¡Hola, qué tal, amigos!
Al igual que al amigo de arriba, me es completamente irrelevante si un hombre lleva pelo, plumas o hasta escamas, o ninguno de estos tipos de accesorios sobre la piel.
Y no es por racista, mas para mí resulta bastante relajante admitir que me atraen demasiado las pieles bajas en términos de índices de pigmentación melánica.
Me gustan los hombres de pieles tan pulcra, ostensible, escandalosamente blancas que dejen translucirse debajo de sus capas los tonos intensos de azul de los vasos sanguíneos y el vello facial afeitado.
¿Fetiche? ¡Tal vez! Pero no mucho más que el que representa el vello corporal para tantos humanos de todas las razas y sexos, identidad de géneros y orientaciones.
Mis amigos dicen que soy un vampiro; mas yo no me inmuto, pues no suelo darle mayor importancia, ¡ja!
Rafael de Domínguez y Hernández
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