicado, el tormento es lo que hoy denominamos tortura, la nada santa iglesia católica torturaba, con Potro, agua en el vientre, ratas por el ano-recto, picos y clavazones en los múslos... el Potro era tirar piernas y brazos hasta desmembrar al cuerpo de sus extremidades, esto para que confesara lo que había o no había hecho, poco importaba lo que el reo hubiera o no hubiera, hecho. Los azotes eran de rigor. Se le desnudaba, a la mujer, a las mujeres les cortaban los pezones, la Santa Inquisición juzgaba animales como humanos, los torturaba por endiablados según decía la iglesia y los quemaba vivos o muertos pues, al arrepentido le daban garrote, que es asfixia, lo ahogaban antes de qumarlo. La Inquisición papal perseguía judíos, musulmanes, homosexuales, protestantes como los de las sectas gringas de hoy como son luteranos, calvinistas, etc. mucho loco en dado caso. La inquisición perseguía científicos, magos, brujos, brujas, escritores como los que odia hoy la Derecha enferma. Esa iglesia, como hoy los musulmanes se la creen, se decía la iglesia verdadera, sigue diciendo que lo es, locuras demenciales de esos locos dementes. En la realidad el inquisidor era un psicópata sanguinario asesino serial, lo mágico es que eran curas, papas, sacerdotes, padres, clérigos, prelados, chantres, abades, etcétera. Triste que dieran así el perdón: matando a las gentes. Antes de ajusticiar a las personas, los dementes clérigos enfermos demenciales, tenían en la Cárcel Perpetua a las gentes, muchas veces eran tantísimos los años que morían antes de terminar su proceso inquisitorial. No tenían derecho a visita jamás y sólo gozaban del derecho al Tormento, es decir a ser torturados. Muchos literatos que aun siendo católicos cristianos, sólo por proponer igualdad, o la idea de que dios no habia dictado la biblia, etcétera, muchísimas gentes de letras y de ciencia fueron muertas, muchos astrónomos, físicos, químicos, etc. que, sólo por mostrar resultados científicos, resultados que hoy en cualquier escuela se practican diario, la Inquisición por ello sólo mataba a las gentes por, decía la Inquisición, tener pacto con el Diablo. En hablando de científicos quemados, estaban los que afirmaban que la tierra era más vieja que siete mil años pues, siete días tardó el dios en fabricar la Tierra, y cada día era la representación de mil años, milenarismo. En la realidad se buscaba implantar la hegemonía de la religión católica, matando a los de otros credos, se buscaba asimismo se perseguía a los acaudalados, en general los judíos y musulmanes ricos, la Inquisición despojaba de sus riquezas a esos relapsos mosaicos, así la Iglesia ésa quedaba con riquezas inconmensurables. A Tomás Treviño de Sobremonte le quemaron con sus muebles lujosísimos, era un judío riquísimo de la Nueva España, a él como a los Carvajales les despojaron de riquezas inmensas, todo iba a parar a la Orden de Santo Domingo, orden que tenía a su cargo ese sanguinario Tribunal de la Fe. El nada santo padre papa actual Joseph Ratzinger es el ex presidente dirigente de ese sanguinario Tribunal del Santo Oficio de la Santa Insquisición hoy llamado "Congregación para la doctrina de la fe, de allí vienen las ideas nazis de exterminio que permean al mundo de su esfera de influencia. Antes así era la cristiandad católica, hoy se ve esa cristiandad sanguinaria en las sectas gringas de los estados unidos de América, los gringos iluminados redivivios hijos de puta.
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