fdyn
Sep 19, 2006, 2:21 PM
Reportar Abuso
|
Elchilemexicano; creo que la mente de Dios es infinitamente superior a la de los seres humanos y que sólo Él puede juzgarnos. Desde niño fui criado en una familia protestante muy religiosa, asití a la iglesia semana tras semana, fui enseñado de la mejor manera posible por mis padres y siempre fui considerado como "ejemplo" para los otros niños de mi iglesia y mi escuela, porque me comportaba bien y me destacaba en el estudio. Siempre participé en las actividades caritativas y misioneras de la iglesia, oraba a Dios y lo consideraba mi amigo. Cuando entré en la pubertad, a los 11 u 12 años, comencé a notar que algo raro me pasaba: En lugar de mirar chicas, como cualquier varón de mi edad, me sentía atraído por hombres. Durante 9 o diez años viví luchando contra esto, en secreto, por miedo a perder el amor de mis padres o de mis amigos si se enteraban de mi situación. Incluso como conozco la Biblia lo suficientemente bien, venían a mi mente textos como los de Romanos 1:26; y me creía el peor de los pecadores por sentir lo que sentía; temía que Dios dejaría de amarme. Me obligué a tener novia (novias, en realidad, porque no fue solo una) para ver si con alguna de ellas lograba sentirme bien; pero me di cuenta que tenía que obligarme a besarlas y que en algunas situaciones me sentía realmente incómodo con ellas. Con mi última novia, a la que realmente amaba, pude soportar 5 años, obligándome a sentirme atraído por ella. Y durante todo este tiempo, mi mundo se fue derrumbando. Empecé terapia sin que mis padres supieran el verdadero motivo, para "curarme" de mi homosexualidad, pero sin ningún resultado. "Este psicólogo no es bueno", pensé, y probé con otro; con el mismo resultado: Seguía siendo tan gay como la primera vez que me senté en el diván. Así mi vida se iba cayendo a pedazos: era el mejor alumno de mi escuela y luego de la universidad, me destacaba como músico y en mi club en el que practicaba fútbol y tenis, tenía como novia a la chica más hermosa de mi escuela, con la que llevaba 5 años de noviazgo y con la que tenía planes de matrimonio en un futuro; pero todo esto no me alcanzaba. No era feliz. En más de una oportunidad pensé en quitarme la vida. Más de una vez lo insulté a Dios porque no me respondía mis oraciones en las que le pedía que me ayude a no ser "así". Cansado de ver su falta de respuesta, decidí no hablarle más. Recuerdo que toqué fondo una noche en la que estuve sentado en mi cama con el arma de mi padre en la cabeza. Creo que Dios decidió mostrarme que sí valía para él, porque segundos antes de tomar la que hubiera sido la última decisión de mi vida, recibí una llamada de una amiga que me preguntaba qué me ocurría, que últimamente sentía que yo no era el mismo, que ella me amaba y podía contar con ella para lo que quisiera. Decidí ir al psicólogo, darme una última oportunidad, pero no ya para cambiarme, sino para aceptarme como soy. Al día siguiente hablé con mi madre y le dije la verdad. Le conté que era lo que me pasaba. En los dos meses subsiguientes, hablé también con mis 2 mejores amigos, mi amiga, mis familiares y finalmente, con mi novia. Le expliqué que la amaba, pero que nunca podría formar un hogar con ella. Creo que fue con quien más me costó hablar; y hoy, dos años después soy feliz al ver que ella está de novia con alguien que realmente es quien ella merece. Mi relación con Dios seguía mal, pero poco a poco volví a hablar con él y a leer la Biblia. Descubrí que hay versículos que son claros en contra de la homosexualidad, pero también hay muchos otros que hablan en contra de la poligamia. Sin embargo, los mayores "héroes" de la Biblia han sido polígamos (Abraham, David, Jacob, Salomón) y en ningún momento recibieron el rechazo o la recriminación de Dios por ese motivo. Entonces comprendí que si Dios les permitió su poligamia por razones meramente culturales, cuáto más entiende mi homosexualidad, que los psicólogos no logran ponerse de acuerdo aún si es por razones biológicas, de crianza, de entorno o por una suma de todas ellas. Mi acercamiento final a Dios ocurrió cuando me permitió conocer a José, mi actual pareja. Él se encontraba en una situación de "rebeldía" hacia Dios igual por la que yo había atravesado. Su situación era quizá más comprensible aún, porque además de tener que luchar con su homosexualidad (que hasta el día de hoy es desconocida por su familia), debía luchar contra un padre alcohólico y golpeador, una familia con serios problemas y una situación económica rayana en la pobreza. Desde que nos conocimos con José, por chat, nuestro amor fue creciendo más y más. Finalmente, después de varios meses de conocernos sólo por fotos y webcam, decidimos encontrarnos. Después de casi un año de noviazgo (bastante difíciles, por la distancia, ya que vivíamos a más de 500Km el uno del otro) decidimos irnos a vivir juntos. Hoy puedo dar gracias a Dios porque somos las personas más felices del mundo. Cuando pude componer lo suficiente mi relación con Dios, decidí hablarle acerca de él a José. Al principio el se mostró reticente, pero poco a poco le fui mostrando que Dios lo ama, tanto como me ama a mí o a cualquier otro. La primera vez que el decidió acompañarme a la Iglesia (a la cual nominalmente ya no pertenezco, debido a mi condición sexual) fue el día más feliz de mi vida. Y en esto disiento con algunas opiniones: Si bien la religión no salva, es el único medio que nos "obliga" (en el buen sentido) a mantenernos comunicados con Dios. Incluso en esas semanas en que todo parece salir mal, siento una paz enorme al sentarme en el templo con José a escuchar la Palabra de Dios. Hoy en día, Dios es ese amigo que había sido durante tanto tiempo; y del cual yo me había alejado. Si mi homosexualidad tiene que ser causa de mi perdición, como plantean la mayoría de las religiones (incluyendo la mía, por irónico que parezca), así será. Yo creo que no es así; y aunque lo sea, mientras viva quiero tener una buena relación con Dios, que es mi única esperanza en este Mundo. Él será quien juzgue cuando llegue el momento, qué hará con mi alma.
|